Actuaron dos delincuentes armados. Se llevaron dinero y alhajas. Antes dieron una brutal golpiza a las víctimas. Esta madrugada asaltaron a un senador provincial.
Martes a la noche. La familia Monsalvo se encontraba en “la previa” de una cena familiar cuando estalló el desastre.
Eran cerca de las 20 cuando dos sujetos irrumpieron en el domicilio de calle Alberti 2630, en el corazón de barrio Belgrano (200 metros al oeste de la avenida Aristóbulo del Valle).
Los recién llegados eran dos hombres de unos 25 años. Ambos cubrían a medias sus rostros con las capuchas de sus camperas. Uno de ellos era robusto y con nariz ancha, “como de boxeador”. El otro de complexión mediana.
La fantasmal aparición tomó por sorpresa a Susana Monsalvo (55) y a su consuegro, Juan Carlos Marcos (61). “Sabemos que hay otras dos personas que salieron a comprar cerveza”, dijeron los malvivientes a modo de “presentación”, dejando en claro que manejaban datos concretos.
La frase de los rufianes hacía referencia al esposo de la mujer, Mario Monsalvo (61), quien algunos minutos antes se había retirado del domicilio junto a José Luis Marcos (21) para comprar cerveza.
Sin pérdida de tiempo los cacos arremetieron con todo. Con insultos y con golpes comenzaron a reclamar por la entrega de dinero.
“¡Sabemos que acá hay plata!, vociferaban en medio de agresiones verbales de alto voltaje. Ni siquiera la presencia de una mujer los amilanó en sus acciones.
Golpes y amenazas
Susana recibió una andanada de golpes que la hicieron caer al suelo. Igual suerte corrió su consuegro, aunque un poco peor. Al hombre le pegaron con la culata de un arma de fuego en la cabeza y el rostro.
Luego las víctimas fueron llevadas hasta el interior de uno de los dormitorios. Allí los obligaron a tirarse al suelo mientras seguían los golpes y las demandas de dinero.
En un intento desesperado la mujer les gritó: “Esto va a ser un desastre. De un momento a otro van a llegar más personas”.
Pero los ruegos de la mujer cayeron en saco roto. “No van a venir muchas personas. Solamente un hombre y un muchacho que fueron a comprar cerveza”, contestaron tajantes.
Acto seguido comenzaron a hacerse del dinero que tenían consigo las víctimas. Unos 700 pesos en total, además de sus teléfonos celulares. En su recorrida también sustrajeron varios anillos de oro y otros anillos con piedras.
Los cacos estaban en su faena cuando se produjo el regreso del dueño de casa y el muchacho que de inmediato advirtieron que algo anormal estaba ocurriendo.
Apenas ingresaron a la casa se toparon cara a cara con los delincuentes con quienes se trabaron en lucha. Al cabo de varios forcejeos (el esposo de la mujer también resultó herido en la cabeza), las víctimas quedaron reducidas.
Logrado su objetivo, los malhechores se dieron a la fuga a bordo de dos motocicletas que habían dejado estacionadas a unos metros de la finca.
Preocupación
Esta mañana Susana recordó con amargura y preocupación los momentos vividos. “Este barrio no era así. Pero ahora todos los días te enterás que asaltan a alguien. No puede ser que la gente no pueda ir o volver de sus trabajos con tranquilidad.
Aparecen estos individuos, que siempre se movilizan con motos, y te roban en cualquier lado. Estamos muy cerca de una zona altamente comercial y la policía no hace nada. Vigilan la avenida y nada más. Las calles internas de los barrios son zona liberadas para la delincuencia”, sentenció.