¿Qué hago..., te quemo o no te quemo? fue la temeraria pregunta que soportó un comerciante, mientras un delincuente le apoyaba el cañón de un arma en su cabeza. Ocurrió en un negocio de venta de materiales eléctricos.
Un negocio de la zona norte resultó ayer escenario de un violento atraco por parte de dos delincuentes que se llevaron dinero y objetos de valor. El atraco podría ser uno más, de no ser que el titular del negocio fue sometido a una especia de “ruleta rusa”.
El grave suceso ocurrió en el comercio Martiluz, dedicado a la venta de materiales eléctricos, ubicado en avenida Galicia al 1000, justo unos metros antes de su intersección con avenida Gral. Paz.
Pablo Martinengo es el titular de la firma que abrió sus puertas hace apenas dos meses. En diálogo con este diario narró que “en realidad el golpe comenzó la semana pasada cuando vino un hombre, de unos 30 años y solicitó precios por una máquina clavadora.
Ya el pedido me llamó la atención porque aquí no vendemos ese tipo de máquinas, pero igual acepté y me comuniqué con mi proveedor. Mientras estaba llamando por teléfono el sujeto me dijo, “dejá nomás, que ahora estoy apurado. Voy a pasar en otro momento.
Recién ahora me doy cuenta que el tipo estaba estudiando cómo era el movimiento del local”, conjeturó hoy el comerciante.
Más adelante relató lo sucedido ayer. “Era cerca del mediodía cuando volvió a aparecer este personaje. Es un hombre, de unos 30 años, de buen aspecto, como cualquier cliente”, dijo. LLegó a bordo de una motocicleta, de color negro, acompañado por uno más jóven, de unos 25 años.
“Enseguida me preguntó si había conseguido el precio de la máquina. Y cuando estaba por dárselo, veo que da la vuelta y pasa al otro lado del mostrador. Cuando ví eso ya sabía lo que se venía.
El tipo abrió su campera y me dejó ver que en su cintura llevaba un arma de fuego. Me dijo andá para atrás y no digas nada. Entonces tomamos por el corredor y fuimos hasta la parte posterior donde se encuentra el baño.
Al límite
Una vez allí me apoyó el cañón del arma en mi cabeza mientras me preguntaba “¿qué hago... te quemo o no te quemo?
Yo le contesté: por favor, llevate todo y andáte. Pero no, el tipo insistía con esa suerte de ruleta rusa. Me decía, “mirá que mí no me importa nada. Te mato y listo, me voy. Este juego perverso se prolongó por unos cinco minutos que fueron eternos.
Mientras tanto el otro rufián ingresaba al local y arremetía contra la caja registradora desde donde se alzó con unos 1.500 pesos. Además arrancó los cables de cuajo los cables de una computadora y de un monitor de cristal líquido.
Logrado su objetivo, sus autores se dieron a la fuga a bordo del rodado en el que habían llegado. “Yo quedé encerrado en el baño haciendo caso a sus amenazas. Me habían dicho, “vos quedate aquí y no te asomes. Si llegas a mirar te vuelo la cabeza de un tiro”.
Testigos del suceso indicaron hoy que los delincuentes salieron de lo más tranquilos del negocio, como diciendo aquí no pasó nada. La naturalidad de sus movimientos fue tal que ninguno de sus vecinos advirtió o sospechó lo que había ocurrido.
Por último Martinengo reclamó mayor seguridad. “Hoy hace exactamente dos meses que abrimos las puertas y miren lo que tuvimos que pasar. Esta zona está creciendo comercialmente y necesita mayor seguridad. Que la policía patrulle no solo con vehículos, sino con personal de a pie”, concluyó.