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Edición Online | 29-04-2008 | 12:12

Pueblos que buscan salir del aislamiento

Naré, donde el progreso quedó trunco

Pese que viven a menos de 20 kilómetros de la Ruta 11, los habitantes de esta localidad deben afrontar diversos contratiempos en su vida cotidiana. El transporte de pasajeros no ingresa, y no existen fábricas ni emprendimientos productivos. La realidad de un pueblo centenario donde el regreso del tren significaría "volver a vivir".

El presidente comunal de Naré, Claudio Ardisana, consideró que para aquellos pueblos que "no tuvieron la suerte de que les pasara una ruta pavimentada, o que haya microemprendimientos o pequeñas empresas, el ferrocarril era todo". - Foto:El Litoral
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Juan Ignacio Novak
interior@ellitoral.com

Naré (enviado especial).- Una maestra está haciendo dedo en el ingreso del pueblo, justo donde empieza el camino de tierra, desde hace algo más de un año mejorado con ripio. Desde hace un buen rato permanece bajo el fuerte sol del mediodía, a la espera de algún pueblerino o productor servicial que la acerque hasta Videla. Es que ninguna empresa dedicada transporte de pasajeros ingresa en la actualidad a Naré. Y eso implica una pequeña y cotidiana odisea para los docentes que cada día llegan de localidades vecinas a cumplir con su deber en la escuela primaria del lugar.

Hasta dieciséis años atrás, la realidad de este pequeño pueblito del departamento San Justo, ubicado unos 20 kilómetros al este de la Ruta 1, era radicalmente diferente: todavía contaba con el tren como vínculo con el resto del centro norte de la provincia. "Hoy, Naré se encuentra en cierta medida en una situación peor de la que estaba con el ferrocarril" sostuvo el presidente comunal, Claudio Ardisana. Incluso, para expresar lo que sintieron en el momento en que dejó de circular el tren, el mandatario apela a una comparación efectiva. "Yo lo veo como si a localidades que están vinculadas con una ruta, se las levantan y le vuelven a dejar un camino de tierra". Los hechos, corroboran sus apreciaciones.

Un ejemplo práctico, que ilustra con claridad como es la vida cotidiana en el pueblo, tiene directa relación con la inexistencia en la actualidad de cualquier tipo de diarios, periódicos o revistas. Mientras que tres lustros atrás, "una hora después de que el diario salía en Santa Fe, lo teníamos acá" relató Ardisana. Algo similar ocurre con la correspondencia: la comuna debe ocuparse hoy de retirarla en San Justo -distante más de 30 kilómetros-, mientras que el tren garantizaba la llegada de cualquier misiva en tiempo y forma.

Sin embargo, el panorama es más delicado cuando se trata de necesidades de primer orden como la salud y la educación. Durante los días de lluvia, a médicos y docentes -más allá del mejorado con ripio, que descomprimió en cierta medida las complicaciones- se les hace muy difícil llegar al pueblo. De hecho, las maestras de la única escuela del pueblo, dejaron testimonio a El Litoral de esta situación. Lo mismo pasa con los médicos. "Hoy tenemos uno, pero cada vez que decide no venir más, cuesta muchísimo encontrar otro porque, aparte de lo que se le paga, que no es un sueldo importante, tiene todo el desgaste de un vehículo para llegar a la localidad" explicó el titular de la comuna.

"El tren era todo"

Las callecitas de Naré conservan esa impronta tan característica de los pueblos chicos. El almacén de ramos generales, la iglesia y alguna que otra casona que envejece, son vestigios del auge que vivió el pueblo décadas atrás. Naré -según la descripción de su mandatario- llegó a tener alrededor de mil habitantes en su auge. Después decayó hasta tener menos de 500, y hoy está aproximadamente en 600 pobladores.

Claudio Ardisana llegó a la presidencia comunal en 2003. En el tiempo que lleva al frente del pueblo, concretó varias gestiones que hoy se perciben en obras públicas menores, que aportan a mejorar la calidad de vida. "Ahora se hizo el mejorado, y eso significó muchísimo porque vino a suplir en parte esa enorme dificultad que dejó el ferrocarril cuando se levantó" remarcó.

"Aquellos pueblos que no tuvieron la suerte de que les pasara una ruta pavimentada, o que haya microemprendimientos o pequeñas empresas, el ferrocarril era todo" consideró. "Era un factor importantísimo para el desarrollo de la localidad. Al levantarse, y no tener previsto que hacer con esas localidades, la decadencia fue tan profunda, que en pocos años se notó muchísimo" añadió.

Naré, contrariamente a lo que se podría pensar, no decayó tanto en población. Esa situación obedece -en la óptica de Ardisana- a que la gente que, en definitiva, se fue quedando en el pueblo es la que tiene menos posibilidades de proyectarse en otras localidades. "Se quedaron en estos pueblos, donde el costo de vida es mucho más barato, por eso estos pueblos no desaparecieron" sostuvo.

Al mismo tiempo, para estos parajes que con el paso de los años quedaron postergados, es muy difícil generar alternativas que tengan como réplica el desarrollo local.

Volver a vivir

"El ferrocarril fue todo un sistema, económico, financiero, cultural y social que hizo que en torno a las estaciones, que muchas veces se crearon en el medio del campo, después empezaran a surgir los poblados". La descripción del jefe comunal de Naré sirve para dimensionar la importancia que tuvo -y tiene- en la historia de muchos pueblos que integran la geografía provincial.

Hasta el punto de que la comuna de Naré dispuso recientemente, como fecha de fundación, el 20 de enero de 1908, en coincidencia con la habilitación de la estación ferroviaria del lugar, en torno a la cual se formó el pueblo, que este año se convirtió en centenario.

Para la gente de Naré, la posibilidad de que los trenes vuelvan a pasar por esa estación ubicada a poca distancia de sus casas sería "prácticamente volver a vivir". Incluso les permitiría empezar a soñar y a proyectar en serio. Este pueblo, al igual que otros, fue testigo de un país del que no sólo formaba parte como un punto más en el mapa, sino como pieza fundamental de un modelo de desarrollo, al que estaba vinculado gracias al ferrocarril. Hoy, sus habitantes se aferran a la posibilidad de que la vuelta del tren les ayude a recuperar su identidad.
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