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Viernes 05 de setiembre de 2008 | Santa Fe - Argentina    
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No hay tiempo para perder
Por José Curiotto

El desafío es enorme. Y lo saben.
Hermes Binner y Mario Barletta no asumieron sus respectivos cargos en las mismas condiciones que sus antecesores.
Sobre cada uno de ellos la ciudadanía colocó la enorme responsabilidad de personalizar un cambio que va más allá de signos políticos y que apunta, sobre todo, a modificar los estilos de gestión pública.
Durante los primeros días de gobierno, ambos mandatarios adoptaron una serie importante de medidas. Sin embargo, no hay demasiado tiempo que perder antes de que los votantes comiencen a reclamar la concreción de las promesas electorales.
Los desafíos para la ciudad de Santa Fe son numerosos. Existen, al menos, cuatro
ejes que deberán ser rápidamente abordados con políticas de Estado que cimienten el desarrollo futuro.
El primero radica en tomar las decisiones adecuadas para reunificar una ciudad visiblemente fracturada: por un lado, la Santa Fe que puja por crecer, embellecerse y desarrollarse; por el otro, un oeste postergado, sin servicios, habitado por decenas de miles de personas que han crecido fuera de cualquier posibilidad de inclusión.
Sólo si se aborda responsablemente esta problemática, sin demagogia y discursos vacíos, existirán posibilidades de éxito en el abordaje del segundo de los ejes planteados: la violencia.
Los últimos años demostraron que una mayor presencia policial es importante, pero no alcanza para atacar de raíz este flagelo.
El municipio será incapaz de encarar políticas efectivas en este sentido, sin un trabajo coordinado con el gobierno provincial. El derramamiento constante de sangre en Santa Fe no es un problema exclusivo de la ciudad, sino que deberá ser una prioridad para un gobernador que llegó al poder levantando las banderas de la inclusión social y el respeto por los valores humanos.
El tercer eje de gestión municipal deberá apuntar a preparar a la ciudad para las contingencias que inevitablemente deberá afrontar debido a su situación geográfica. El agua está allí y resulta inconcebible que sólo se la tenga en cuenta ante situaciones de emergencia.
La cuarta prioridad deberá ser el reordenamiento. El caos en el tránsito y la persistente radicación de viviendas en zonas inundables son apenas dos muestras de la falta de lineamientos. Una urbe sin reglas claras, difícilmente podrá desarrollarse en forma armónica.
En el ámbito provincial, también existen prioridades. Sin embargo, habrá que reconocer que Santa Fe es una provincia privilegiada en el contexto del país y que durante los últimos años fue prolijamente administrada.
Entre los mayores desafíos aparece la necesidad de terminar con el hipócrita discurso vinculado con el subdesarrollo del norte santafesino, para pasar de una vez por todas a los hechos. Inevitablemente, el sur rico y desarrollado_ deberá compensar las carencias de otras regiones y sólo el Estado podrá garantizar que así sea.
La reforma judicial es otra prioridad, así como la búsqueda de alternativas para que Santa Fe deje de ser absolutamente dependiente en materia energética.
Las expectativas ciudadanas ante estos cambios de gobierno son enormes. Y la responsabilidad que les cabe a los gobernantes, también.

 


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