Salimos de Ushuaia pasada la media mañana, quedaban algunos sitios por recorrer y unos últimos puntos que cerrar antes de dejar las tierras de la Isla y antes de irnos sabíamos que comenzaríamos a extrañarla. La salida de la Tierra del Fin del Mundo nos deparaba nuevamente la frontera, los papeles, aduanas y esperas. O por lo menos creíamos que esa sería la gran espera aunque no sabíamos que nos encontraríamos con otro aún más compleo.
Desde varios días atrás, sabíamos que el cambio de aceite era necesario. Lo estimamos antes de la llegada a Ushuaia y debido al horario decidimos dejar pasar el fin de semana : error. El lunes en la ciudad nadie podía ocuparse de ese tema, con lo que decidimos seguir hasta Río Gallegos nuestro próximo punto en el mapa para desde allí partir tranquilos a Calafate descansando bien después de la aduana y el ripio.
Papeles, alimentos y llegar a Gallegos
Cuando tomamos nuevamente la RN3 teníamos un objetivo: la fotocopia del certificado de Senasa de Pepper y Mora, dado que en el ingreso a Chile, nos pedirían una copia o el original y era imposible entregar este último. La búsuqeda recién dio sus frutos tres horas después al llegar a Río Grande. Ruta, kiosco, problema resuelto, de nuevo en la ruta rumbo al Paso San Sebastián.
Llegamos en poco tiempo, el asfalto fue generoso, y la salida del país fue sencillo, el poco tráfico lo hizo aún más benigno a pesar del viento, salimos de Argentina y entramos en Chile casi en el mismo lugar. Sólo faltaba llegar hasta la barca y luego volver a Salir de Chile e ingresar nuevamente a la Argentina. Antes tuvimos dos horas de ripio que no esperábamos fueran tan complicadas por las faltas de carteles que nos indicaran como llegar hasta el embarcadero.
Suerte que en los caminos los vaqueanos se apiadan de quienes transitan cuando el sol comienza a caer. La balsa partió a los pocos minutos que subimos, con un matrimonio de Rosario que estaba delante nuestro y unos brasileros que venían detrás mas perdidos que nosotros y con un problema mayor: nafta para hacer 10km y una estación cercana a no menos de 100km. El punto pudo solucionarse medianamente bien por otro vaqueano generoso, que sólo implicó que tuvieran que esperar desde las 19 que pasamos hasta las 22 que el vaqueano regresaría. Nunca más supimos que fue de ellos, esperamos que hayan podido seguir camino.
Cambio… cambio…
La noche fue tranquila en Gallegos, y la mañana arrancaba aún más. Cambio de aceite, unos trámites mínimos y partir a El Calafate a medio día para estar a la siesta. Tranquila… más que tranquila fue lenta… y siguió. La primera casa recomendada estaba totalmente cerrada por vacaciones. El paso siguiente sería la estación de servicio, pero no se podía ocupar de eso en este día lunes. Vuelta a una casa privada y nada, hasta que optamos por la concesionaria oficial. El tiempo corría rápido y la media mañana tenía ya forma de estar cerca del mediodía. Fue necesario que Pablo convenciera a los empleados que entre los perros y el auto repleto de bultos era imposible esperar un turno, por lo que nos atendieron rápidamente.
- Ya está? Dijimos cuando una hora después la trajeron… allí partió Pablo a buscar el coche.
- El cambio de aceite ya está… pero en la revisión detectamos que tiene roto un …. Trasero
- Y ¿eso?... puedo hacer 15.000 km – preguntó Pablo pensando en el camino de vuelta a Santa Fe,
- No creo, antes se te va a fundir … respondió el empleado. Con suerte te la vas a poder llevar a última hora de hoy.
Eran exactamente las 12am y nos esperaba Calafate. Eran exactamente las 12am y nosotros comenzamos a caminar y sin decirlo pensando cada uno que se vendría otra noche en Gallegos. Pero el problema tuvo mejor solución que comienzo. Caminamos unas cuadras y el calor comenzaba a acompañarnos… y de golpe la playa nos invitó a disfrutar de ella. Unos panes en el super, unas frutas y un poco de tranquilidad de sol y playa se convertían en la manera de resolver el primer gran problema del viaje… “si este es el primer problema… parace que se resuelve bastante bien” manifestó Pablo, y tenía razón.
En el camino de la playa a la concesionaria volvimos por el camino andado donde en un sindicato habían quedado seducidos por los canes, que ahora necesitaban agua. Sin pedirla la ayuda vino, F es un dirigente sindical que no sólo calmó la sed de Pepper y Mora sino que nos contó de las minas de Río Turbio, de los arranques de Gallegos, de las calles y los personajes, que además hizo amena nuestra espera. El teléfono sonó antes de lo esperado y cuando aún pensábamos en la idea de que la noche nos encontraría allí, la espera estaba a punto de terminar. Y terminó rápidamente y de nuevo estuvimos en la Ruta, habiendo superado alegremente el primer gran problema.
El Calafate nos estaba esperando, y allí llegamos minutos antes de las 20, para encontrarnos con nuestros colegas de la Sec. de Turismo. Ahora ya estábamos en el camino de ascenso y Calafate fue una alta experiencia.
De Ushuaia a Calafate primer problema sin problemas
Salimos de Ushuaia pasada la media mañana, quedaban algunos sitios por recorrer y unos últimos puntos que cerrar antes de dejar las tierras de la Isla y antes de irnos sabíamos que comenzaríamos a extrañarla.
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