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Martes 07.08.2018 - Última actualización - 16:20
16:18

Mabel Busaniche

De la primera hora

Los albores del feminismo popular en América Latina, los primeros encuentros de Mujeres en el país y el trabajo de Acción Educativa en los barrios de Santa Fe, en una charla con una referente en temas de género, en pleno debate por el aborto legal.

“La doble moral existirá hasta que esta generación nueva, en la que tengo mucha confianza, vaya tomando los espacios que le corresponden para el cambio”, dice Busaniche. Foto: Flavio Raina




Mabel Busaniche De la primera hora Los albores del feminismo popular en América Latina, los primeros encuentros de Mujeres en el país y el trabajo de Acción Educativa en los barrios de Santa Fe, en una charla con una referente en temas de género, en pleno debate por el aborto legal. Los albores del feminismo popular en América Latina, los primeros encuentros de Mujeres en el país y el trabajo de Acción Educativa en los barrios de Santa Fe, en una charla con una referente en temas de género, en pleno debate por el aborto legal.

Nancy Balza

nbalza@ellitoral.com


Mabel Busaniche abre la puerta de su casa con el teléfono en la mano y una novedad que le llegó por Whatsapp: en Madrid también habrá pañuelazo este 8 de agosto. En la ciudad española, como en varias otras alrededor del mundo se anunciaron en los últimos días movilizaciones en apoyo a la despenalización del aborto que, desde fines de junio, tiene fecha de tratamiento en el Senado nacional.


La novedad la emociona. Ella también apoya la IVE y lleva su consigna en la voz y en la garganta, con el pañuelo verde que se acomoda antes de que la cámara comience a disparar. “Siempre estuve atrás de las fotos”, dice -resignada ante la inevitable sesión- esta mujer de 73 años que en pleno exilio en Perú supo que el camino de humanista y alfabetizadora que había empezado a transitar desde muy joven, podía confluir en un objetivo que se fue tornando urgente e irreversible: la perspectiva de género. Y que hoy -mucho después- asiste a un debate histórico.


Y si bien sabe que son muchas las que apoyan la despenalización y legalización, entiende que hay voces contrarias y que muchas se expresan por desconocimiento. “Los contras van a existir siempre, como fue con la educación sexual integral, con la ley de salud reproductiva y procreación responsable. Siempre hubo un rechazo y después la gente se va familiarizando y todo el mundo empieza a entender. Pero me parece que no se conoce mucho y lo que van entendiendo no les gusta demasiado. Entonces llegamos a una persona que va creciendo y tiene, por un lado, lo que dice la escuela y por el otro lo que se dice en la casa. Y esa persona llega a los 13 ó 14 años y pasa lo que pasa ahora, con un activismo brutal de adolescentes”.


—Decís que siempre preferiste estar del otro lado de la foto pero siempre estuviste al frente de los derechos de las mujeres. ¿Cómo empezaste a involucrarte?


—Empecé en el exilio que fue en Perú y fue un momento de inicios en estos temas en América Latina. Porque esto tiene que ver con las conferencias mundiales: en el ’75 fue la primera en México y si no hubiera habido dos o tres feministas, de ahí tampoco salía nada. En Perú, estaba trabajando en una organización ecuménica que tenía muchos departamentos, incluido uno de educación popular y donde estaba Pepe (Serra), mi marido (ex cura, integrante del movimiento de sacerdotes tercermundistas) y otros argentinos. Yo estaba en Teología que siempre me gustó y además tuve la oportunidad de estudiar con el creador de la Teología para la Liberación, Gustavo Gutiérrez. Hice unos cuadernillos en formato de cómic con una relectura del antiguo y el nuevo Testamento. El último fue “Jesús y la Mujer” y, en paralelo, se formó en la oficina el Área Mujer. Tenía cierta reticencia con esto, como supongo que tiene la mayoría cuando empieza y no hay un contexto como el actual. Pero a mí me convierte Perú, por eso cuando vuelvo lo hago con este bagaje, porque quería que sucediera algo de lo que había pasado en el continente y de lo que acá no había nada -destaca.

 

Pero fue en Perú donde Busaniche sintió el click de su vida a partir de dos hechos que, asegura, la modificaron. Uno fue el segundo Encuentro Latinoamericano de Mujeres -el primero fue en Colombia- que se realizó en el país donde estaban exiliados junto con “Pepe” y del que ella participó. “El impacto que recibí en ese encuentro... Vinieron mujeres de toda Latinoamérica, exiliadas argentinas en Europa y de otros países y descubrí a las teóricas peruanas que son maravillosas, sobre todo Gina Vargas que es una puntera en todo esto. Ahí me empecé a movilizar”.

 

El segundo hecho ocurrió poco antes de volver al país adonde quería llegar con un proyecto de alfabetización, disciplina en la que se especializó. La práctica fue en un barrio “con cholas por todos lados y con un sistema de manzaneras”, tal como luego instrumentó en Buenos Aires Chiche Duhalde -aclara-. “Ahí, la responsable me llevó a una casillita donde había una cama, una mesa con primeros auxilios y silbatos”.


—¿Silbatos?


—Sí, era una experiencia que estaban llevando adelante para salvar a las mujeres golpeadas. Cada una de las mujeres que iba al comedor tenía su silbato y había “nocheras”, mujeres que se quedaban a la noche, y si algún silbato estaba sonando en determinado lugar tenía que decirle a la responsable de esa manzana que salve a esa compañera y la lleve a la casilla. Ahí se hizo el click de mi vida, y me dije: esto va por acá. Y además me enloqueció que este trabajo venga del feminismo popular y enganche con la educación popular y la alfabetización. Ya en Santa Fe (con Acción Educativa en marcha), nos pusimos a trabajar con una compañera en una cartilla, íbamos a los barrios, y empezábamos a buscar qué había sobre las mujeres. Para eso, nos vinculamos con las vecinales y cuando preguntábamos si podíamos poner algo sobre las mujeres, nos miraban como si fuéramos realmente de otro planeta. A través de dibujos, planteábamos qué hace la mujer en el barrio y sus distintos roles, y después qué se podía hacer. Porque la alfabetización, lleva siempre a una acción práctica.


FEMINISMO POPULAR


“En el primer encuentro de mujeres que se hizo en el país vi en una publicación una fotito con muchos tapados de piel. ¿Qué pensé enseguida?: si no nos metemos con las mujeres que más necesitan, Argentina va a terminar con un feminismo burgués”, cuenta Mabel.


Por eso, al segundo encuentro, en Córdoba, fue con una compañera de Acción Educativa y se encontró con gente de La Matanza y de un feminismo popular. “Tenemos que empezar a trabajar en esta línea”, se dijo, y así llegó a Mendoza. “El impacto de esas mujeres...”, recuerda y entre todas ellas rescata la figura de “la Beba”, de San Agustín. “Ahí, había mujeres que ahora llamamos sororas que nos recibían en todos lados y con buena impronta”. “Llegamos y pusimos un cartel con el que decretamos una problemática, la barrial, y nos llenamos de mujeres de barrio porque las mendocinas ya habían trabajado muy bien en ese tema”. Aquello fue en el año ’88.


—Y en el ’88, ¿por dónde pasaba la principal preocupación de estas mujeres de los barrios? ¿Por la violencia, la falta de trabajo, el aborto legal?


—No, nada que ver. Hablaban de sus vidas, de sus hijos, de su maternaje. Era muy primario todo. Eran talleres a nivel vivencial y volvían tan contentas porque había un espacio que les permitía encontrarse con otras de distintas clases y se las hacía sentir personas. Y después aparecía la necesidad de ellas de trabajar en su barrio. Acá, llegamos a tener tres casitas de la Mujer aunque después no se pudieron mantener, salvo la de barrio Belgrano. Las otras estaban en Santa Rosa de Lima y San Agustín.


“UN PASO MÁS”


El tema de la violencia empieza a aparecer en el 5º o el 6º Encuentro de Mujeres y ya era eje en varios talleres.Y a partir de 2002-2003, con la implementación de la ley de salud reproductiva “se empezó a emprolijar la cuestión: si teníamos esto, había que dar un paso más, porque ya se sabía que quienes se hacían abortos clandestinos morían o quedaban mal”. Los primeros talleres sobre el tema no fueron fáciles, “más allá de que las jóvenes iban internalizando este tema como práctica de derecho que no tenían hasta 2005 cuando se hace la Campaña Nacional por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito, y toma otro cariz, con representantes locales y trabajos puntuales. Acá se trabajó en la campaña, pero en 2007 luego de la inundación, entramos en una meseta”.


Y sigue: “El aborto es la expresión de la última autonomía de los cuerpos de las mujeres”, y de cómo “el gurisaje va descubriendo y conversando con los varones y los varones quieren ser nuevos masculinos porque tampoco están de acuerdo con los mandatos. Se da una conjunción que es como un eje histórico donde agarrás todas las reivindicaciones”.


—¿Cuál es el desafío para las jóvenes que ya tienen el camino abierto a partir de tu trabajo y el de tantas otras?


—Yo diría que el desafío de muchas y de muchos es empezar a trabajar teóricamente. Tienen que saber de dónde se viene, se tienen flashes pero no hubo tiempo de sentarse y esto es práctica y teoría. Segundo punto: si querés la ley, tenés que interactuar con el Estado, y conocer, no solamente petardear. Se conoce y se interactúa mano a mano porque el Estado tiene que ser proveedor de políticas públicas. No podemos no saber, tenemos que encontrar aquéllos con los cuales poder dialogar y exigir a quien haya que hacerlo.




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