Edición Online | 07-09-2008 | 13:18
Si comparamos este torneo con el anterior en sólo cinco fechas
Unión no tiene mucho menos pero el resto tiene algo más
Quiroz dijo claramente que Claudio Guerra no es un gran goleador, pero ya tiene tres goles en dos fechas. Es importante que los volantes, como Torres y Rosales, lleguen al gol. Atrás, el equipo necesita encontrar la mejor forma para ser sólido, que es el punto a corregir.
Es obvio que tomar cinco fechas no es una gran referencia cuando se habla de la temporada larga con 38 capítulos. Pero uno, a esta altura, se maneja con sensaciones. Está claro que Unión arrancó mal y se fue acomodando en las últimas fechas: estaba al horno con Instituto, empató Arrúa sobre la hora y clavó un doblete (primero Bahía Blanca y después Los Andes). Además, Quiroz empezó desde el vamos a llenarse de problemas impensados: 1) la suspensión del “Tato” Marcelo Mosset; 2) la demorada habilitación de Claudio Guerra; 3) las expulsiones —tres fechas a cada uno— de Fernando Fontana y Renzo Gonzalo Vera en Córdoba contra Talleres.
A este escenario, el microclima que rodea al equipo sumó un agitado problema externo —la dimisión del presidente de la subcomisión de fútbol más dos integrantes— y una caliente decisión interna como fue la pérdida de titularidad del arquero fijo y referente como era el “Turco” Assef. Para colmo, un punto sobre los primeros nueve jugados, con el robo de “La Boutique” y sus consecuencias dolorosas en un arranque donde todos necesitan sumar para levantar los cimientos de la idea de juego.
Y encima la intolerancia del marco que bordea al cuadro: la gente está ansiosa por volver a Primera División, mucho más después de haber quedado a las puertas con la Promoción en Jujuy hace un puñado de meses.
Mantener la base
Los dirigentes parecen estar respetando con punto y coma lo que en su momento prometieron en la campaña electoral: no más de cuatro o cinco refuerzos. En el inicio de este año, cuando se abrió el libro de pases, Gugnali no sumó a nadie y ahora —a mitad de almanaque cuando se armó este equipo— Quiroz sólo llegó con cuatro cupos: Alessandria, Gorostegui, Guerra y De la Fuente.
Respetando lo que pudieron aportar Marcos Flores o Juan José Serrizuela, la gran incógnita que todo el mundo planteaba de un plantel a otro pasaba por un solo jugador: ¿cómo haría Quiroz para reemplazar los casi 20 goles que disfrutaron a medias Carlos Alberto Trullet y Claudio Gugnali gracias a la “Chancha” Leandro Zárate en toda la temporada?
La respuesta más fácil sería decir simplemente “con Guerra”. Uno mentiría si escribiera tal o cual cosa del ex delantero de Huracán, porque apenas lo pudimos ver algunos minutos cuando el “Globo” cruzó con los equipos santafesinos. Pero a la hora de hablar de este tema, es el mismo Quiroz quien lo explica: "Claudio no es un gran goleador sino que es un delantero con buen juego que puede llegar al gol".
Puede ser que el arranque de Guerra confunda, pero nadie puede quitarle al “9” sus números: tres gritos en dos partidos. De todos modos, estas cinco fechas iniciales dejaron otra lectura: si volantes como Paulo Rosales o Jorge Torres —cuatro goles entre los dos— pueden llegar al gol, Unión repartirá ese rubro entre tres o cuatro jugadores sin tener que hacer caer todo en uno solo, como pasó en la temporada anterior con el hoy delantero del Botafogo de Brasil.
A este análisis le falta algo más todavía: si bien su juego es por afuera, de la línea de cal hacia adentro, César Pereyra debe llegar más al gol. Nadie desconoce su trabajo generoso para los otros, como el jueves cuando lo dejó mano a mano a Guerra en el primero y le sirvió el centro a Rosales en el segundo. Pero el equipo lo necesita más seguido en la red.
Así, con volantes —como Rosales y Torres— que lleguen al gol y algo más del “Picante”, la cuota de gol de la temporada anterior estará a salvo, incluso sin exigir que Guerra clave los 20 gritos de Zárate.
El tema es atrás
Como pasa en el fútbol moderno, el bajo goleo en la propia portería asegura gran parte de la base del éxito. Unión, de un torneo a otro, cambió su arquero titular y el zaguero principal. A Mosset lo reemplazó con experiencia (Alessandria), mientras que a Assef lo cambió por juventud (Ojeda). Más allá de la discusión de línea de tres o línea de cuatro, Unión todavía no encontró de qué manera defender bien para poder atacar. Por eso al equipo, sacando Bahía, le hicieron goles en todos los partidos.
A priori, en la medida que no tenga inconvenientes físicos, lo de Alessandria asoma como un acierto: ordena, tiene voz de mando, buen juego aéreo —clave para esta divisional— y no se pone colorado si tiene que tirarla a Cándido Pujato. Pero debe encontrar un “socio” para la zaga: ¿Renzo Vera, Yacob o Carabajal? Por las puntas, hubo sorpresas: se fue acomodando “Tarrito” Pérez, a pesar que en inferiores jugó siempre en el medio, por un lado; por el otro, sorprende lo inseguro que está Gorostegui, ese buen zurdo que veíamos jugar por tele con otras camisetas en el ascenso.
Opciones hay para probar: Fontana puede jugar tranquilamente de “4” si se busca más salida y Renzo Vera o Yacob pueden ir de “3” si la idea es darle más marca a la última línea.
Unión y las circunstancias
En la temporada anterior, Unión aprovechó un torneo con 18 equipos —recordar que Almirante y Chicago arrancaron con 20 puntos menos— para entrar entre los cuatro primeros de la tabla acumulada y tener chances. Ahora, desde el vamos, el torneo vuelve a ser de 20.
La impresión es que, después de las primeras cinco fechas, Unión no tiene mucho menos que el año pasado. Ya analizamos a Guerra, vamos al resto: llegó De la Fuente por Serrizuela, Alessandria por Mosset, Paulo Rosales por Marcos Flores y Gorostegui por Marcos Torres.
Lo que sí debe quedar en claro es que el torneo no le dará a Unión tantas chances como el año pasado. Porque el resto de los equipos que tienen aspiraciones están mucho mejor. Desde los cordobeses, pasando por el regular Atlético Rafaela, la continuidad de una idea en Aldosivi de Mar del Plata y el renacimiento de Chacarita Juniors.
Habrá que ver, eso sí, hasta qué punto el “Teté” Quiroz puede darle —desde el banco— ese salto de calidad que el equipo necesita. El famoso plus que tienen algunos entrenadores y que pueden “agrandar” planteles.
Tiene algo Quiroz a favor como capitán del barco: podrán venir tormentas en alta mar pero daría la sensación que logró zafar del temible maremoto, ese que estaba dado en el minuto 40 y pico del complemento cuando perdía 1-0 con Instituto de local, llegaba a diez partidos propios perdidos de manera consecutiva, no sumaba nada en tres partidos, quedaba último en la tabla y el 15 de Abril era una caldera.
Sólo el tiempo dirá si ese gol agónico de Arrúa valió algo más que un simple puntito de tabla.