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Edición Online | 16-06-2013 | 18:15

Tensiones pedagógicas entre tradición y modernidad

En las escuelas, la cursiva aún resiste al imperio de la imprenta  

La letra manuscrita se enseña en las primarias con entusiasmo, pese al masivo uso de la imprenta en la secundaria y la vida adulta. Sus defensores dicen que es clave en la alfabetización. Sus detractores, que ya no aporta al aprendizaje escolar.

 
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Trazos con vigencia. La enseñanza de la letra cursiva tiene una llamativa vigencia en las escuelas primarias de la ciudad. Foto: Archivo El Litoral

 

Luciano Andreychuk

landreychuk@ellitoral.com

Desde Gutenberg y el homus typographicus hasta la actual revolución digital, la imprenta rige casi todos los medios de comunicación escrita: libros, páginas web, chat y mensajes de texto, todo texto escrito circula hoy sobre las reglas formales de la imprenta. Y la letra cursiva, aquel tradicional sistema de escritura manuscrita con grafías continuas e inclinadas, parece haber quedado en los sótanos vetustos de la modernidad. “Lamentablemente un día la cursiva pasará a ser como el latín”, pronosticó un académico hace un tiempo. Quizás eso pase, o no; al menos, todavía no.

Aunque algunos apocalípticos de la lengua le han dado su certificado de defunción, la letra cursiva todavía despierta entre los docentes de las escuelas primarias de la ciudad un llamativo entusiasmo: se enseña rigurosamente desde 1er. y 2º grados, y en algunos casos desde sala de 5. Todo ello pese a que, ya en la secundaria, la mayoría de los chicos internalizarán como “letra natural” a la imprenta: porque todos los textos (en papel y digitales) a los que acceden están escritos en ese tipo de escritura.

No hay una normativa provincial específica que obligue a las escuelas a enseñar la cursiva. De hecho, en el diseño curricular del nivel primario no hay alusión explícita a esta letra. De todos modos, desde la cartera educativa provincial se reconoció que la enseñanza de esa letra “está comprendida dentro del proceso de alfabetización de los niños. Es una parte intrínseca al hecho de aprender a leer y escribir, y por tradición escolar se deben enseñar los 4 tipos de letras (imprenta mayúscula y minúscula, y cursiva mayúscula y minúscula)”, indicaron desde el ministerio.

Por las escuelas

“En el 1er. grado, para el trabajo inicial de alfabetización usamos la imprenta mayúscula. Porque los trazos de cada letra del abecedario son más rectos y más fáciles de aprender. Pero después, progresivamente, empezamos a incorporar la enseñanza de la cursiva como continuación de la alfabetización. En 2º grado se va reforzando la práctica: es una letra que hay que trabajarla mucho, por los trazos redondos y estilizados, por su grafía especial”, cuenta a El Litoral María Alejandra Friggeri, docente de 1er. grado de la escuela J. J. Paso.

“Para que se familiaricen con esta escritura, hacemos que los nenes resalten con color la mayúscula, vean la longitud del enunciado, que cada palabra esté unida, que la oración empiece con una letra mayúscula y termine con un punto. Así van apropiándose de la cursiva”, aporta Roxana Cabrera, directora de esa institución.

Psicomotricidad fina

También en la escuela IV Centenario, en 1er. grado se usa la imprenta mayúscula para empezar a alfabetizar, por la facilidad de los trazos rectos: “Es lo que se llama psicomotricidad fina en la fase inicial de la alfabetización. Luego se hace un traspaso a la imprenta minúscula. Y al final de 2º grado se enseña la cursiva, que creemos debe seguir promoviéndose en las escuelas”, dice Gloria Arce, vicedirectora.

Ya en el 6º y 7º grados queda a criterio de cada chico qué letra usar. “Por lo que vemos, ya siendo más grandes todos terminan incorporando la imprenta, para leer libros, para usar Internet o demás dispositivos tecnológicos, tan en boga por estos días. Se inclinan naturalmente a la imprenta, y es lógico. Pero desde 2º grado todos los chicos deben saber usar la cursiva”, dice Arce.

En muchas privadas, la enseñanza de la cursiva también tiene una notable vigencia. Por ejemplo, en el Colegio Adoratrices se empieza a practicar ya en sala de 5 años. “Allí, con los pequeños se trabaja mucho la alfabetización; entonces llegan con un buen nivel de práctica a 1er. grado. Por eso se les hace más sencillo aprender la escritura en cursiva”, comenta Ana Cattena, directora del nivel primario de esa institución.

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Las letras cursivas del alfabeto latino. Imagen: Wikipedia.org

Cursiva, ¿para qué?

Si en la adolescencia y en la adultez la letra a utilizar será la imprenta, ¿qué sentido pedagógico tiene seguir enseñando la letra cursiva? “La enseñanza de esta letra activa procesos mentales complejos de comprensión y de pensamiento muy necesarios, porque son una apoyatura clave para aprender otros saberes”, opina Claudia Pascualón, vicedirectora del nivel inicial y primario del Colegio Nuestra Señora del Calvario.

“Todo tiene un fundamento psicológico: la unión de letras y la separación de las palabras favorece otro tipo de aprendizajes. Además, es un tipo de escritura muy personal, íntima y emocional”, resalta la vice. En esa institución la cursiva se enseña en los primeros grados y recién en 5º ó 6º grados se les permite a los chicos optar qué letra usar en sus carpetas. “Pero primero, deben manejar por igual los 4 tipos de letras. La cursiva se enseña y se evalúa como un contenido más”, aclara Pascualón.

Un contrapunto

La pregunta que abre el debate es: en un contexto donde predominan la letra imprenta, y su uso se extiende a los textos de todos los soportes (libros, computadoras, celulares y demás dispositivos electrónicos), ¿en qué contribuye la enseñanza de la letra cursiva? ¿Cuál es su sentido pedagógico, su aporte? Hay dos posturas pedagógicas que colisionan, y ahí el contrapunto.

Los “detractores” de la cursiva sostienen que como todos los entornos de escritura (en papel o virtuales) se rigen y regirán por la imprenta, no sería grave prescindir de su enseñanza en las escuelas. Afirman que no tiene mucho asidero con la realidad educativa que se siga enseñando algo que no se va a usar en la vida adulta; y que si a la actividad del alumno se le suman cuestiones formales y de estética grafológica, se lo distrae de lo principal: que se alfabetice, que aprenda a escribir correctamente.

Pero los defensores de la letra manuscrita tienen sus argumentos: dicen que ésta ayuda a ejercitar las funciones del cerebro que dan fluidez en el manejo de los símbolos. Que aprender y practicar la letra cursiva activa operaciones cerebrales complejas, que aportan a la comprensión de textos y al pensamiento interpretativo durante la edad escolar.

Norman Doidge, psiquiatra e investigador en la Universidad de Columbia (EE.UU.), afirma en su libro The Brain that Changes Itself (El cerebro que se cambia a sí mismo) que “la ejercitación cerebral para estimular las neuronas en el área premotora del cerebro incluye trazar líneas complejas”. Y que “los ejercicios de trazado mejoran notoriamente a los niños en las tres áreas: el habla, la escritura y la lectura (...)”.

“La unión de letras y la separación de las palabras favorece otros aprendizajes. Es una escritura muy personal y emocional”.

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