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Lunes 12 de mayo de 2008 | Santa Fe - Argentina    
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El impacto económico del cambio climático
"Es mucho más barato hacer algo ahora que afrontar los costos después"

Lo dijo Stephen Green, economista del gobierno británico. Explicó que para mitigar los efectos del calentamiento global hoy hace falta invertir el 1 % del PBI global. Pero, si no se toman medidas urgentes, esta cifra podría trepar hasta el 20 % del PBI mundial, en las próximas décadas.

Gastón Neffen - gneffen@ellitoral.com



La confesión sonó sincera: "Los países en desarrollo no tienen por qué repetir nuestros mismos errores", argumentó Stephen Green, economista senior del Ministerio de Negocios Británico, bien serio y sin bajar la mirada, mientras contestaba las preguntas de El Litoral y de la prensa especializada en la Embajada Británica, en Buenos Aires.

Por un lado, estaba reconociendo que los países del Primer Mundo son los principales responsables del aumento de los gases que generan el efecto invernadero. "Los malos" de la película del calentamiento global, que comenzó precisamente en Inglaterra con la Revolución Industrial.

Por otra parte, buscaba salir de una posición incómoda: los países que crecieron económicamente a partir de una matriz energética basada en el petróleo y en el carbón -con alto impacto ambiental- pueden decirles a las cada vez más exitosas economías emergentes, como China, India o Brasil, que no hagan exactamente lo mismo (encima con el incómodo precedente de que el país que más gases emite a la atmósfera, Estados Unidos, todavía no ratificó el Protocolo de Kioto).

En realidad no tienen más remedio, porque si los negocios siguen igual -"business us usual", dijo Green- y encima se suman los gases que va a producir el acelerado crecimiento de estos nuevos jugadores, los riesgos son enormes.

Las conclusiones del Informe Stern (ver EL DATO), que Green explicó en Buenos Aires, advierten que para finales de este siglo las consecuencias económicas y sociales del cambio climático podrían ser comparables a los desastres que causaron las guerras mundiales y la depresión del '30 en el siglo XX.

Green hace casi una década que estudia este fenómeno. Formó parte del equipo que realizó el Informe Stern: "Nuestro objetivo fue entender la ecuación económica del cambio climático y también elaborar munición económica para convencer al mundo sobre lo que hay que hacer", recordó.

Lo munición quedó concentrada -sobre todo- en un argumento de peso: el dinero. "Es mucho más barato hacer algo ahora que afrontar los costos después", destacó Green. "Las políticas para mitigar las consecuencias del cambio climático deben ser consideradas una inversión", insistió.

Y agregó uno de los cálculos centrales del informe: "Para reducir y estabilizar la cantidad de dióxido de carbono que se emite a la atmósfera hay que invertir el 1 % del Producto Bruto Interno (PBI) global. En las próximas décadas, si no se acuerda una acción urgente y eficaz, esa cifra se multiplicaría como mínimo por cinco (entre el 5 y el 20 % del PBI mundial).

Lo que viene

El Informe Stern no tiene un tono apocalíptico. En los primeros párrafos se aclara que nadie puede predecir con total certeza los efectos del cambio climático; "pero sí contamos con suficientes conocimientos para percatarnos de los riesgos", precisa este trabajo.

¿Qué saben con seguridad? En primer lugar, que la temperatura promedio del planeta ya aumentó medio grado y que existe un peligro considerable (como mínimo del 77 %) de que sume un grado y medio más en las próximas décadas (cerca de 2050).

"Estos cambios tienen consecuencias económicas y sociales muy serias. Se anticipan más sequías, más incendios y más inundaciones. Más eventos extremos, en general", reconoció Green. "Aunque son supuestos, tal vez no se concreten todos juntos y a la vez", contextualizó.

Nuestros nietos enfrentarán un peligro aún mayor. Si la concentración de los gases que producen el efecto invernadero sigue creciendo, para el final del siglo XXI existe el riesgo de que la temperatura media del planeta aumente cinco grados.

"Esto colocaría a los seres humanos en un terreno desconocido", destaca el Informe Stern. Hay un buen ejemplo para graficar lo significativo que puede ser este cambio para toda la vida sobre la Tierra. La temperatura actual "sólo" es cinco grados más alta que la que existió durante la última glaciación (el pleistoceno, "La Era del Hielo" para los más chicos), señala el informe.

¿Por qué aumenta la temperatura del planeta? "Porque el ritmo anual de las emisiones de los seis gases que aumentan el efecto invernadero -sobre todo de dióxido de carbono- se está acelerando a medida que las economías en rápido crecimiento invierten en infraestructura alta en carbono y la demanda energética y de transporte va incrementándose en todo el mundo", señala el documento.

El ejemplo otra vez fue China. "Ellos ponen en marcha una planta de generación de energía eléctrica con carbón por semana", destacó Green. Pero el funcionario admitió que el consumo energético de los países del Primer Mundo también está en la mira.

"Es vital mejorar la eficiencia en el uso de los combustibles", reconoció. Green contó que su país investiga cómo incorporar energías renovables a su sistema de transporte, invierte en nuevas tecnologías energéticas (turbinas eólicas y la energía que producen las mareas, entre muchos otros desarrollos) y también trabaja sobre el consumo doméstico de energía eléctrica.

¿Qué proponen hacer?

Los autores del Informe Stern sostienen que la política para reducir las emisiones debe centrarse en tres elementos esenciales. Green volvió a enumerarlos en la Embajada Británica.

Primero, asignar un precio a las emisiones de carbono, acordado entre todos los países. Porque quienes producen estos gases están contribuyendo al cambio climático "e imponiendo costos a todo el mundo y a las futuras generaciones", se argumenta en el documento.

La idea es conocida. Asignar un precio al carbono -a través de impuestos, decretos o reglamentaciones- implica alterar la ecuación económica para que contaminar deje de ser un atajo rentable y sea cada vez más caro. Obviamente, esta política supone un control eficiente del Estado.

"Esto motivará a individuos y compañías a abandonar bienes y servicios altos en carbono, e invertir en alternativas bajas en emisiones", explican estos expertos.

En segundo lugar, Green sostuvo que es prioritaria la investigación de nuevas tecnologías. "Deben ser más eficientes y bajas en carbono", afirmó.

-¿Biocombustibles?, preguntó un periodista porteño.

-Sí, admitió Green, pueden ser un aporte importante para el transporte y la electricidad. Y la Unión Europea ya fijó metas concretas para su utilización. Pero también estamos analizando otras tecnologías. Nuestra energía renovable va a venir de muchas fuentes, no sólo de los biocombustibles, aclaró.

En Gran Bretaña, el debate sobre la nueva matriz energética está abierto. Green contó que estudian cómo aprovechar mejor la energía que producen las mareas y el viento. Exploran los biocombustibles de segunda generación, y realizan ensayos para lograr que los motores "convencionales" sean mucho más eficientes en su consumo energético. Además, el gobierno británico impulsa una consulta popular para decidir si debe permitirse un uso más extendido de la energía atómica.

El tercer eje se enfoca en cambiar hábitos y costumbres, para hacer más racional la forma en que la gente usa la energía. Aquí el objetivo es eliminar las barreras culturales que conspiran contra un consumo energético más estratégico.

Como se comentó anteriormente, se proponen campañas educativas en los medios de comunicación, la emisión de facturas más detalladas y precisas -para que los clientes sean más eficientes al ahorrar- y establecer códigos de edificación para adaptar las casas, oficinas y edificios a las nuevas pautas de consumo energético; entre muchas otras medidas.

Pero hay un problema: el cambio climático es un desafío transnacional. Ningún país puede resolverlo solo. Por eso -para cerrar- Green volvió a insistir con la "munición" económica más contundente del Informe Stern. "Tiene más sentido hacer estos cambios ahora, es más mucho más barato que afrontar las consecuencias después", finalizó.

Los riesgos del calentamiento global

Sobre la base de las tendencias climáticas actuales, que proyectan un aumento de por lo menos un grado y medio en los próximos cincuenta años, el Informe Stern procura establecer "la probable magnitud de los riesgos contra los elementos básicos de la vida humana y animal".

Estos expertos plantean que las consecuencias más graves podrían ser:

- El suministro de agua se vería considerablemente reducido y podría amenazar al 16 % de la población mundial. Es mucho más alto el riesgo de eventos extremos: inundaciones, sequías e incendios.

- Peligro de inundaciones en grandes ciudades costeras (New York, El Cairo, Tokio, etc.) por la fusión de los glaciares. Es posible que 200 millones de personas se vean permanentemente desplazadas por el aumento del nivel del mar.

- En las latitudes más altas disminuirá el número de víctimas por el frío intenso. Pero podrían hacerse más prevalentes enfermedades como el dengue y la malaria (características de zonas más cálidas).

- El cambio climático afectaría a distintos ecosistemas que pueden verse expuestos a riesgos de extinción. ¿A cuántos? La proyección todavía no es demasiado precisa: entre el 15 y el 40 %.

- La acidificación de los océanos -por el aumento en los niveles de anhídrido carbónico- tendría serias repercusiones para los ecosistemas marinos y en la población de peces.

Además, en el informe hay una advertencia que deberían tomar muy en serio los países menos desarrollados. "Los impactos del cambio climático no se sentirán de igual forma en todo el mundo. Los países más vulnerables sufrirán antes y mucho más, aunque hayan contribuido menos a sus causas".

El informe Stern

Es un trabajo que analiza las consecuencias económicas del cambio climático. Además, explora cómo debería realizarse el proceso de transición a una economía con bajas emisiones de dióxido de carbono -para reducir o al menos estabilizar el efecto invernadero- y también cómo pueden adaptarse las sociedades a las consecuencias del cambio climático que ya son inevitables. Tiene 700 páginas y lo elaboró Nicholas Stern -fue economista jefe del Banco Mundial- a pedido del gobierno británico. Este trabajo está considerado como la primera contribución significativa que realiza un economista al debate sobre el calentamiento global. En este link: http://www.hm-treasury.gov.uk/media/7/4/stern-longsummary-spanish.pdf, se puede consultar e imprimir un resumen oficial del estudio.

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