Producciones especiales : : Diario El Litoral on line : :
Búsqueda personalizada
Sábado 06 de setiembre de 2008 | Santa Fe - Argentina    
Usuario
Clave
 

Año atroz
Por José Luis Pagés

La crónica policial cierra 2007, con un saldo aterrador. Más de un centenar de asesinatos los suicidios no se quedan atrás, dice en los números que La Capital, lejos de cultivar la cordialidad, está cada día más violenta.
¿Y quién se hace cargo de la escalada criminal?: `Que la sangre no nos salpique'', parecen decir los funcionarios cuando estos ``asuntos de familia'', estos ``problemas de convivencia'', estos ``hechos desgraciados'', irrumpen en sus cómodos despachos.
Pero alguno de ellos debería explicar por qué, casi a un cuarto de siglo del reencuentro argentino con la democracia, los santafesinos vivimos acosados por la barbarie.
Porque, ¿Es ajeno al cuadro ese extraño maleficio que convirtió a los ferroviarios, portuarios o talleristas de ayer, en los fiolos, dealers, limpiavidrios, taxi boys o cuidacoches de hoy en día?
¿Nada de todo esto será atribuible al soplo mágico que apagó las hornallas de las cocinas y enfrió los hogares, que despobló las mesas familiares y convirtió a las escuelas en comederos, fríos e impersonales?
El número de víctimas sorprende, pero estremece imaginar la cantidad de asesinos que andan sueltos, todavía.
Un pibe choro va contento por la vida, todo bien, pero de pronto aparece otro que le clava seis tiros por la espalda. Es una postal de la Villa X., pero igual vale para representar cualquiera de los cien rincones de una ciudad acorralada por el crimen.
Las macabras funciones callejeras parecen hechas a medida de los más chicos, la puesta los sorprende en la calle, la escena los invita. Por lo general los protagónicos principales sarán para otros, adolescentes apenas más grandes que ellos quienes, con un poco de suerte, podrán interpretar algunos papeles secundarios.
Las instrucciones de este juguete educativo, típicamente santafesino, permiten saber que a los tiros seguirán la sangre, los llantos, los gritos y las palabras apropiadas al momento como : ``¡Vo' si que fuiste buen choro, hermanito¡'', frases que quedarán grabadas en las tiernas cabecitas junto a otras memorables expresiones.
Luego, para cerrar el capítulo, los chicos formarán mayoritariamente en un cortejo de mujeres quejumbrosas, de amigos vengadores y viejos justicieros. Lejos quedaron los tiempos del Frankenstein que nos estremecía de pavor a la hora del matiné. Ahora los pibes actúan en historias tan espeluznantes como verdaderas. Un papá policía exige al hijo que lo mate, un viejo golpeador termina con la cabeza rota o el nene de la casa se vuela los sesos por una tontería.
Sobran los argumentos para decir que tocamos fondo y que de aquí en adelante sólo nos queda pelear por los espacios que arrebató la barbarie. Otro cuarto de siglo, sin norte ni guía, es imposible imaginar.

 


Miembro IAB ArgentinaCertifica Metric
Diario El LitoralCable & DiarioEl Litoral.com