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| Manos a la obra | ||||
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| La bella estructura
erigida durante la década del veinte en el pasado siglo no fue concebida
como una obra monumental, y tampoco su reconstrucción tiene ese carácter.
Aunque por tratarse de un entrañable y valioso testimonio vivo de desarrollos tecnológicos de fines del siglo XIX (compuesto por más de mil piezas ensambladas como un juego de mecano), en el seguimiento de la obra de reconstrucción ha intervenido activamente la Comisión de Defensa del Patrimonio Histórico y Cultural de la Ciudad. Sus opiniones sobre tratamientos técnicos y estéticos —entre ellas, el color que finalmente tiene el puente—, fueron avaladas por el gobierno provincial en el propio contrato firmado con la empresa CCI Construcciones, que desarrolló el proyecto.
Ahora, ambos puentes forman parte de un proyecto mayor, que procura mejorar las condiciones de circulación, en uno de los accesos más complejos de nuestra ciudad, ampliando las alternativas de comunicación a un sector urbano en constante crecimiento. Por eso, las obras complementarias añaden un camino paralelo a la ruta nacional Nº 168, en el tramo hasta El Pozo. La reconstrucción brinda posibilidades turísticas y de disfrute visual que están a la altura del entorno que completa y une: los bordes de la laguna, el paisaje ribereño y urbano. Con las nuevas obras, más que cerrar uno de los límites de la ciudad, la Setúbal es un plano abierto que ofrece interesantes perfiles de Santa Fe. Antiguo y moderno Con testimonios físicos en su estructura (que cualquiera puede notar sin ser un experto), la reconstrucción ha respetado tanto la historia de casi un siglo, como las razones que motivaron su construcción en la década del ‘20. Como ejemplo, vale decir que se ha incorporado a la obra una tubería que ya no cumple funciones, pero que fue su razón fundante. También el propio metal del puente advierte de un hecho más reciente, y de los más penosos para la ciudad, ocurrido el 28 de setiembre de 1983. Lo que quedó en pie ese día —luego apuntalado cuando se extrajo del lecho la antena colapsada y otros hierros retorcidos, en 1984— se ha mantenido lo más fiel posible al diseño original. Se utilizó todo el material que quedó en buenas condiciones. La reconstrucción puso bajo inventario cada una de las piezas retiradas de la calzada que sobrevivió en el ‘83, para devolverlas al puente, cuando fue posible (o dejarlas bajo custodia provincial para un futuro museo). Huelga decirlo, un criterio responsable, totalmente opuesto al vergonzoso suceso de 1984/85, cuando se vendieron (y robaron) perfiles de hierro del tablero que sostenían el desaparecido entablonado. Tienen 75 años la antena del lado oeste, el tramo de la cañería hasta ese punto, lo mismo que las barandas exteriores y el pórtico. También, las escalinatas y balcones de estilo neoclásico, de acceso a las veredas, junto a la Costanera que hoy es el principal paseo santafesino, pero que no existía cuando el puente se habilitó al tránsito por primera vez —sin actos oficiales— en 1928. Es intencional que la otra antena, la nueva —del lado este—, no tenga los característicos remaches de su hermana más antigua. Colocarlos hubiera sido fingir una resolución tecnológica de fantasía, porque aquella técnica metalúrgica ha quedado en el pasado. Ahora se usaron métodos de soldadura moderna y esa evolución se debe mostrar sin encubrimientos. Sin duda, por razones de practicidad y necesidades de agilizar el tránsito, era imposible volver al entablonado de madera, y quienes tengan el recuerdo de aquel traqueteo deberán atesorarlo y transmitirlo. Todo el tablero, los cables, los pilotes en que se apoyan ambas pilas y las veredas en voladizo —lo mismo que la baranda interior, antes inexistente— son nuevos. Patrimonio El puente sigue siendo colgante porque su estructura deja suspendido el tablero, pendiendo de los cables izados a través de las antenas. No se ha hecho un puente rígido, como los modernos, ni atirantado. El proyecto logró preservar elementos originales e integrar los nuevos, mostrar sus diferencias, hacerlas evidentes y, al mismo tiempo, no romper la unidad visual de la obra. La forma como se distribuyen los pesos, esfuerzos y como se sostiene el puente —dejando librada una amplia luz de escurrimiento para las aguas— es idéntica a la obra que realizó la compañía francesa Chantiers & Ateliers de la Gironde. Para los santafesinos, ha sido mucho el tiempo transcurrido desde que El Litoral retrasó su edición para llevar en la primera plana la impactante noticia de las 16.35 horas. Al día siguiente, este diario expuso el anhelo mayoritario: ‘‘Un adiós que quiere ser hasta luego’’. En plena tarea de reconstrucción, una comitiva de funcionarios visitó las obras, en noviembre de 2001. Fue la primera vez que —además de los trabajadores— otras personas pudieron volver a caminar sobre el Colgante desde una orilla hasta la otra. Entre los periodistas presentes había muchos jóvenes, que no tenían ningún recuerdo del puente, y confesaban su primera experiencia con un símbolo que —evidentemente— estaba en plena recuperación. |
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