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Edición Online | 13-12-2012 | 20:47 - Última actualización | 20:49

A PROPÓSITO DE “DISCURSOS EN VIAJE”

La mirada de los otros


La mirada de los otros

Indios Quilmes. En las narrativas de viaje se percibe una fascinación en los viajeros por los personajes locales, fascinación que va desde el encantamiento y la exaltación hasta la subestimación o denigración más terrible, depende de los casos. Foto: Archivo El Litoral

 

Estanislao Giménez Corte
egimenez@ellitoral.com
http://blogs.ellitoral.com/ociotrabajado/


“Discursos en viaje. Contactos culturales y figuras del ‘otro‘ en la Argentina del siglo XIX” (Editorial Biblos, 2012), es una investigación de Sebastián Román publicada recientemente en la colección “Tesis” de dicha editorial. El Litoral entrevistó al autor.

-¿Cómo y por qué se desarrolló tu interés por investigar los discursos en viaje y/o los discursos de viajeros (la literatura de viaje como género)? ¿Cómo se originó la necesidad de analizar esas narrativas y operaciones discursivas vinculadas específicamente a un determinado momento histórico de la Argentina?

-El interés en la investigación sobre la cuestión del viaje y los viajeros surgió a partir de visualizar la relevancia de estos sujetos en la historia cultural argentina, cuestión que consideré aún no había sido suficientemente explorada. Ocurrió un poco intuitivamente, como suele suceder, y casi inmediatamente tuve pistas más certeras de que así era. Había estudios muy parciales, y particularmente escasos desde perspectivas de análisis contemporáneas, sobre todo en lo que a la incidencia de estos personajes en la escena de la Confederación Argentina hacía.

-Sostenés que “la narración se constituye en efecto del viaje” y que “viajar y narrar son acciones (...) sucesivas”. Ello ha dado lugar, podría decirse, a la riquísima tradición de la crónica. Ahora, ¿por qué vincular esos textos a la constitución del campo científico argentino? ¿cómo se da, sintéticamente, esa relación?

-Hay dos cuestiones: por un lado, la escritura de la experiencia del viaje efectivamente viene a “cerrar” lo que podríamos llamar la “gramática del viaje”, es decir, una serie organizada desde la partida del viajero, el viaje propiamente dicho, los itinerarios, recorridos, exploraciones, el regreso al lugar de origen del viajero y la narrativa, la escritura de su experiencia. En el caso de los viajes del siglo XIX, sus protagonistas fueron fundamentalmente viajeros naturalistas, viajeros científicos, ya que a partir de la mirada de la Modernidad, son estos sujetos quienes se lanzan a lo que algunos han llamado un segundo descubrimiento de América (el primero es el del siglo XV-XVI, claro). Esos viajeros naturalistas establecieron contactos políticos y culturales durante sus viajes, y especialmente durante el período de la Confederación, con Urquiza como presidente, aunque también avanzada la segunda mitad del XIX, tuvieron un rol protagónico en lo que podemos llamar el proceso de institucionalización de la ciencia en Argentina. Me refiero al proceso en donde la ciencia adquiere una formalización en los términos en que la Modernidad europea lo entendía, y en los enclaves institucionales decanos: los museos y las universidades. Basta pensar en la dirección del Museo de la Confederación por parte del francés Bravard y luego del belga du Graty, o en el prusiano Burmeister como Director del Museo de Buenos Aires y encargado de la Reforma Académica de la Universidad de Córdoba y Director de la Academia de Ciencias de la provincia mediterránea. Fueron estos viajeros quienes tuvieron un lugar protagónico, junto a personajes locales, por supuesto, en la constitución de un campo científico en el sentido moderno en la Argentina.

-¿Por qué te interesaste especialmente en observar esas narrativas en relación a “un otro”, a esos modos que tienen los viajeros escogidos de adjetivar, describir y referirse a los otros (a esas figuras del otro, a partir del concepto de alteridad), sean indios, gauchos, etc?

-Cuando uno lee estas narrativas de viaje rápidamente observa que uno de los motivos, de los tópicos principales son lo que yo he llamado las figuras del “otro”. Se percibe una fascinación en los viajeros por los personajes locales, fascinación que va desde el encantamiento y la exaltación hasta la subestimación o denigración más terrible, depende de los casos. Lo constante es que estos “otros” con los que se encuentran (o desencuentran) los viajeros que he estudiado siempre son narrados desde una mirada fuertemente eurocéntrica.

-¿A qué se debió la elección de los casos? ¿qué encontraste en cada uno de estos viajeros y sus trabajos, que resultó decisivo para avanzar en tus hipótesis de trabajo?

-En primer lugar, una cuestión que tiene que ver con la relevancia del aporte y de la intervención de los viajeros que analicé, me refiero principalmente al caso de los científicos y naturalistas. Por otro lado, y ya pensando en la relación que establecen con las figuras del “otro”, las variaciones y matices, que son sustantivos, en el modo de relacionarse con la alteridad. Sin olvidar la finalidad de sus viajes, ya que no es lo mismo analizar a un viajero como el businessman inglés Beaumont, cuya mirada sobre las identidades locales está tamizada por sus intereses comerciales, que estudiar a un médico antropólogo como el italiano Mantegazza, que incluso se radica temporalmente y convive con los pueblos originarios para compartir de manera directa sus costumbres, las prácticas de curandería, en fin, su modo de vida.

-¿Podés definir brevemente el concepto de “intervención cartográfica” que trabajás en la investigación?

-He llamado “intervención cartográfica” a la operación llevada adelante por los viajeros, especialmente el francés de Moussy, de cartografiar el territorio, de hecho es llamado “el cartógrafo de la Confederación”. Me refiero a la operación, a través del mapa, en el sentido moderno, como artefacto cultural, de construir un espacio que pudiera pensarse y visualizarse como unificado, medible, acotable, mesurable, condición sine qua non para que aquí pudiera pensarse una “nación” moderna, para que pudiera dar lugar a un pueblo. Esta idea de que el territorio aloja, reitero, una “nación”, sólo fue posible creando un imaginario territorial que introdujera -y tradujera al papel- esa idea; fue el modo de operar para salvar la heterogeneidad geográfica, étnica, cultural de una extensión territorial tan vasta y tan variopinta como la que actualmente constituye la Argentina. Si bien esta operación encuentra sus antecedentes ya desde los inicios de la conquista, será en el siglo XIX recién, a partir del perfeccionamiento de los aparatos y las técnicas de medición, que la cartografía moderna es posible.

-En algún lado decís, aproximadamente, que “el viajero se escribe a sí mismo” a la vez que ello “conlleva una narrativa sobre la alteridad” ¿podés explicar un poco esta idea?

-Cuando uno habla del otro, en realidad, también, o a veces fundamentalmente, está hablando de sí mismo. Es decir, el modo en que yo establezco la relación con aquél a quien considero diferente a mí me delata como sujeto, delata mi punto de vista, mi jerarquía de valoraciones, mi modo de ver la vida, por lo tanto, no hay modo de no hablar del otro sin hablar de uno mismo. Y esto es lo que se ve claramente en los discursos de los viajeros que he estudiado: hablan del otro, y a la vez, se pintan de cuerpo entero.

-Sobre el final, explicás que en Beaumont se observa un enunciador “veraz”; en Burmeister, que produce una suerte de “singular gramática del desencuentro”, y que Mantegazza “autojustifica sus valoraciones negativas sobre las figuras de la alteridad” podés explicar brevemente esas ideas?

-En el caso de Beaumont (...) hay que tener en cuenta la finalidad de su viaje: testear las condiciones de seguridad política y económica para las inversiones comerciales en estas latitudes. De allí que su estrategia enunciativa es la de ser un observador inmediato de la realidad de las provincias del Plata, lo que discursivamente se traduce en un efecto de “objetividad”, al ser información “de primera mano” la que vuelca en su narración. Burmeister (...) invirtiendo la regla de los discursos sobre el viaje, no tiene la menor intención ni interés en el encuentro con el “otro”. En tanto buscaba en sus viajes el lugar de despliegue de su vocación científica, sólo le interesaba explorar, coleccionar insectos, especies vegetales y animales (...) De allí que hable, en realidad, de su “desencuentro” con la alteridad (...) singular también es el caso de Mantegazza. Su mirada fisioantropológica lo lleva a construir al “otro” de manera sustancialmente negativa (me refiero sobre todo al caso de lo que el llamaba “aborígenes”). Les atribuía ‘indolencia‘, ‘impasibilidad‘, ‘insensibilidad‘ (...)”

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Román es Doctor en Comunicación Social por la UNR. Docente e investigador en UNER, se dedica especialmente al estudio de la historia cultural y educativa argentina del siglo XIX y las primeras décadas del XX, con énfasis en la historia de la lectura y la escritura. Y sobre la cuestión del viaje como umbral de contactos culturales. Foto: Archivo El Litoral

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