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Jueves 23.08.2018 - Última actualización - 10:46
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Cuarteto de Nos

Tan jóvenes y tan viejos

El grupo uruguayo presentó el domingo ante un marco importante de público, una lista de éxitos post-2000 con algunas excepciones noventosas.

Roberto Musso al frente del Cuarteto, ante un público de todas las edades, tan variado como los vaivenes musicales de la banda. Foto: Efedos




Cuarteto de Nos Tan jóvenes y tan viejos El grupo uruguayo presentó el domingo ante un marco importante de público, una lista de éxitos post-2000 con algunas excepciones noventosas. El grupo uruguayo presentó el domingo ante un marco importante de público, una lista de éxitos post-2000 con algunas excepciones noventosas.

 

Leonardo Pez

lpez@ellitoral.com

 

El domingo previo al feriado, Cuarteto de Nos aprovechó para revisitar la ciudad después de un año. Sin novedades discográficas en el horizonte, el conjunto charrúa se valió de la ocasión para incursionar por un puñado de canciones de los 90. A las 21.10, las luces, de un azul cada vez más intenso, ilusionaron a un público distribuido alrededor de ATE Casa España y tan variado como los vaivenes musicales de la banda: adolescentes, adultos y más de uno peinando canas. “Hoy estoy raro” cantó Roberto Musso, poniendo al frente la primera persona conflictuada, individualista y rebelde, gran personaje de las canciones del Cuarteto. Se empezaron a escuchar las voces y a agitar las manos, que luego fueron replicadas en la pantalla como trasfondo de una de las nuevas, la electro reggaetonera “Apocalipsis Zombie” (que da nombre al décimoquinto disco). Tan participativa como en el final del video dirigido por Fabio Berrutti, la gente actualizó el “simulacro virtual” registrando en los celulares el primer despliegue escenográfico de Roberto en la noche, al ritmo del “DJ de la banda”, Santi Marrero.

 

“Raro”, el disco que catapultó a la banda fuera de Uruguay en 2006, volvió a escena con “Ya no sé qué hacer conmigo”. La extensa letra, apoyada en todo tipo de rimas y el desglose de un amplio acervo cultural, fue continuada por uno de los himnos de la porfía, “Lo malo de ser bueno”, mientras en la pantalla se veían letras cayendo y se leían palabras como feo, barbaridad, sí y no. Después, siguió otra de las nuevas producciones, “Invisible” (así, entre mostrarse y desaparecer parece estar el dilema de la época para los uruguayos). En ese momento, el bajista Santiago Tavella asumió el protagonismo para cantar y bailar “Enamorado tuyo”, una suerte de cumbia electrónica. Musso volvió a la voz para interpretar “Cuando sea grande”, con centenares de aliados en el estribillo catártico (“no quiero ser como vos”), y la reflexiva “Hola Karma”. La furia en forma de gritos volvió para “Vida ingrata”, con guiños edulcorados a la velocidad de rimas de “Raro” y una frase que se encargó de refutar el devenir del repertorio: “Y me ataca la amnesia, si algo bueno hay que rememorar”.

 

Rescates

 

“La canción que viene ahora tiene muchísimos años. Muchos de ustedes no habían nacido”. Así presentó Roberto -luego de aclarar que Marrero tenía 3 años por entonces- la primera sorpresa de la noche: “Al cielo no”. Originalmente grabada en “Canciones del corazón” (1990), pero más cercana a su versión incluida en el álbum homónimo de 2004, la canción logró desajustar la sintonía entre los asistentes destacando a los entrados en treinta (o más) que sumaban sus voces a la del conjunto. El viaje -simbólico- siguió con una nueva participación central de Tavella, a cargo del canto, en otra obra de su autoría: “El karaoke de mi noviecita”. “Es del año 99 ó 2000. Es el huevo de la serpiente de Otro Tavella”, así conectó el bajista y artista visual sus proyectos principal y paralelo, y dejó picando: “Ojalá vengamos acá”.

 

El llanto de un bebé actuó como trailer de “No llora”, el regalo que Roberto, padre primerizo a los 48 años, le compuso a su hija Federica. Si era varón, el nombre elegido por la madre era Roberto. Musso es el cuarto Roberto (bisabuelo, abuelo y padre) en su familia. Por eso, la obsesión. Por eso, los susurros y sonidos guturales. Por eso, la canción, “Roberto”, en la que busca romper con los pactos previos, y se va -ya en el escenario- a tocar la batería junto con Alvin Pintos y termina postrado, loco. Ya de pie, el cantante volvió a conectar con el público para dar contexto al siguiente episodio: “Fue compuesta en 2000. En Uruguay había una crisis económica, como acá. Los años pasan, las crisis quedan”. La introducción fue para el segundo rescate de la noche, también del álbum “Cuarteto de Nos”, “Hay que comer” (2004), haciendo presente a la ironía y cierta dosis de incorrección política que caracterizó al grupo desde su primeras grabaciones a mediados de los 80 y que llegó a su punto más álgido con el lanzamiento de “El día que Artigas se emborrachó”. En un juego casi perfecto de contradicciones, el siguiente paso fue la oda al ocio, “Pobre papá”, que dispara: “Si el trabajo es salud que trabajen los enfermos” (con Tavella haciendo el popular baile de Instagram como broche de oro). Al fondo, comandando la batería, estaba Pintos. “Antes la gente me aplaudía a mí”, lanzó. El público respondió coreando “Alvin, Alvin”. Musso remató: “Hacía un solo de 45 minutos”. Luego de la intro percusiva, se sumaron el resto de los instrumentos (voz incluida) para el tercer y último viaje en el tiempo, “Bo Cartero”, la versión intervenida del clásico “Please Mr. Postman”, interpretado entre otros por The Beatles.

 

Contagia ese poder

 

“Porfiado”, el cierre de la trilogía que abren “Raro” y “Bipolar”, fue uno de los álbumes más presentes en el show del domingo. La obstinación del caso perdido que narra “Algo mejor que hacer” viró, sin perder la primera persona, a la oda al narcisismo (“Me amo”), momento en el que el cantante se arrodilló para rasgar la guitarra junto al primer guitarrista, “Topo” Antuña. A escasos meses del final de Rusia 2018, Cuarteto de Nos sacó a relucir “Gaucho power”, canción que surgió como respuesta al baile con el que los jugadores del Seleccionado alemán burlaron al conjunto argentino, luego de la derrota en Brasil 2014. El poder y la rebeldía llegaron a su pico más alto cuando se sintieron las primeras pistas de “El hijo de Hernández”, una de las piezas musicales en donde confluyen el oficio musical y el método científico adquirido por el vocalista durante su formación como ingeniero en sistemas.

 

Aunque sin “la presión” de presentar el último álbum, la banda uruguaya hizo un lógico énfasis en “Apocalipsis zombie”, que incluyó también a “El rey y el as”, una de las letras que se anima a hablar de celebrar y que asume: “La suerte es un desenlace, pero no una explicación”. La última canción previa a los bises fue uno de los clásicos de “Raro”, “Invierno del 92”, poniendo de pie y haciendo agitar a todo el auditorio. “Nombres” fue la elegida para volver a escena, con ese sonido indie electrónico que le fue filtrando su tecladista Santi Marrero al ADN del Cuarteto de Nos, caracterizado por la búsqueda permanente de la música que mejor encaje con las letras de cada momento. Apenas pasadas las 23, a casi dos horas del inicio, irrumpió el hit: “Yendo un weekend a lo de Damián”. Como una tregua para los desmemoriados, la pantalla tiraba las palabras clave (la mayoría, anglicismos), ésas que riman al final del verso, cosa de que nadie se quede afuera de la fiesta.


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