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El Litoral
Domingo 02.12.2018
22:43

SANTIAGO PERIOTTI

No detenga su motor

En la curva final del año, el guitarrista y cantante santafesino (por adopción) vive un tiempo pletórico de emociones: grabó dos discos, recorrió el mundo con su música (la Patagonia, Brasil, Nueva Zelanda e Italia) y su nombre empieza a crecer en el ambiente del blues. “Lo más interesante de hacer viajes es experimentar cómo reaccionan otras culturas”, comentó a El Litoral.

 

“Después de estar metiéndole cuatro años a full, ahora veo que está creciendo el arbolito. En Latinoamérica, mi nombre está en el ambiente del blues”. Foto: Flavio Raina




SANTIAGO PERIOTTI No detenga su motor En la curva final del año, el guitarrista y cantante santafesino (por adopción) vive un tiempo pletórico de emociones: grabó dos discos, recorrió el mundo con su música (la Patagonia, Brasil, Nueva Zelanda e Italia) y su nombre empieza a crecer en el ambiente del blues. “Lo más interesante de hacer viajes es experimentar cómo reaccionan otras culturas”, comentó a El Litoral.   En la curva final del año, el guitarrista y cantante santafesino (por adopción) vive un tiempo pletórico de emociones: grabó dos discos, recorrió el mundo con su música (la Patagonia, Brasil, Nueva Zelanda e Italia) y su nombre empieza a crecer en el ambiente del blues. “Lo más interesante de hacer viajes es experimentar cómo reaccionan otras culturas”, comentó a El Litoral.  

Leonardo Pez                                                                      lpez@ellitoral.com

 

El año de Santiago Periotti fue tan extenso e intenso como los miles de kilómetros que recorrió a lo largo de tres continentes. El itinerario fue el siguiente: Bariloche (enero), San Pablo (marzo-mayo), Auckland (mayo-septiembre) e Italia (octubre en adelante). En Nueva Zelanda, fue músico residente de la empresa de cruceros P&O Australia, y logró ser ascendido a la categoría de Coordinador Musical. Como si esto fuera poco, el 4 de octubre recibió la noticia de que “I couldn’t escape” formó parte del Top 10 de Radio Indie Alliance (Memphis, Estados Unidos). Unos días antes de aterrizar en Europa, el músico de blues conversó con El Litoral sobre su actualidad, atravesada por grabaciones y experiencias internacionales.

 

En movimiento

 

—Ya conocías una parte del continente por tu anterior estadía en Australia, ¿cómo fue la experiencia de conocer Nueva Zelanda y otros países a través de un crucero?

 

—El primer contacto fue difícil, pero me acostumbré rápido. No es que se mueva tanto, pero hay momentos en que se mueve mucho. A veces, toqué al aire libre para gente que estaba en la pileta del crucero: viento, sol... ¡tremendo! Hay familias, chicos corriendo, algunos que se quieren subir. Me acuerdo de que una de esas veces me pidieron canciones infantiles, como la de Shrek o “You’ve got a friend in me”. No las hice, al final terminé tocando lo que me gusta (risas).
El crucero tenía como puerto principal a Auckland y sus destinos eran países como Reino de Tonga, Nueva Caledonia, Fiji, Papúa Nueva Guinea, Vanuatu y Samoa. Podía bajarme en casi todos los puertos; a veces, por política de seguridad de la empresa, se tiene que quedar una parte de la tripulación. Al principio, bajaba mucho porque quería conocer todo, pero después de un tiempo, empecé a naturalizar paraísos. Hay un lugar, Dravuni Island (en Fiji), que parece sacado de una película: agua, corales, los pececitos que te nadan alrededor.
En la segunda mitad de mi contrato, me ascendieron a Coordinador Musical del barco. Éramos 16 músicos y estaban todos a cargo mío. Era una responsabilidad, pero muy linda. De ellos, había seis guest entertainers (músicos invitados): un pianista, un trío y un dúo. Cada semana venía un músico distinto. Hice lazos fuertes con músicos que me invitaron a hacer giras en sus ciudades. Además, yo armaba especiales, como la Beatles Night o una noche en la que se tocaba todo Motown o una rock o una blues night. El trabajo del barco es algo que muchos músicos quieren hacer. El casting es exigente y no es sencillo de entrar. Una vez que entraste, hiciste un contrato y lo hiciste bien, ellos te tienen en cuenta porque los músicos somos un poco volátiles (risas).

 

—¿Qué repertorio tocaste allá?

 

—Toco de todo. Mi repertorio es música que me gusta a mí. La mayoría, música de los ’50, los ’60 (soul) y los ’70 (classic rock), algo de los ’80 y de los ’90. Dada la demografía dentro del barco, en este tipo de línea de cruceros, el promedio va de 35 a 80 años. A la gente le gusta mucho Beatles, Creedence, Rolling Stones, Eric Clapton, Peter Frampton, Doobie Brothers, Lynyrd Skynyrd, entre otras. Además, hay bandas que te sorprende que te las pidan. Por ejemplo, Doobbie Brothers es súper conocido. Allá calza el estilo, cómo me veo, el escenario, la música que toco.
Me acuerdo de que me pedían música de Nueva Zelanda. Las anotaba, trataba de conseguirlas y las tocaba. Hay una canción de la banda Dragon, que se llama “April Sun in Cuba”, que era como su propio “Jijiji”. Si veía que el show estaba pinchado, lo tocaba y la gente ¡boom! Además, aproveché para tocar las canciones de mi disco, que edité allá. No podía tocar mucho: una canción por set. Estuvo bueno porque puse a prueba al disco. La gente me decía que le gustaba una canción, o después de comprar el disco, me escribían un e-mail. Ahora estoy grabando en otro idioma, es un desafío y tener esa respuesta me sirve mucho.

 

Música por todos lados

 

—¿Cuánto sirvió la experiencia de San Pablo para forjar el espíritu viajero?

 

—Fue una experiencia intensa. Me hacía falta estar en una ciudad así de grande. Había estado en Sidney, que tiene ocho millones de personas... ¡San Pablo tiene 20! Si conseguía un show, era una hora y pico en taxi. Viví dos veces ahí y me di cuenta de que no me iría a un lugar tan grande. Culturalmente, los brasileños te contagian de esa vibra que tienen. Lo que más me sirvió de San Pablo es contagiarme de esa energía de la música y ver que hay música por todos lados. Me inspiró para grabar. Tocaba música internacional y me sorprendió lo bien recibido que fue. Incluso, me pedían canciones propias.
Nosotros, a veces no sonreímos demasiado durante el día, y ellos lo hacen todo el tiempo. Están en el auto y tienen una pandereta (o el pandeiro) en la guantera. Cuando el semáforo está en rojo, ponen música y empiezan a tocar. Muchas chicas lo llevan en la cartera. Eso es parte de ellos. Generalmente, no toco en la calle, pero en San Pablo tuve la posibilidad de tocar dos veces en la Avenida Paulista. La gente paraba y me preguntaba: “¿De dónde sos? ¿Qué hacés?”.

 

—¿Qué creés que te aporta el movimiento permanente a distintas regiones del mundo?

 

—Lo más interesante de hacer viajes es experimentar cómo reaccionan otras culturas. Ponerse a prueba ante diferentes tipos de audiencia. Los australianos son más intensos, más revoltosos: te aplauden, te gritan, te piden. En cambio, en Nueva Zelanda, hay energía media casi baja, pero les gusta mucho. Cuando termina el show, te vienen a saludar, quieren comprar el disco, están entusiasmados. Hay otros casos, muy difíciles, por ejemplo, los orientales no son muy expresivos. Se suben al escenario y te tratan como si fueras parte de la mampostería. La mayor parte del tiempo eran australianos o gente de Nueva Zelanda, que son muy cálidos, especialmente, los maoríes. La mayoría es la clase media que se ahorra la plata y se paga el crucero como puede y disfruta de todo. Son gente muy simple, te agradecen muchísimo.

 

—Ahora, es el turno de Europa...

 

—Lo principal es reencontrarme con mis raíces. Estoy haciendo los papeles de ciudadanía, que creo que es una llave para lo que sigue: trabajar en Europa. Antes de tener el pasaporte, mi agente me avisó que ya tenía una oferta para tocar, pero tuve que decir que no. La agencia trabaja con cruceros, hoteles, casinos. Si todo sale bien, me gustaría quedarme en Italia. Otra opción es ir a Inglaterra. Tengo muchos amigos que conocí a lo largo de estos tres contratos que tuve con la agencia de cruceros y todos me dicen que vaya para allá. Especialmente, a Manchester. Si pasa algo en Europa, generalmente pasa en Berlín, en Londres o en París. Me voy a dar cuenta en este lapso de tiempo que esté en Italia. Uno nunca sabe a quién puede conocer mañana. Si seguís exponiéndote y te esforzás tocando en un crucero o en un bar, algo va a ocurrir. Después de estar metiéndole cuatro años a full, ahora veo que está creciendo el arbolito. En Latinoamérica, mi nombre está en el ambiente del blues.

 

El corazón sobre todo

 

Este año, Santiago Periotti lanzó dos discos. El primero, autotitulado, es un disco de covers. “Lo grabé totalmente allá, en la cabina del barco. Es sorprendentemente buena la acústica porque está todo alfombrado. Esas canciones las toco mucho, fue rápida la grabación. Me di el gusto de arreglar un poco más los temas y llevarlos a otro lugar: toco el piano, la armónica, metí cuerdas, de todo”. 
El segundo disco contiene canciones escritas, compuestas y producidas por Periotti. “Fue un desafío muy lindo porque me tocó hacer todo y la libertad fue total. Está bueno cuando trabajás con otros músicos, porque hay que llegar a un consenso y a veces surgen ideas que a vos no se te ocurrirían nunca y que vienen del otro. En este caso, hacía tiempo que estaba buscando expresar mis ideas solamente en el disco. Indagué mucho en la opinión de la gente: se las hacía escuchar a gente que no escucha el género, porque, si bien es un disco de blues acústico, traté de que los estribillos fueran fáciles de escuchar para cualquiera. Porque, a veces escuchás a algunos solistas de blues tradicional acústico, y es un poco complicado, el “blues delta” no es tan fácil. Es la música que más me gusta de lo que hice hasta ahora. Por más que la producción sea la de un disco acústico, con percusiones, creo que la esencia es la canción. Vos lo podés grabar en el mejor estudio, meterle el solo que quieras, pero en realidad es la canción lo que importa. Ese corazón está”.
En cuanto a la intensidad de las canciones, reconoce: “Cuando tenés vivencias y las cosas no salen bien con el amor, eventualmente vas a hacer una canción. No lo olvidás nunca, porque va a quedar en forma de canción, pero ya no lo tenés más, ya lo largaste. Es para todos y ya no te pesa tanto. El arte deja testimonio vivo. Cuando cantás una canción que es un reflejo de algo que realmente te pasó, lo cantás de otra manera. Me pasa con algunas canciones de Eric Clapton: me parece que son cosas que me han pasado a mí. Ahí es cuando sale la voz de verdad y cuando vos te dejás llevar por el sentimiento y la gente percibe eso. Cuando cantaba una de mis canciones o una de Clapton, después la gente se me acercaba y me contaba una historia que había vivido”. 


En Estados Unidos

 

El jueves 4 de octubre, Santiago Periotti subió en su cuenta de Facebook el siguiente mensaje: “Una de mis canciones en el Top 10 de Radio Indie (Memphis, Estados Unidos)”. El tema que ocupó el octavo puesto en el ranking semanal del programa radial fue “I couldn’t escape”. Ramona “Monie” Cox, la conductora del espacio, “está siempre pendiente de artistas del género en el país y, por ahí, pega un vistazo a lo que ocurre en Latinoamérica y en Europa”. Para el cantautor de blues, es “una sorpresa y una alegría saber que en Estados Unidos se escucha algo de mi música”.


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