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Edición Online | 22-11-2011 | 15:22 - Última actualización | 15:24

Un joven de 230 kilos está postrado hace dos meses en el Cullen

Un hiperobeso desnuda las carencias en Salud para atender esta enfermedad

Lo trasladaron los bomberos y en el hospital no pudieron hacerle ni siquiera una radiografía. Tampoco cuentan con una grúa para movilizarlo. “Hay un antes y un después de Fabián”, reconoció el director del nosocomio. Pese a las limitaciones, todo el personal enfrenta el desafío de contenerlo.

Sin infraestructura. En Santa Fe, no hay ambulancias ni camillas que permitan trasladar a un paciente de más de 200 kilos.- Foto:Amancio Alem


Agustina Mai
amai@ellitoral.com

Fabián Paolín tiene 30 años, pesa 230 kilos y desde la adolescencia no se relaciona con otras personas que no sean sus familiares. Su hiperobesidad lo llevó a encerrarse en su casa y a no recibir ni siquiera a sus amigos. Hace dos meses fue internado en el hospital Cullen porque no sentía las piernas. Su caso puso en evidencias las limitaciones del sistema de salud pública para atender esta enfermedad, considerada la “epidemia del siglo XXI” por la Organización Mundial de la Salud.

“Entró con una parestesia, que es la falta de sensibilidad y movilidad en miembros inferiores”, detalló Francisco Sánchez Guerra, director del hospital. En un primer momento, presupusieron que se trataba de una lesión vertebral, con aplastamiento de vértebra. Este diagnóstico no se pudo corroborar de inmediato porque los equipos de rayos no eran aptos para un paciente de 230 kilos. “Desde el punto de vista tecnológico, no podemos hacer una simple radiografía porque los equipos de rayos no nos permiten traspasar el tejido para llegar a la parte ósea. Se necesitan equipos especiales”, explicó el doctor.

Desde el comienzo, el personal se encontró con las limitaciones del sistema de Salud. Fabián tuvo que esperar un mes hasta que obtuvieron un turno en Buenos Aires para hacerle la tomografía que necesitaba. Pero allí surgió otro problema: ¿cómo trasladarlo? “En Rosario, conseguimos una ambulancia con la dotación necesaria: camilla especial y gente que pueda mover a una persona de más de 200 kilos”, relató Sánchez Guerra.

Gracias a la tomografía se pudo hacer el diagnóstico: Paolín tiene una lesión isquémica por su obesidad y no requiere una cirugía, sino tratamiento médico. “Necesita fisiokinesioterapia y bajar de peso. La obesidad es parte de su enfermedad. Cuando empezamos a abordar este problema, con sus complicaciones respiratorias y metabólicas, la postración en cama -y las consiguientes escaras-, la dificultad para movilizarlo e higienizarlo, empezamos a ver nuestras limitaciones”, sostuvo Sánchez Guerra.

Uno de estos obstáculos es la falta de una grúa para movilizarlo, ya que las “plumas” con las que son levantados los pacientes del Cullen soportan hasta 150 kilos. “No tenemos más que para eso”, reconoció -con preocupación- Sánchez Guerra. Además, el 80 % del plantel de enfermería está conformado por mujeres, que no tienen la fuerza suficiente para mover una persona que supera los 200 kilos.

Un antes y un después

Preocupados por la salud de Fabián, los médicos del Cullen empezaron a averiguar qué tipo de atención se le podía dar dentro de la provincia. “Lo que existe para este paciente es lo que tenemos nosotros”, fue la conclusión a la que arribaron.

Según el especialista, recién hace diez años empezaron a ver este tipo de casos. “En Estados Unidos el hiperobeso es común desde hace mucho tiempo. En nuestro medio, hay pacientes gordos, pero no hiperobesos. Fabián es más parecido al norteamericano: postrado, no se mueve y se entrega a comer y dormir”, comparó Sánchez Guerra.

Para el director del Cullen, este caso es paradigmático y marca una línea divisoria. “Hay un antes y un después de Fabián. Hoy estamos en la línea antes de Fabián, donde estamos brindando la atención del paciente con contención del personal: médico, de enfermería, de servicio de clínica, neurológico, camilleros y mucamas”.

¿Cuál sería la etapa posterior? A partir de este caso, y en vistas de que estos pacientes comienzan a ser cada vez más frecuentes, el hospital público necesita equiparse para darles la atención necesaria.

Este cambio involucra al Ministerio de Salud en la planificación de políticas públicas. “Fabián nos está obligando a que nos planteemos de ahora en más: ¿cómo vamos a manejar a los pacientes obesos? Tenemos grúas de 150 kilos, ¿necesitamos de mayor peso? Tenemos dos camas para obesos, ¿necesitamos más? Posiblemente tengamos que armar parte de la sala para este tipo de pacientes”, detalló el director del nosocomio.

Si bien a nivel complejidad, el hospital Cullen está muy bien equipado y “en el top de la provincia”, no cuenta con la tecnología adecuada para atender hiperobesos. “No podemos hacer una placa de tórax”, se cuestionó el director y remarcó: “Cuando se haga la renovación de los equipos, tengo que exigir que el futuro equipo de rayos cubra a estos pacientes hiperobesos”.

Sánchez Guerra consideró que se han dado algunos pasos para el tratamiento de esta enfermedad: “Cuando en la Argentina se empezó con las cirugías bariátricas, el paciente obeso era llevado al tomógrafo veterinario de San Isidro porque no existían equipos de tomografía. Hoy ya existen”. Si los primeros equipos de tomografía eran hasta 110 kilos, los actuales llegan a 200 kilos.

“Hay un cambio en todo esto”, sostuvo el director, quien apostó a la salud pública: “La parte privada tiene una lógica comercial. En tal lugar famoso internan a los obesos durante un mes, pero pagan entre 10.000 y 15.000 pesos diarios. No se puede invertir en la ganancia de un tercero, sino en la del paciente”, concluyó.
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