| Luego del traslado
de la ciudad, y con posterioridad a la designación de Santa Fe como
‘‘puerto preciso’’ por parte del poder colonial
(1662), tuvo lugar ‘‘la primera obra pública de gran
aliento, ligada directamente al líquido fundamental’’
(1), que consistió en unir el agua dulce del Colastiné
con la ciudad.
‘‘Nos referimos al zanjón de varios kilómetros
que, abierto a pala y pico, tuvo por objeto provocar una corriente de
agua siempre renovada, que partiendo del río Colastiné abasteciera
el consumo de la ciudad recostada sobre lagunas. La erosión lenta
pero empecinada, convertiría esa labor en lo que hoy es el riacho
Santa Fe’’.
Durante el período colonial y parte de la emancipación
nacional, los santafesinos recurrieron al aguatero, los aljibes, las tinajas
con filtros y otros elementos para el consumo diario de agua.
Mucho más adelante, a fines del siglo XIX, se mencionó
la posibilidad de utilizar al río Colastiné como fuente
de captación de agua cruda y tratarla con el fin de brindar el
servicio sanitario básico. Fue en 1898.
La Municipalidad llamó a licitación para la provisión
y concesión de un sistema de distribución domiciliario de
agua potable en 1897. En febrero de ese año hubo dos oferentes.
Si bien la operación de concesionamiento no se concretó,
en este primer antecedente y en la oferta ganadora se encuentran los elementos
clave de cómo se llegó —más adelante—
a prestar efectivamente el servicio.
Las dos empresas que manifestaron interés en hacer las obras de
captación, tratamiento y distribución de agua potable fueron
las firmas Lenhardtson y la de los socios Agustín González
y Juan Puig.
El proyecto ganador habló por primera vez de la necesidad de aprovechar
la calidad de las aguas del Colastiné, ubicando a la toma aguas
arriba del puerto que entonces estaba sobre ese caudaloso río.
Hasta 1900 las posibilidades de que la privatización tuviera éxito
eran pocas; entre otras cosas porque se había dispuesto que los
terrenos baldíos no pagaran la tasa obligatoria para la futura
provisión y los números no cerraban. (Debe pensarse que
se trataba de crear el servicio).
Para cuando la licitación quedó sin resultados, en el año
1901, el ingeniero Agustín González (2)
formaba parte de un organismo nacional, la Dirección General de
Obras de Salubridad, que finalmente tomó su proyecto para proveer
de agua potable a la capital santafesina, con el Colastiné como
fuente de captación.
El servicio se habilitó en octubre de 1907, tras cuatro años
de trabajo. A causa de la inundación de 1905 —que se llevó
el acueducto de madera hecho a la altura donde ahora está el Colgante—,
el servicio se inauguró con una toma de agua provisoria, debiéndose
utilizar al riacho Santa Fe como fuente de captación.
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(1) Vittori, Gustavo José,
‘‘Santa Fe en Clave’’. Diario El Litoral, 1999.
(2) El ingeniero Agustín
González (1853-1917) era cordobés y llegó a ser secretario
de Obras Públicas de la intendencia de Torcuato de Alvear en la
ciudad de Buenos Aires. Intervino en proyectos sanitarios de esa ciudad
y, además de Santa Fe, en los de Córdoba, San Luis, Mendoza,
San Juan, Tucumán, Jujuy, Salta y Mar del Plata. Fue el primer
presidente de Obras Sanitarias de la Nación, entre 1912 y 1914.
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