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Bajo agua
Por Guillermo Dozo
Los santafesinos iniciaban 2007 con un enero sofocante. Pero también tenían fresco el recuerdo de un diciembre con muchas lluvias -el de mayor precipitaciones del último siglo- y con una Navidad bajo agua que apagó más de un festejo.
Tal vez, aquella lluvia navideña debió sopesarse como un preanuncio de lo que ocurriría apenas tres meses más tarde: Santa Fe sería noticia por inundarse. A mediados de febrero, el ministro de Asuntos Hídricos, Ing. Alberto Joaquín, anticipaba una crecida del Paraná con un pico máximo de 5,20 metros para el hidrómetro local y llevaba tranquilidad: ``No va a haber inconvenientes''. Sin embargo las previsiones se hicieron trizas. El 16 de marzo se registró un pico de 5,76 metros en el puerto local y a fin de mes, alcanzó un registro 5,94 metros. Del lado del Salado, también había mucha agua y el INA estimaba un pico de 6,30 metros. Entonces -en ese marco- ocurrió lo peor: la lluvia desbordó las previsiones y el intendente Martín Balbarrey debió decretar la emergencia hídrica un 29 de marzo. El agua, que afectaría a más de 80 localidades en el centro provincial, dejó al descubierto en Santa Fe una serie de problemas y de desaciertos: casabombas que no funcionaban; otras que funcionaban sólo en parte; un plan de contingencia desarrollado en los papeles pero no probado en las zonas más vulnerables; zanjas, cunetas y desagües tapados y barrios que nunca se habían inundado, quedaron con agua adentro de los domicilios. Miles de evacuados -nunca las cifras fueron confiables- distribuidos en decenas de centros, eran asistidos por el Estado. Y en esta nueva desgracia que se abatía sobre la ciudad hubo una nota distintiva: si bien la solidaridad se puso en marcha, ya no fue la misma, -ni por cantidad ni por intensidad- que la que se vio en 2003. Algo se había roto y para muchos, la situación ahora era responsabilidad directa de las autoridades.
Pero 2007 también será recordado como un año violento. Las estadísticas de la cantidad de muertos en nuestra ciudad estarán entre las más altas de los últimos años, y la inseguridad por estos días, trascenderá por haber ganado un enorme espacio en la agenda de los funcionarios y de los candidatos. Porque también habrá que recordar que desde el 2 de abril se vivió el proceso más largo que se recuerde en la idea de seleccionar, primero, y elegir, después, a las autoridades en la provincia y la ciudad. Y aquí, Santa Fe de la Vera Cruz vivió otro hito histórico de su larga vida: la joven democracia recuperada en 1983 lograba por segunda vez un cambio de signo político. El predominio del justicialismo vuelve a romperse tal como ocurriera en 1989 con el demoprogresista Enrique Muttis y es el turno del Ing. Mario Barletta que abre su acción de gobierno con un cúmulo de decisiones, entre ellas, declarar la emergencia hídrica en la ciudad por su ``vulnerabilidad''. |
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