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Domingo 20 de julio de 2008 | Santa Fe - Argentina    
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De cómo se decidió
su construcción
La historia que antecede al Colgante, y su propia historia, es el resultado de una relación difícil, y por lo tanto atractiva. La protagonizan la ciudad y el río y, como otras con los mismos actores, constituye parte de nuestra identidad.
Una y otra vez, a lo largo del siglo pasado, se recrea el inevitable conflicto de las fuerzas que, con capital y trabajo —pero sobre todo con ideas—, procuraban el desarrollo de lo que era casi una aldea.

El hilo narrativo de cómo se decidió la construcción del Colgante nace del río que hace ‘‘ser’’ a la ciudad, y de la ciudad que trata de ‘‘hacerlo’’ a sus necesidades. La ciudad necesita del agua y el río, que a su vez reclaman lo que les pertenece.

En esa historia de crecidas, bajantes, inundaciones y obras, hay un tercer personaje que hoy vemos pasar sin prestarle demasiada atención: el camalote.

Por fin, otras fuerzas también parecidas al movimiento de los ríos, invadieron y anegaron los proyectos: la guerra y los precios de los mercados.

El puente acueducto

‘‘Para proveer de agua a la ciudad de Santa Fe, las cañerías de 11 km de longitud que la conducen desde la Toma en el río Colastiné, aguas abajo de San José del Rincón, deben atravesar una sucesión de terrenos bajos, dos arroyos importantes (los Saladillos primero y segundo), y finalmente cruzar el lugar donde la laguna Setúbal echa sus aguas en el río Santa Fe, frente mismo a la ciudad, sobre la prolongación del bulevar Gálvez.

‘‘Este último cruce, el de la laguna Setúbal, ha constituido siempre el punto más vulnerable de los organismos de suministro de agua a la ciudad, hasta que se habilitó el actual puente Colgante, a cuyo proyecto y construcción habremos de referirnos en el presente artículo’’.

Ambos párrafos pertenecen al trabajo ‘‘El Puente Colgante sobre la laguna Setúbal (Santa Fe)’’, del ingeniero Rogelio Eiriz (De la Dirección Técnica Capital de Obras Sanitarias de la Nación). Fue publicado en el Boletín Nº19 de ese desaparecido organismo nacional, en enero de 1939.

Buena parte de la información aquí reunida corresponde a un apartado del relevamiento del ingeniero Eiriz. Los datos figuran bajo un subtítulo que provoca inmediata curiosidad: ‘‘Puentes que precedieron al Colgante’’.

1904-1905 Puente Carretero de madera dura: Cuando se decidió la ejecución de este puente existía sólo vinculación ferroviaria con San José del Rincón y el antiguo puerto de Colastiné.

Como los puentes que le siguieron, tuvo un doble propósito: servir de soporte para la cañería de impulsión de agua cruda proveniente del Colastiné y habilitar el paso de vehículos.

Sin embargo, el armazón de madera dura nunca pudo ser usado porque en plena construcción tuvo lugar la crecida de 1905, y en la noche del 6 al 7 de junio quedó destruido en gran parte, por ‘‘el empuje de los camalotes que se acumularon contra él y por la considerable socavación del cauce, que fue determinante también de la destrucción del puente del ferrocarril a Colastiné, situado 150 metros aguas abajo’’.

Aquella riada dio una lección a los santafesinos sobre el material utilizado, y también sobre la escasa luz de paso que la estructura de madera ofrecía.

El puente fallido tenía dimensiones que hoy resultan increíbles: pretendía asegurar la unión de ambas costas con apenas 264 metros de largo, casi 100 metros menos que el Colgante o el Oroño.

Se lo diseñó en 36 tramos de 6 metros, más otros 4 centrales de 12 metros cada uno (su ancho fue previsto en 6,35 m).

Se debe pensar que en total, se ubicarían 39 soportes (más ambos estribos) que actuaban como una barrera para los camalotes, y causaban su embancamiento. Al río, con los embalsados pujando de su lado, le costó poco derribar este primer intento.

Red sanitaria

El fracaso del puente de madera tenía directa vinculación con los problemas sanitarios de la ciudad a principios de siglo.

De todas formas, la entonces Dirección Nacional de Obras de Salubridad, que dependía del Estado nacional, logró el tendido de la cañería de agua potable por las calles de una urbe que en esa época fácilmente se recorría a pie, y cuyos mapas hacían ver al actual barrio de Guadalupe casi como otra localidad.

La ejecución de la tubería de distribución comenzó en 1903 y por primera vez Santa Fe tuvo agua potable el 1º de octubre de 1907, con el riacho Santa Fe como fuente de captación. El servicio llegaba a un año de su inauguración a tan sólo 2.657 propiedades.

Al comenzar el siglo Santa Fe tenía unos 30.000 habitantes, y según el censo municipal de 1907 en la ciudad ya vivían 44.257 personas (1). Una ordenanza municipal del 30 de diciembre de ese año obligó a conectarse al nuevo servicio a las casas de inquilinato, panaderías, fábricas de licores ‘‘y a todo otro establecimiento insalubre que se halle ubicado dentro del radio que abarca el servicio’’. (2)

Puente acueducto de estructura mixta (1909- 1912)

Tal como le ocurrió a los santafesinos entre 1983 y 1995, al habilitarse el servicio de agua potable se contó exclusivamente con una toma de agua cruda sobre el riacho Santa Fe. También por entonces, se usaba la palabra ‘‘provisoria’’ para una situación de varios años, que aún se repite según las condiciones de demanda.

El puente-acueducto de estructura mixta (según la denominación que le dio Obras Sanitarias), servía sólo para soportar el peso de la cañería de agua, y no cumplía con el esperado nexo carretero que los santafesinos necesitaban para ir a Rincón. Prestó sus servicio durante sólo tres años.

A diferencia del primero, se le hizo una luz central más amplia, utilizando como pilares caños de hierro fundido. En ese sector había 5 tramos metálicos de 16 metros cada uno y en el resto 35 tramos de madera dura.

La principal preocupación de sus diseñadores fue asegurar un conducto para la provisión del agua, y reforzar el tramo central que debía enfrentar los camalotes de cada crecida.

Se recurrió al metal para crear tramos más extensos en el sector central, con el fin de facilitar el escurrimiento, a lo largo de 80 metros en la zona más correntosa de la laguna, pero igualmente el río volvió a vencer.

Puente carretero de estructura metálica (proyectado en 1915)

Esta vez, los proyectistas pensaron en una estructura que parecía capaz de resistir crecientes y embalsados de camalotes. Pero no se concretó porque los precios del metal se dispararon hasta el absurdo por la Primera Guerra Mundial.

Su licitación en 1916 fue un rotundo fracaso y crecía la preocupación en la capital santafesina, porque la expansión del servicio de agua potable requería de una mayor capacidad para trasladar agua cruda del Colastiné.

El censo de 1914 registró en Santa Fe unos 70.000 habitantes, y el servicio de agua potable por redes (que llegó mucho después que la electricidad, el pavimento de adoquines, el tranvía y el ferrocarril) alcanzaba a un sector reducido de la ciudad.

Un plan de expansión del servicio hizo necesario aumentar la cantidad de agua cruda a transportar desde el Colastiné. Hasta entonces, la cañería de 11,5 km (desde la toma hasta el establecimiento potabilizador) era de 40 centímetros de diámetro y se proyectó añadirle otra, paralela, de 75 cm de diámetro.

‘‘Se proyectó un puente metálico, carretero, que por sus características constituía una obra de gran importancia. Se pasaba así de los puentes de madera con tramos de pequeña y mediana luz a los metálicos de luces mayores, para facilitar el paso de camalotes’’, describe el ingeniero Eiriz (3).

Se previó que el cordón inferior de las vigas principales estuviera un metro y medio más alto que el nivel más importante alcanzado por la laguna.

‘‘El puente debió ser de 7 tramos iguales, de acero, de 36 metros de luz cada uno, apoyados en pilas metálicas revestidas de madera dura, de modo de formar paramentos lisos que evitasen la detención de camalotes.

‘‘Las vigas principales, parabólicas, permitían entre sí, una calzada de 6 metros de ancho y al exterior correrían dos veredas para ubicar debajo de éstas los conductos’’ para transportar el agua.

Puente carretero, de hormigón armado (proyectado en 1916)

Tras la fallida licitación del puente metálico, se pensó en un proyecto similar pero de cemento. Finalmente se llamó a licitación el 12 de abril de 1917, con un pliego abierto a ambas posibilidades: metal y hormigón armado. Sin embargo las ofertas que se recibieron fueron de costos aún mayores a la anterior, que ya había sido desechada por el disparatado aumento de precios de los mercados a raíz de la contienda bélica europea.

Mientras tanto, como simple acueducto seguía funcionado el viejo puente de estructura mixta, que —nuevamente— cayó ante el avance de las aguas en 1919.

Una tubería flotante, suministrada por la Dirección General de Navegación y Puertos permitió volver a unir las aguas del Colastiné con la planta potabilizadora.

Se hizo una nueva obra sobre el acueducto, que consistió en elevar el tramo que había sido arrasado por la crecida del ‘19, pero en 1921 nuevamente se perdió esa conexión.

Se construye el puente carretero de cemento armado

Ante la especulativa situación de los mercados y la guerra, el Estado decidió tomar en sus manos la construcción del puente que se veía como la solución más adecuada en 1919.

Todo hacía prever que habría una bajante (como había ocurrido tras cada inundación) y que durante el año 20 se construiría el deseado puente-acueducto, esta vez de cemento armado.

No fue así, hubo una prolongada riada y sólo pudo ejecutarse el pilotaje correspondiente al lado Santa Fe.

El proyecto ahora contemplaba sólo 8 pilares de apoyo, contando sus estribos, para dar una mayor luz de paso a los embalados de camalotes.

Si bien su realización quedó trunca porque la crecida —una vez más— obligó a abandonar los trabajos, al menos parte de las tareas sirvieron para la construcción del Colgante.

Del proyectado puente se rescató toda la construcción de los pilotes y una renovada lección: debían evitarse los obstáculos al paso de los camalotales.

Hubo un importante estado de avance de las obras, al punto de que había llegado a ejecutarse un puente de servicio provisorio para la construcción del definitivo que —junto al acueducto también provisorio—, fue arrastrado por las aguas en marzo de 1921.

La lucha por salvar la estructura fue intensa pero sin frutos. Había dotaciones de obreros que, caminando sobre los embalsados que se formaban junto al puente en construcción cortaban y arrancaban sus bordes para desarmar la vegetación.

Tal era la cantidad de plantas flotantes apelmazadas contra parte de los apoyos del puente que —con sus raigones y tierra— llegaba a tener entre un metro y medio y dos de profundidad.

Aquella crecida determinó también la inutilización del puente del ferrocarril francés a San José del Rincón.

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(1) Vittori, Gustavo José. ‘‘Santa Fe en clave’’, Diario El Litoral, 1999.
(2) Collado, Adriana; Muller, Luis; Budano, Raúl. ‘‘Agua y Saneamiento en Rosario y Santa Fe. Un patrimonio con futuro’’. Fundación Cedodal - Aguas Provinciales de Santa Fe, 1999.
(3) Eiriz, Rogelio. ‘‘El Puente Colgante sobre la Laguna Setúbal (Santa Fe)’’. Boletín Nº 19 de Obras Sanitarias de la Nación, Buenos Aires, enero de 1939.

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