Por Rogelio Alaniz
Si en la década del treinta, Raúl Barón Biza se destacó por su enfrentamiento frontal contra el régimen conservador de Agustín Justo, en la década siguiente manifestó la misma energía crítica contra el peronismo. Ni amenazas, ni cárcel, ni persecuciones pusieron límites a su rechazo a un régimen al que calificó con los peores términos. Si en los años treinta desafió a duelo al coronel Patricio Sorondo -de reconocida militancia fascista- y en un bar enfrentó a golpes de puños a una patota de la Legión Cívica, en los cuarenta citó a duelo al jefe de la policía peronista, general Ernesto Bertollo, desafío que concluyó con una temporada en la cárcel.
En esta militancia antiperonista fue muy bien acompañado por su mujer, Clotilde Sabattini, quien se constituyó en esos años en la referente y el símbolo femenino de la oposición, la mujer que según la perspectiva de la enconada oposición de aquellos años reunía los méritos intelectuales, estéticos y morales exactamente opuestos a los de Eva Duarte.
Barón Biza se afilió nuevamente al radicalismo en 1946. Unos meses antes -la fecha merece recordarse: 11 de octubre de 1945, una semana antes del 17 de octubre, “el día del candombe y la mazorca”, como va a escribir- en su mansión de calle Quintana se habían reunido Arturo Jauretche y Amadeo Sabattini para decidir si el caudillo cordobés aceptaba la propuesta del general Avalos de asumir la presidencia de la Nación. Como muy bien lo explican Félix Luna en su libro “El 45” y el propio Jauretche en sus ensayos, Sabattini luego de idas y venidas rechazó esa propuesta que podría haber cambiado la historia argentina.
La militancia radical de Barón Biza en esos meses fue intensa. Para esa época dirigía el periódico “La semana radical” . Sus opiniones sobre Juan Domingo Perón merecen destacarse: “Añoraba el aullido de las masas que había escuchado en la Plaza de Venecia y los estadios germanos. En el cuartel había aprendido que los hombres marchan a la voz de orden. Había contemplado en la Italia del Duce cómo se enloquecían las muchedumbres, cómo se las llevaba al hambre y a la guerra con sólo presentarse con un disfraz o una camisa negra. Con alma de cortesano fue organizando la trama que lo llevaría al poder. Buscó para dirigentes los tránsfugas, los resentidos de los partidos políticos, los trepadores con alma de valet...Les tiró sidra y pan dulce...El pueblo, la masa, creyó en la profecía. Pero el profeta era falso y la virgen no era virgen”.
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