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Martes 16.10.2018
19:38

Tribuna de opinión (por P. José Luis Ayala)

Educación sexual integral: necesidad, miradas, desafíos



Tribuna de opinión (por P. José Luis Ayala) Educación sexual integral: necesidad, miradas, desafíos

P. José Luis Ayala

 

La opinión general es que los problemas parten, están y son de la educación. Se mira como única estructura educativa a la “escuela” y se la critica por estar escindida de la sociedad; generando una tormenta en la que siempre quedan en el medio los docentes, los directivos y los chicos (espectadores vulnerables y a veces receptores de manipulaciones).

 

Pero, ¿cuál es su misión? La escuela está para educar, acompañando y no reemplazando a los padres, por eso busca humanizar y personalizar a los alumnos orientándolos a que descubran su ser más íntimo y su misión, para desarrollar plenamente su pensamiento y su libertad, relacionándose con el mundo, transformándose en actores responsables de la sociedad.

 

Muchos aspectos confluyen para poder lograr esto: uno de ellos es la Educación Sexual.

 

Es necesario remarcar que ningún contenido puede darse en abstracto: como personas somos una unidad. Es imperativo que la sexualidad sea vista en el marco de lo que es la persona: es ineludible abarcar aspectos de salud, profilaxis, sociales y también familiares y éticos-morales.

 

Como todo elemento pedagógico, la ESI supone un proceso en el que las asimetrías en una misma aula (la maduración no es en todos los alumnos simultánea) imponen una secuencia de contenidos, tiempos, miradas. Es necesario en este espacio, altamente sensible, se respete a todos y no se margine a nadie.

 

Ahora bien, ¿la ESI es un espacio para transmitir información; para que los alumnos se saquen sus dudas; para hacer desarrollos teóricos-academicistas; para presentar teorías; para solucionar problemas (sanitarios, identitarios, éticos, morales, familiares, etc.); es un espacio de diálogo orientado a proveer una mirada integral e integradora? La gran cuestión es desde dónde planteamos la ESI: desde la mirada adulta de los docentes o desde los intereses de los alumnos orientándolos a la libertad, la responsabilidad, el respeto propio y de los otros.

 

Educación Sexual Integral: necesidad

 

Si la educación supone acompañar integralmente a los alumnos en su desarrollo, la ESI es un aspecto necesario.

 

“La educación sexual brinda información, pero sin olvidar que los niños y los jóvenes no han alcanzado una madurez plena. La información debe llegar en el momento apropiado y de una manera adecuada a la etapa que viven. No sirve saturarlos de datos sin el desarrollo de un sentido crítico ante una invasión de propuestas, ante la pornografía descontrolada y la sobrecarga de estímulos que pueden mutilar la sexualidad. Los jóvenes deben poder advertir que están bombardeados por mensajes que no buscan su bien y su maduración. Hace falta ayudarles a reconocer y a buscar las influencias positivas, al mismo tiempo que toman distancia de todo lo que desfigura su capacidad de amar. Igualmente, debemos aceptar que la ‘necesidad de un lenguaje nuevo y más adecuado se presenta especialmente en el tiempo de presentar a los niños y adolescentes el tema de la sexualidad’” (1).

 

La afectividad, en la que se enmarca la sexualidad de toda persona, es indispensable para procurar la necesaria maduración, que es un proceso abarcativo de toda la vida.

 

Los adolescentes necesitan ser escuchados, aconsejados y acompañados desde sus propios intereses, por lo cual es muy necesario restablecer la relación con las familias. Éstas, muchas veces desorientadas, buscan apoyo y sostén para no quedar desamparadas ante los planteos y bombardeos mediáticos que, a veces, extravían y confunden.

 

“La sexualidad orientada, elevada e integrada por el amor adquiere verdadera calidad humana. En el cuadro del desarrollo biológico y psíquico, crece armónicamente y sólo se realiza en sentido pleno con la conquista de la madurez afectiva que se manifiesta en el amor desinteresado y en la total donación de sí” (2).

 

Se hace preciso orientar a los estudiantes a no separar los tres elementos que integran este proceso: corporeidad, corazón (afectividad) y razón.

 

La convivencia entre mujeres y varones, ayuda a una mutua comprensión de los propios procesos biológicos, el respeto de los tiempos de cada uno, los intereses y las tradiciones familiares que traemos y el conocimiento de las diferencias que deben ser vistas no como oposiciones sino como complementariedad.

 

Hablar de los aspectos biológicos tanto femeninos como masculinos, afectividad, relaciones sexuales, anticoncepción, aborto, enfermedades de transmisión sexual, LGTBI, paternidad responsable, planificación familiar, pudor, castidad, virginidad, etc., permite a los alumnos tener una mirada amplia y no sesgada; reconociendo la necesidad de un discernimiento que no supone una valoración sobre la persona.

 

Educación Sexual Integral: miradas

 

¿Podemos plantear una ESI con miradas ideologizadas, con intereses que no sean los de aportar a los estudiantes los elementos que les permitan hacer un sincero discernimiento con todos los elementos sobre el tema?

 

La respuesta parece de sentido común: “La educación sexual debe conducir a los jóvenes a tomar conciencia de las diversas expresiones y de los dinamismos de la sexualidad, así como de los valores humanos que deben ser respetados. El verdadero amor es capacidad de abrirse al prójimo en ayuda generosa, es dedicación al otro para su bien; sabe respetar su personalidad y libertad; no es egoísta, no se busca a sí mismo en el prójimo, es oblativo, no posesivo. El instinto sexual, en cambio, abandonado a sí mismo, se reduce a genitalidad y tiende a adueñarse del otro, buscando inmediatamente una satisfacción personal” (3).

 

Respetar a todos sin excluir a nadie es la mirada que nos debe ocupar: programas, perspectivas o teorías nacidas al amparo de escritorios ideologizados, no ayudan a centrar la mirada en la persona.

 

Se debe orientar hacia el respeto de todos; pero los demás también deben respetar una perspectiva que integra la sexualidad en el todo que es la persona y no escindida de ella. Sólo en este respeto mutuo se puede construir una sociedad inclusiva y no excluyente.

 

“La educación sexual debería incluir también el respeto y la valoración de la diferencia, que muestra a cada uno la posibilidad de superar el encierro en los propios límites para abrirse a la aceptación del otro (...). Hay que ayudar a aceptar el propio cuerpo tal como ha sido creado, porque ‘una lógica de dominio sobre el propio cuerpo se transforma en una lógica a veces sutil de dominio sobre la creación (...) También la valoración del propio cuerpo en su femineidad o masculinidad es necesaria para reconocerse a sí mismo en el encuentro con el diferente. De este modo es posible aceptar gozosamente el don específico del otro o de la otra, obra del Dios creador, y enriquecerse recíprocamente’” (4).

 

Educación Sexual Integral: desafíos

 

“El Concilio Vaticano II planteaba la necesidad de ‘una positiva y prudente educación sexual’ que llegue a los niños y adolescentes ‘conforme avanza su edad’ y ‘teniendo en cuenta el progreso de la psicología, la pedagogía y la didáctica’. Deberíamos preguntarnos si nuestras instituciones educativas han asumido este desafío. Es difícil pensar la educación sexual en una época en que la sexualidad tiende a banalizarse y a empobrecerse. Sólo podría entenderse en el marco de una educación para el amor, para la donación mutua. De esa manera, el lenguaje de la sexualidad no se ve tristemente empobrecido, sino iluminado. El impulso sexual puede ser cultivado en un camino de autoconocimiento y en el desarrollo de una capacidad de autodominio, que pueden ayudar a sacar a la luz capacidades preciosas de gozo y de encuentro amoroso” (5).

 

Entonces el desafío es claro: educar en la afectividad, es mirar a la persona total, sin escisiones, reconociendo que actúa como un todo que la hace ser lo que es, un ser relacional.

 

“Es propio de todo ser viviente tender hacia otra cosa, y esta tendencia tiene siempre señales afectivas básicas: el placer o el dolor, la alegría o la pena, la ternura o el temor. (...) El ser humano es un viviente de esta Tierra, y todo lo que hace y busca está cargado de pasiones” (6).

 

No se puede soslayar el tema: es bueno y muy necesario encontrar estos espacios (que hoy se desarrollan por fuera de los espacios curriculares) para acompañar e informar a nuestros alumnos. La tarea se presenta compleja: los padres deben estar dispuestos a aceptar este desafío que los compromete como responsables de la educación de sus hijos; los docentes debemos formarnos (no sólo informarnos) para un acompañamiento efectivo; la escuela generar los espacios necesarios; el Estado favorecer la incorporación de todas las miradas; los especialistas facilitar elementos científicos, pedagógicos y éticos; y los estudiantes animarse a sopesar miradas, valoraciones y consideraciones para realizar una síntesis que fundamente su actuar.

 

Para concluir, “La sexualidad humana, como don y tarea, requiere una educación para el amor lejos de falacias facilistas, promotoras de una cultura de lo superficial y efímero, que propician, sobre todo en los jóvenes, conductas de riesgo que muchas veces pagan con la vida propia o con daños irreparables sobre sí mismos y sobre quienes están junto a ellos” (7).

 

(*) Delegado Episcopal para la Educación - Arzobispado de Santa Fe.

 

Referencias:

 

1- Francisco. Exhortación Apostólica Postsinodal Amoris Laetitia, Nº 281

 

2- Sagrada Congregación para la Educación Católica. “Orientaciones educativas sobre el amor humano”. Pautas de educación sexual. Nº 6

 

3- Ibidem, Nº 94

 

4- Amoris Laetitia, Nº 285

 

5- Ibidem, Nº280

 

6- Idem, Nº143

 

7- Conferencia Episcopal Argentina. “La buena noticia de la vida humana y el valor de la sexualidad”, Nº7




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