LLegan Cartas

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Llegan cartas

Al intendente José Corral

JOSÉ R. ARÉVALO (*)

DNI. 18.520.726

Sr. intendente José Corral: el día 15 de noviembre, con motivo de la inauguración de la temporada de playa, tuve el agrado de recibir su visita y sus felicitaciones, dando la bienvenida a nuestro microemprendimiento familiar (un carro de playa de ventas de helados, jugos y licuados), el amarillo, ¿lo recuerda?

Bien, a partir de ese momento comenzó a suscitarse una serie de inconvenientes con la presencia del carro, el que cuenta con la habilitación expedida por el personal competente de su gestión. El tema es que me solicitaron, sin una justa razón, que retirara el carro y así lo hice.

Ante mi reclamo, fui visitado por una persona de la Secretaría de Innovación, quien, según expuso, había hablado con usted para que vuelva a mi lugar de trabajo (Costanera Este), donde estuve más de 1 año con la habilitación correspondiente. Pero sigo sin respuesta; es decir: me dicen que no puedo estar ahí.

Por eso, por este medio, apelo a Ud., a quien considero una persona justa. Cuando visitó la congregación Rayos de Luz, a la cual pertenezco, usted habló de una ciudad con posibilidad e igualdad para todos.

Soy discapacitado auditivo, pero no quiero pensión, ni subsidio, sólo, tan sólo, quiero seguir trabajando con lo que hoy es mi sustento y fuente de trabajo, recibiendo el afecto de nuestra clientela, que ganamos a través del sacrificio de pasar inviernos, lluvias y no sólo una temporada de verano.

Espero analice mi situación, dado que yo vivo del ingreso del carro.

Desde ya, muchísimas gracias. Dios lo bendiga.

(*) Carro Licuados y Helados. Hab. 170

Diversión desmesurada

MARÍA CRISTINA PEPE

DNI. 5.598.785

Quiero manifestar indignación y vergüenza ajena respecto de la Facultad de Ciencias Económicas, que no sé cómo les enseña a sus estudiantes que cuando se reciben avanzan desde esa impecable y hermosa facultad sin tocar nada, pero de allí hacia el sur -pasando por Moreno al 2400- riegan (y ensucian) de huevos y harina mezclados las veredas y paredes de todas las casas (esto pasó el lunes 3 de diciembre, como en otras oportunidades).

¡Qué se puede esperar de una casa de estudios que no se hace cargo de sus alumnos y de una Municipalidad que tampoco lo hace, de estos desmanes en lugares públicos!

¿Por qué no se arbitran medidas para que estas acciones privadas no se realicen en lugares públicos? Que las autoridades tanto académicas como municipales pongan la cabeza en solucionar estas situaciones desagradables a través de la educación en sus respectivos ámbitos.

Dicen que los jóvenes son violentos, pero también se les permite cortar la calle (como sucede en la Escuela Industrial) que están desde la mañana hasta la tarde y ya alcoholizados se producen desmanes, y sólo intervienen porque uno le rompió una botella en la cabeza a otro. No hay coto ni medida. ¿A qué estamos jugando nosotros, los adultos, profesores, padres? Porque en la Facultad de Ciencias Económicas hay padres y hasta abuelos que acompañan y aceptan esta forma de diversión desmesurada.

Estoy decepcionada, enojada. Pido por favor que las autoridades pertinentes (de la facultad y el municipio) vean cómo solucionar este problema.

El pueblo se educa con medidas y respeto, ¿qué se puede esperar de estos futuros profesionales economistas?, ¡por Dios!”.