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Martes 27.11.2018 - Última actualización - 28.11.2018 - 8:53
15:13

“Ya es miércoles” en La Treinta Sesentayocho

Un canto a la vida

Gabriela Feroglio y Sofía Kreig, integrantes del expresivo elenco junto a María Soledad Almirón. Foto: Gentileza producción




“Ya es miércoles” en La Treinta Sesentayocho Un canto a la vida A la belleza de su obra, la dirección de Julieta Vigo ­con la colaboración de Nidia Casís en la asistencia de dirección­ suma intensidad utilizando todos los recursos a su alcance. Poesía, música y un notable accionar físico van construyendo un excelente trabajo, hurgando en las profundidades de un texto inteligente, muy teatral.


Roberto Schneider


“Morir lleva como nueve meses, como una gestación. Primero sentís adentro un ruido a rama quebrada, un crack. Lo escuchás vos, si tenés a alguien muy pegado cerca no lo siente. Segundo, no te ves la punta de la nariz. Tercero, despedís un olor a cala”; “Todo lo que tenés en la vida y en la mente se te cae y se golpea. Cualquier día de la semana”, sostienen personajes de “Ya es miércoles”, la obra de Julieta Vigo estrenada en La Treinta Sesentayocho. Expresión del teatro de la autora ­ recordamos la estupenda “Malversión de amor. Será tu sonrisa”­, que hace profesión de duda y eleva a principios la inseguridad, los filos y las aristas con las que el ser humano puede golpearse y abrir pretéritas pústulas de las que brota lo reprimido. Como sucede cuando se emprende un viaje al borde de la desesperación, sus criaturas se internan en la introspección, aunque tal vez en el fondo no busquen algo similar a la recuperación de una identidad fracturada que otorgue calma a su atribulado mundo interior. El intento conlleva, también, la búsqueda del amor. El amor entre las tres hermanas protagonistas y sus sentimientos acerca del padre por morir son también, entre otros, los temas estructurantes de la pieza.

 

El texto de Vigo acusa la vacuidad y fragmentación de un lenguaje que la sociedad tilda de referencial pero que no es más que un vehículo para la hipocresía. La dramaturga posee un estilo muy peculiar, rápido, rico en imágenes, con un lirismo que no elude la fijación del pormenor descriptivo o la aceptación de expresiones cotidianas. Y el humor (a veces negro), también, se hace presente e irrumpe con fuerza necesaria. El dibujo de esas tres mujeres que se entienden, se quieren y se comprenden (vaya verbos) es contundente. La poetización de esos seres se opera a través de una progresiva transformación del clima emocional.

 

Sibila, Paula y Filomena realizan un itinerario que es la representación metafórica de la vida con, tal vez, final abierto. Hablan del pasado pero mucho más les interesa el futuro. Intentan ayudarse entre ellas para que la realidad no duela y poder avanzar. Hablan del amor, también polemizan, pelean, se burlan, bailan juntas y hasta comparten el llanto por algunas ilusiones muertas. En el fondo, saben que siempre puede haber un después mejor. Santo Tomé y Paraná son, por muchas razones, míticas. “Ya es miércoles” es así también, aunque la muerte esté latiendo, un canto a la vida, sin tapujos, con deliberada sensualidad y a partir del aprovechamiento de todos los vínculos posibles. La autora sabe muy bien cómo enganchar al público. Reiteramos que hay humor, y cuando la vitalidad del mismo da un respiro surge inequívocamente la esencia de la intención. Podemos sostener entonces que el texto viguense refleja una filosofía, la metamorfosis de los seres humanos, las angustias y posibilidades frente al destino.

 

A la belleza de su obra, la dirección de Julieta Vigo ­con la colaboración de Nidia Casís en la asistencia de dirección­ suma intensidad utilizando todos los recursos a su alcance. Poesía, música y un notable accionar físico van construyendo un excelente trabajo, hurgando en las profundidades de un texto inteligente, muy teatral. La directora se apropia de los contrastes soslayando cualquier patetismo y estimulando una reflexión sobre los sentimientos del ser humano, cada uno de sus contactos con la alegría, el dolor, el amor, la muerte o la esperanza. Ofrecen un muy buen marco la escenografía de Emanuel Zuberbhuler y Matías Arce; diseño de vestuario y atrezzo de Lucas Ruscitti, las luces de Oscar Heit y la composición musical de Esteban Coutaz, precisa y bella. No hay espectacularidades ni efectos, todo en una perfecta simbiosis para que el público muy cerca de la escena, casi adentro, pueda mirar sin ser observado.

 

Párrafo aparte para la interpretación. Sofía Kreig, María Soledad “Chola” Almirón y Gabriela Feroglio están magníficas. Las tres dan muestras de sus posibilidades para registrar matices expresivos. Revelan en cada gesto, en cada movimiento, el dibujo de sus valientes criaturas, necesitadas a conciencia, estimuladas por su inteligencia. Las tres cumplen roles plenos de sutilezas. Deslumbran y crean a su alrededor un singular poder magnético y seductor. La totalidad refleja una obra sobre la huella de la historia propia y de la ajena; sobre el deseo de ser amado; la espera y la búsqueda de lo desconocido. En esencia, sobre la pena de que nada sea como podría ser.


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