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Edición Online | 14-12-2012 | 19:55 - Última actualización | 15-12-2012 | 11:12

En un merecido tributo

Reflexiones sobre la memoria

El Concejo Municipal de la ciudad reconoció al director coral y educador como “santafesino destacado”, por su “aporte invalorable al desarrollo y crecimiento de la actividad musical de nuestra región”. Aquí, su claro discurso.


Francisco Maragno  durante la ceremonia realizada en el Concejo Municipal.

Educación para el arte, una deuda pendiente.

Francisco Maragno

Cuando hablamos de cultura sería bueno preguntarnos de qué estamos hablando. El término se ha ido deformando de tal manera que nos vemos obligados a precisarlo. Tiene un sentido genérico que involucra a todo el hacer humano pero los que tenemos una vinculación o especial interés por el arte, nos referimos de manera recurrente a la cultura artística, creativa y recreativa y naturalmente a todas las manifestaciones ligadas o vinculadas a esa franja o estrato de la actividad humana.

Resulta preocupante comprobar que, en general, los medios de comunicación -como las instituciones y funcionarios involucrados- utilizan el término cultura para referirse a manifestaciones menores, relativamente intrascendentes que, en realidad, forman parte de una “cultura del entretenimiento”, para intentar una denominación genérica de actividades que frecuentemente se muestran repetitivas y banales. Está claro que esas manifestaciones no nos convocan para nada, porque no alcanzan a tener el rango que pretendemos.

La obra de un creador y el trabajo de su intérprete, como sucede en el caso de la música, pone en vilo nuestra percepción lo que nos permite vivir intensamente ese momento efímero pero a la vez persistente de fantasía creativa y emoción perdurable. He sostenido siempre que es una suerte vivir para poder apreciar los contenidos intensos e inenarrables de tantas obras de arte, no solamente musicales, sino plásticas, literarias, poéticas.

La cultura nos hace humanos

Creo que una de las mejores experiencias que nos ofrece la vida las ofrece el arte y al respecto recordemos que Nietsche lo señaló: la vida sin la música sería un error. En este sentido, rescato también lo que decía la pancarta de unos estudiantes italianos que manifestaban: “La cultura nos hace humanos”.

Queda claro que de la cultura en estos términos y toda la formidable tradición que se ha ido generando históricamente debemos sentirnos orgullosos y debemos tener bien en cuenta que no podemos apreciarla sólo por su valor creativo, sino porque también enaltece la condición humana.

Sabemos que nada se da porque sí. La generación espontánea no existe. La realidad está compuesta por complejas relaciones que forman una intrincada red. Pero a pesar de todo, debemos intentar descifrar esta realidad porque, si en alguna medida lo logramos, estamos asegurando nuestra supervivencia en mejores condiciones. Ésta no es una actitud soberbia sino de racional cautela.

Pero veamos, ¿qué está pasando hoy con la cultura? Para responder a esta pregunta debemos entender que la sociedad actual es una sociedad populista emergida de la mano de la sociedad de consumo. Recuerdo que hace ya unos cuantos años, hacia los años ‘60 del siglo pasado, comenzamos a oír acerca de la “cultura de masas” y este proceso no se ha detenido; se ha ido acentuando cada vez más: hemos ido derivando de una cultura con contenidos que compartíamos en el marco de formas expresivas donde la estética y la formalidad sumaban. El público que asistía a un concierto esperaba esa oferta que tenía un común denominador, que reunía a creadores de cualquier tiempo. ¿Qué ha cambiado? Pues que esas audiencias, en algún momento muy numerosas, se han ido reduciendo sensiblemente y, simultáneamente, el interés por los repertorios del gran arco de la tradición creativa.

Arte grande y reflexión

Hoy vemos que las frecuentes multitudinarias audiencias están convocadas y responden con entusiasmo a una cantidad significativa de manifestaciones no ya populares sino populistas, diferencia que no es para nada artificiosa sino realmente contundente. El arte grande de cualquier área llama a la reflexión, moviliza las emociones intensas y auténticas y a nuestra percepción sensible en su totalidad. Las manifestaciones populistas responden, en cambio, al espontaneísmo hiperquinético, a la repetición atrófica, al aturdimiento fragoroso y todavía hay que sumar la sensación de vacío.

Podría ser que en mi caso se trate de tener las antenas mal orientadas pero puedo arriesgar mi certeza de que no es así.

Este panorama se complica por el hecho de que las instituciones y los funcionarios del Estado en general, de manera evidente promueven a grupos y personas que escriben y ejecutan una impresionante cantidad de material descartable de efímera permanencia.

Puede ser que este punto de vista se considere objetable argumentándose el desprecio por la diversidad y las diferencias. Se podrá señalar que la participación de las mayorías se hace ahora de un modo más amplio y variado. Pero la pregunta es: ¿cuáles son los contenidos? Y la respuesta: evitar los contenidos que dramaticen la existencia, lo cual va de lo peligroso a lo absurdo, porque la esencia del existir es dramática, desde que nacemos hasta que morimos y esto no ha cambiado en el transcurso del tiempo. Ya lo hemos señalado anteriormente, toda manifestación que se precie de ser calificada como arte, tiene que tener los contenidos que las personas con buena disposición perceptiva pueden reconocer como válidos o sea que le incorporan saber y riqueza espiritual.

Un cambio necesario

He referido todo lo expresado porque necesitaba decirlo, pero me doy cuenta de la escasa resonancia o repercusión que pueda tener. Sería formidable que pudiera producirse algún cambio, que alguien de veras se atreviera a corregir lo que fuera necesario como sucedió en el recordado gobierno del Dr. Carlos Silvestre Begnis, cuya referencia me resulta inevitable. Pero sé que esto no será posible hasta que la sociedad y la dirigencia política entiendan que es necesario plantear otras políticas que habiliten transitar un camino mejor.

La creación del Coro Polifónico de Santa Fe fue una propuesta de gobierno que tenía políticas y programas culturales que se concretaron en la creación y consolidación de otros organismos (Escuela Provincial de Teatro, Orquesta Sinfónica Provincial de Rosario, Conjunto Provincial de Folclore, Festivales de Santa Fe, etc.). Lamentablemente, este programa de gobierno no volvió a repetirse. Algunos pretenden justificarlo con esa “maldita” y oportunista muletilla “eran otros tiempos...”.

El Coro Polifónico de Santa Fe no fue, como algunos pudieron suponer, producto de mis influencias. No las tenía y, por otra parte, no hicieron falta. El Coro fue el resultado del esfuerzo y el talento de muchos. Sólo fui, creo, un eficaz y consecuente inspirador.

No quiero reducir a una formalidad mi agradecimiento por este reconocimiento que se me brinda tan generosamente y que en verdad, no esperaba. Muchos saben que mi preocupación, como lo manifesté en reiteradas oportunidades, se había fijado en el comportamiento desaprensivo de lo que llamamos la posteridad, ya que contrariamente a lo que nos habían enseñado, no puede hacer gala de ecuanimidad ni justicia en muchas, demasiadas, ocasiones y así nos vemos obligados a revisar constantemente la información que se nos transmite, retaceada, deliberadamente alterada o con una interpretación caprichosa que deriva hacia el olvido lo que debería ser inolvidable.

La posteridad

La posteridad somos nosotros en relación con lo que aconteció ayer y anteayer y deberíamos considerar la buena práctica de registrarlo cuidadosamente.¿Podría corregirse esto? Por lo menos deberíamos intentarlo y una buena forma sería institucionalizando un mecanismo que asegure la permanencia activa de la memoria, claro está, con personas preparadas y responsables. Pienso que así muchas obras, muchos creadores y personalidades podrían ser rescatados del olvido y restituidos al dominio público como corresponde. Es ésta una responsabilidad del conjunto de la sociedad y especialmente de la clase política y de los funcionarios del área que muchas veces vemos, se ocupan del rescate de gente de la farándula. Con emocionados discursos y lágrimas de utilería.

Por supuesto que podríamos abundar mucho más sobre esta temática pero ya he abusado demasiado del tiempo que se me ha concedido y de la atención que me han dispensado.

Sólo me queda reiterar mi agradecimiento y desear que el arte como expresión del arcano de la existencia se revele en vuestras conciencias y en vuestros corazones con el don supremo de la belleza y la pasión inclaudicable para que, más allá de los padecimientos, la vida sea un logro de fe y esperanza.

Francisco Maragno  durante la ceremonia realizada en el Concejo Municipal.

Dr. Carlos Sylvestre Begnis.

Fotos: Archivo El Litoral


Francisco Maragno  durante la ceremonia realizada en el Concejo Municipal.

Público haciendo cola en un museo, una bella postal.

Francisco Maragno  durante la ceremonia realizada en el Concejo Municipal.

Francisco Maragno durante la ceremonia realizada en el Concejo Municipal.

Foto: Luis Cetraro

Francisco Maragno  durante la ceremonia realizada en el Concejo Municipal.

Las frecuentes multitudinarias audiencias están convocadas y responden con entusiasmo a una cantidad significativa de manifestaciones no ya populares sino populistas.

Francisco Maragno  durante la ceremonia realizada en el Concejo Municipal.

El Coro Polifónico Provincial junto a Ariel Ramírez y otros grandes de la música argentina en una actuación en el Teatro Municipal. Foto: Archivo El Litoral

Francisco Maragno  durante la ceremonia realizada en el Concejo Municipal.

Otra postal para el recuerdo: el Polifónico Provincial llevando su arte a la calle. Año 1989.

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