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Sábado 01.09.2018
11:57

La Universidad interpelada

A 100 años de la Reforma y 60 de "Tire Die"

El 27 de septiembre de 1958, las puertas del Paraninfo de la Universidad Nacional del Litoral se abrían a cientos de vecinos de los barrios del oeste profundo y humilde de la ciudad de Santa Fe para ver la película que, de una u otra forma, los tenía como protagonista.

 

El rector Josué Gollán lee su discurso ante un Paraninfo de la UNL repleto. A su lado, un joven Fernando Birri escucha con atención. Foto: Archivo El Litoral




La Universidad interpelada A 100 años de la Reforma y 60 de "Tire Die" El 27 de septiembre de 1958, las puertas del Paraninfo de la Universidad Nacional del Litoral se abrían a cientos de vecinos de los barrios del oeste profundo y humilde de la ciudad de Santa Fe para ver la película que, de una u otra forma, los tenía como protagonista.   El 27 de septiembre de 1958, las puertas del Paraninfo de la Universidad Nacional del Litoral se abrían a cientos de vecinos de los barrios del oeste profundo y humilde de la ciudad de Santa Fe para ver la película que, de una u otra forma, los tenía como protagonista.  

 

No se trataba de una simple avant-première. Se expresaba en ese día y lugar la síntesis perfecta de un modelo de universidad y educación pública que incluía, ya no “gente”, sino pueblo.

 

Fernando Birri relató aquella histórica jornada de hace 60 años atrás: “Estaban los vecinos del barrio de ‘Tire Die’ y de otros barrios, también el rector, maestros provinciales y el director de Cultura del Ministerio de Relaciones Exterior, Ernesto Sábato uno de los primeros docentes del Instituto, autoridades militares, artistas, el vicegobernador, Dr. Roberto González, canillitas, profesores, delegaciones de Buenos Aires y La Plata, críticos de Cine, el hombre de la calle con sus familiares, cineclubistas... El pueblo ocupó la Universidad. Hubo que repetir la función a las 23, con lleno completo del Paraninfo, quedando gente afuera esperando la tercera proyección. Pero el fenómeno culturalmente revolucionario no estaba sólo en la cantidad de gente sino en los distintos sectores de la ciudad de los cuales esa gente provenía y cuyas expectativas, opiniones e intereses representaba. Muchos, la mayoría, de estos espectadores era la primera vez que entraban a la Universidad. Desde luego, aquello no era casual, sino coherente con todo el proceso a través del cual, durante dos años, se había elaborado el film. Con esto quiero decir que, apoyándose, como punto de partida en la realidad que nos rodea, el film se cumple después de un complejo proceso de elaboración- sólo al proyectarse nuevamente sobre la realidad de los espectadores reunidos frente a la pantalla para mejorarlos respecto de lo que eran antes de ingresar a ver la película”.

 

Andrés Esquivel, 40 años después recordó con minuciosa claridad un momento que no olvidaría jamás: “Ese día, para llegar a la Universidad nos llevaron en un colectivo, a la película la dieron a las seis y treinta y los llevaron primero a los padres y después a los chicos y ahí la vimos en pantalla gigante, era para todo público, pero nosotros adelante y la gente atrás”; cuenta, con indisimulable orgullo, uno de aquellos pequeños protagonistas de “Tire Die” en el film “Los pibes de la película”.

 

La re-evolución universitaria

 

Se comenzaba a gestar el tercer paso en el camino de la Universidad como forjador de la igualdad de oportunidades para los ciudadanos. El primero había sido la Reforma Universitaria de 1918 con epicentro en Córdoba expresado, en sus ideas, por el Manifiesto Liminar reformista: “La juventud ya no pide. Exige que se le reconozca el derecho a exteriorizar ese pensamiento propio en los cuerpos universitarios por medio de sus representantes”.

 

La comunidad educativa conquistaba, para sí, la autonomía universitaria, el cogobierno y la creación de la extensión universitaria como concepto ideológico de empatía con la sociedad y compromiso con su evolución.

 

El segundo paso lo daría el decreto 29.337, del 22 de noviembre de 1949. El, por entonces, presidente de la Nación, Juan Domingo Perón, firmó y promulgó la ley por la cual se establecía la gratuidad de la Enseñanza Universitaria. El tercer paso importante que nunca terminó de concretarse.

 

Con las herramientas de una nueva composición social de la casa de altos estudios y detrás del sueño colectivo de “mi hijo el dotor”, un grupo de voluntades de pensamientos progresistas, pretendieron imprimir, a la Universidad, un rol protagónico en la generación de los cambios sociales que emergían desde la rebeldía juvenil de entonces.

 

En ese contexto, se enmarca la creación del Instituto de Cine Documental de la UNL, el espacio que encontró Fernando Birri para desarrollar su proyecto de un nuevo cine latinoamericano que tome la impronta del neorrealismo italiano que unía el arte y la estética a la denuncia de las inequidades sociales.

 

Era el momento correcto y el lugar preciso para que se desarrolle un proyecto como el de Birri. El primer gobierno de Perón había logrado una movilidad social ascendente de gran impacto, pero no lo suficiente como para erradicar la indigencia y las asimetrías económicas. 

 

La permisividad, para que esa realidad sea mostrada, tenía que ver con la voluntad política de la llamada Revolución Libertadora, de contrarrestar la imagen relacionada a que el peronismo había terminado con la pobreza. “Tire Die”, con la mendicidad que expresaban los niños corriendo al costado del tren, era la imagen de ese post-peronismo que, por un corto lapso, podía ser mostrada como “herencia” social.

 

La película se estrena con Frondizi ya en el gobierno, pero los trabajos de encuesta social habían comenzado a fines del 55.

 

Sesenta años no es nada

 

Pasaron 60 años de que decenas de jóvenes estudiantes, primero lápiz y papel en mano, fueran a registrar la situación que vivían aquellos niños del “Tire Die”.

 

Veinte años después, otros jóvenes, esta vez dirigidos por el cineasta Pablo Ramazza, registraron la continuidad histórica de una situación de pobreza que había quedado grabada en el celuloide. Ya en color, con cinta magnética y en “video”, nos enfrentamos a la vergüenza social de que aquellos pibes tenían su vida predeterminada para el futuro. Ninguno de esos niños había podido salir de la pobreza y se encontraban en el mismo barrio. Se sumaba un agravante, la violencia y la marginalidad en aquel fin de ciclo del menemismo (1998).

 

La mayoría de esos pibes partió. Ellos son la parte de ese índice de esperanza de vida que se encuentra muy por debajo de la media. Encontramos a sus hijos, a sus nietos. Con mejor o peor suerte la reman y se van conformes con el empate. Con sobrevivir. A la pobreza registrada en 1958, más la violencia documentada como nuevo factor social, en 1998, ahora se le agrega una palabra que lo resume casi todo: marginalidad, como la peor adicción, otra más.

 

Ya no el sistema que margina, sino la suerte echada que es aceptada y se adapta a la fatalidad de vivir en una sociedad paralela no oficial ni registrada desde la carencia. Carencia económica, social y, sobre todo, cultural, en la que los pibes se autodeterminan incapaces de zafar. En las facultades y coloquios le dicen “pobreza estructural”.

 

“Tire Die”, “Los pibes de la película” e “Hijos y nietos” son la huella antropológica con la que nuestra ciudad cuenta a partir de un crudo privilegio que es tener registrado, en imágenes audiovisuales, la huella antropológica de la pobreza.

 

A 60 años, del estreno de “Tire Die”. A 100 años de la Reforma Universitaria, la historia contemporánea nos arroja una verdad que nos golpea la cara: la evolución social de tan despareja no puede ser vista como progreso.

 

Los mocosos de ayer y de hoy, con sus caritas inocentes de toda responsabilidad, son parte del error de los gobiernos que se suceden. El detalle que faltó, la materia que no se aprobó.

 

Discurso del rector (fragmento)

 

"La contribución de la Universidad en su aspecto más visible, más inmediato, consiste en la formación de profesionales y técnicos, pero en su aspecto más amplio, más profundo, su contribución es la de un centro productor de cultura. Cultura quiere decir en este caso, hoy y aquí, sensibilidad para los grandes temas y problemas nacionales pero también vitalidad para resolver estos temas y problemas según las líneas del progreso universal. 
Una Universidad así podría ser señalada como polémica, nunca cómo apática, menos como muerta. Y esta vida, abriendo los claustros de la casa de estudios, irá a unirse a la vida de la colectividad para modificarla activamente y positivamente y ser modificada según las necesidades de aquélla, sin solución de continuidad.
En nuestra primera producción, “Tire Die”, que veremos esta noche han sido problemas sociales los elegidos por el grupo realizador del film, dada la necesidad incuestionable de su urgente consideración. En las futuras reducciones del Instituto, en las cuales es un anticipo la exposición de Fotodocumentales que se inaugura juntamente con esa proyección, se trasladarán problemas muy diversos. Dentro de una Universidad, reformadora el cine así entendido puede ser el vehículo más eficaz para concentrar y utilizar públicamente gran parte del resultado del trabajo de sus distintos organismos".

 

(Josué Gollán, rector de la UNL, con motivo del estreno).

 


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