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Edición Online | 13-12-2012 | 9:34 - Última actualización | 11:56

Los jugadores de Tigre no se presentaron al ST

Bochornoso final de la Sudamericana

 La delegación argentina denunció que recibió golpes y amenazas con armas de fuego en el vestuario durante el entretiempo. Por estos gravísimos sucesos, decidieron no jugar el complemento. Así, San Pablo, que ganaba 2 a 0, se quedó con el título, aunque la polémica recién comienza.

 Foto:Télam
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Redacción de El Litoral
deportes@ellitoral.com
Télam

La final de la Copa Sudamericana que San Pablo le ganaba a Tigre por 2-0 al término del primer tiempo en el estadio Morumbí fue terminada anoche por el árbitro chileno Enrique Ossés tras una grave agresión sufrida por el plantel argentino en el vestuario visitante.

Según denunció el DT de Tigre, Néstor Gorosito, los jugadores argentinos fueron golpeados y amenazados con armas por seguridad privada de San Pablo, luego de una etapa inicial que terminó con una pelea entre los jugadores de ambos equipos en el campo de juego.

El episodio generó estupor en la delegación argentina, que se negó a salir para la disputa del segundo tiempo, y la dirigencia de la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol), en forma conjunta con el árbitro, dio terminado el juego por abandono.

En efecto, San Pablo, que esperaba a su oponente sobre el césped, fue consagrado con el pitazo final del chileno, en medio de un clima de algarabía del público local y confusión generalizada.

En el regreso al vestuario, tras el primer tiempo, el arquero Damián Albil fue apuntado con un revólver en el pecho; Gastón Díaz y Martín Galmarini sufrieron cortes por golpes y Rubén Botta terminó con un ojo cerrado, producto de otra agresión. También terminaron con cortes y contusiones en el rostro el mediocampista Matías Escobar y el ayudante de campo Jorge Borrelli, entre otros.

La entrada del camarín visitante terminó regada en sangre y “la zona fue liberada”, según denunció el jefe de seguridad de Tigre, Rubén Pasquini, que también recibió un severo golpe en el parietal derecho. “Eran como 20 tipos, patovicas, que nos vinieron a buscar y le pegaron a todo lo que se movía. Agredieron hasta a la gente del control antidoping. Uno de los que portaba un arma es dirigente de San Pablo porque estuvo en la reunión de Comisión Técnica”, agregó el dirigente.

Los jugadores quedaron consternados por lo sucedido y se negaron a jugar el segundo tiempo. El árbitro Ossés esperó la salida del equipo argentino y finalmente dio por terminado el partido.

“Ellos están muy enojados y decidieron no salir a jugar el segundo tiempo. Nosotros no vimos nada y no sabemos quien provocó la agresión”, evadió el boliviano Romer Osuna, dirigente de la Conmebol. “No vinieron a jugar, vinieron a pelear”, acusó el experimentado arquero local, Rogerio Ceni.

Con el desenlace consumado, mientras el plantel de San Pablo festejaba sobre el campo en la ceremonia de la premiación, los jugadores de Tigre se reponían de las agresiones. “Estuvimos peleando durante 15 minutos con gente entrenada e identificada con los colores de San Pablo. No había necesidad de hacer una cosa así, el partido lo estaban ganando bien”, lamentó Albil, que mostró ante las cámaras de TV un golpe en el pecho producto de un culatazo.

El clima enrarecido del partido, que se inició con una descortés recepción a Tigre en la previa, se agravó al terminar el primer tiempo cuando el mediocampista Lucas le recriminó al defensor Lucas Orban por un codazo durante el juego. En ese instante, la mayoría de los jugadores de ambos equipos se involucró en una pelea generalizada -fue expulsado el futbolista local Paulo Miranda- hasta que el ingreso de la policía la disipó.
Lo que sobrevino después fue el escándalo, la absurda posición de la dirigencia sudamericana, la impericia del árbitro chileno y la oscura consagración de San Pablo, que sumó una copa manchada de sangre a su nutrida vitrina de logros internacionales.

Antes, medio partido

Al cabo de los 45 minutos iniciales, San Pablo dominaba con cierta claridad a Tigre y el 2-0 testimoniaba la superioridad de un equipo sobre otro, en el estadio Morumbí.

El equipo de Néstor Gorosito lo pudo aguantar bien durante los 20 minutos de arranque, jugando lejos del arco de Damián Albil, planteando el partido en la mitad de la cancha, aunque sin provocarle demasiadas zozobras a la valla de Rogerio Ceni. El conjunto argentino, inclusive, tuvo una chance clara para abrir la cuenta a los 15m., con un remate bajo de Rubén Botta, que atrapó Rogerio Céni.

En una de las primeras aproximaciones, Lucas, el volante que acaba de ser transferido al París Saint Germain francés, quedó solo frente a Albil, tras una buena jugada colectiva, y facturó la apertura del tanteador, con un disparo cruzado. El tanto provocó intranquilidad en el equipo visitante, que se vio desbordado en esos instantes que siguieron a la apertura de la pizarra. Y así, a los 28m., Lucas metió un pase bárbaro hacia Osvaldo, recostado sobre la derecha, y el delantero resolvió bien, ante la salida de Albil, picándole la pelota por encima del cuerpo.
De allí hasta el final del primer segmento, los roces y las brusquedades se hicieron “moneda corriente”. De hecho, hubo cinco amonestados y hasta un expulsado (Paulo Miranda) por los cruces que se produjeron, cuando el impresentable árbitro chileno Enrique Ossés (hizo todo mal, de principio a fin) dictaminó el cierre.

Los incidentes


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