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Sábado 18.08.2018 - Última actualización - 19:09
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Peisadillas (Por Carlos Peisojovich)

Lo público, lo privado y los privados de la libertad

Oyarbide y Calcaterra. Foto: Ilustración de Lucas Cejas




Peisadillas (Por Carlos Peisojovich) Lo público, lo privado y los privados de la libertad

Carlos Mario Peisojovich (El Peiso)


Soñé con aparentes sobreprecios que se mofaban de lo público, púbicos e impúdicos, se reían descaradamente de los inhibidos vencidos por los males escondidos y sus bienes malhabidos. Desprolija sucesión de fotogramas oníricos que se repetían, unos tras otros, sin realidad aparente, sueños y dueños que se mueven de un lado a otro, que suben y bajan, que producen espirales y laberintos, sueños que patinan, resbalan y producen escalofríos en la espalda ¡sin espadas por favor! Sueños inalcanzables, sin cables, sin facas, con mucha fiaca, sueños distendidos y desentendidos, sueños livianitos de oídos sordos y señores gordos, sin regímenes dictatoriales ni dietas senatoriales, que engordan sus fojas, bolsas, valijas, bajo tierra o en otras tierras. Sueños míos sin amantes de lo ajeno, sueños propios, sueños de los que soy el dueño sin robar, sin engañar, sin esconder ni adulterar. Sueño recordando sin anestesia la amnesia selectiva reinante, olvidadores voluntarios, lentos como tortugas, rápidos pa’ la tortura, sueños sin ricachones de castillo fácil, con rejas caras y ahora caras tras las rejas, sin ojos en la nuca, consumidores idiotizados e hipnotizados, insensibles casi invisibles, risibles de tapa de revista, mirando sin mirar sólo lo de hoy, aturdiéndose excitados por el éxito y olvidándose de todo, menos de pecar, pecan de olvidadizos o se arrepienten. ¿De qué? ¿Por qué? ¿Por cuánto?


En el amplio teatro de la comedia argentina, los muchachos periodistas todos desunidos opinaremos. En el escenario de la realidad “cantan” altinosantes los integrantes del Chorro Polifónico Nacional y Popular. La realidad supera la ficción y está más cara; máscara tienen otros que trágicamente y en paso de comedia pasaron de ser coimeros arrepentidos a exculpados de todo hecho, pero con sus futuras obras por hacer, sin pena y con cuaderno Gloria. En entrevistas muy vistas y revistas re vistas, sus encuestadores e incisivos periodistas no inquieren (o no quieren) propinar la obligada pregunta y sus entrevistados no responden la obvia respuesta. Es el juego del gato y el ratón, pero entre dos ratones, para no herir la susceptibilidad de los felinos, muy castigados últimamente. Ellos se ríen en el cartel, su sonrisa congelada bondadosa y generosa, en la pantalla hacen uso y abuso del “batimán” -gesto exagerado de los brazos al hablar, recomiendo dejar lejos los vasos en las mesas de café-, estos señores saben cómo derramar a costa de su simpatía todo en el mantel o servilletas, respondiendo con evasivas y yéndose por las ramas...

 

Silencio por el foro, los antes incisivos opinólogos se llaman a silencio libres de culpa y cargo.


La Justicia en la Argentina necesita ir al oftalmólogo con urgencia. Antes fue bizca ahora parecería ver solamente para atrás, será por ese pintoresco juez que, bastón en mano y enjoyado, llegó con su blanca palidez pilosa y lágrimas de cocodrilo (¿ya-caeré?) para cantar a quien quiera oírle... En esta Argentina actual, este ex juez llora y mama.


Mutis por el Foro en los Miedos de comunicación, que con cierto desconcierto ven el concierto incierto de este circo abierto. Payasos, mimos que no son mimosos que muestran lo que no hay, animales que no rugen y sí bichos cuyo sonido define la mordaza del mensaje público e impúdico... Cri... Cri... Cri... Crisis, críptica y sin críticas.


Como en todos mis sueños, todo dicho que camina va a parar al soñador, en este caso, este bicho que no habla es un grillo, o sea un ortóptero, cuyas partes posteriores son muy grandes y adaptadas al salto.


Ortóptero... mezcla de Orto y Tero. Tero, ese ave que pone los huevos en un lugar y grita en otro lado para despistar. Vamos a finalizar esta peisadilla que me salió para atrás. Tengan presente que soñé con recuerdos del futuro.


Una de las acepciones de la palabra sueño es: algo que carece de realidad y fundamento. La fantasía se mezcla con la realidad, con mucho afán y afano. En el país de los ciegos, un tuerto fue rey. Este sueño no tiene “retorno”, coima y puntos con prisión en suspenso.




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