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Sábado 30 de agosto de 2008 | Santa Fe - Argentina    
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El montaje deparó sorpresas
‘‘Fue un trabajo muy especial, lógicamente no había antecedentes y la gente preparada para este tipo de obras ya no existe. Lo que hicimos con la gente de CCI fue revisar cómo se hizo el montaje en la década del ‘20, y adaptarlo a los equipos que ahora usamos, con los diseños del nuevo proyectista que fue el ingeniero Polimeni, un profesional muy renombrado a nivel nacional’’, dice quien dirigió todos los operativos de montaje que tuvieron a la grúa El Indio y el ferry Dolores de Urquiza como protagonistas.

Norberto Page, quien es perito naval en salvamento y buceo, comenzó a trabajar como buzo, y con la empresa Balpego SA —de la que es uno de sus accionistas— tuvo a su cargo el montaje de los 548 cables, los 20 tramos del tablero y la nueva antena. El equipo de trabajo en Santa Fe llegó a las 34 personas.

‘‘No puedo comparar esta obra con ninguna anterior, y tengo hechos varios puentes, sí puedo decir que me ayudó mucho la experiencia de haber trabajado tanto con cables de acero. Le advierto que, si bien el subcontrato con CCI nos llegó formalmente poco tiempo antes de comenzar la obra, sobre el tema estamos trabajando desde el año anterior, estudiándolo’’.

Tras casi un siglo, ‘‘el cambio tecnológico es enorme, al punto de que lo que en la década del ‘20 podía hacerse durante años aquí se debía resolver en cuestión de meses. Cambió desde la disponibilidad de recursos hasta las profundidades de la laguna. Hasta las barandas de los puentes tienen hoy otras regulaciones, que el original no se respetaban y ahora se adaptaron para que se cumplan’’.

Toneladas de experiencia

Proviene de una familia de marinos, y el primer Page que llegó a la Argentina fue un norteamericano que tuvo la misión de hacer un relevamiento del río Pilcomayo, tarea que —curiosamente— culminó uno de sus descendientes. ‘‘Hemos encontrado una raíz francesa en el apellido, pero tenemos que reconocer que es más inglés que la reina’’, dice con cierto cómico fastidio. Es casado, tiene cuatro hijos y el menor parece dispuesto a seguir sus pasos.

Como todos, (la entrevista fue en diciembre de 2001) lamenta tener que pasar más horas en los bancos que en su trabajo.

Comenzó como buzo en obras, fue oficial de Prefectura, y luego se dedicó al salvamento. Acumula antecedentes notables. Durante años, fue gerente de operaciones y diseñó las maniobras de la mayor grúa de Latinoamérica, la Satecna Uno, montada en 1979, capaz de mover 2.000 t (La que se usó en el Colgante midió 100 t en su prueba de carga).

Aquel impresionante equipo (que en un 40% pertenecía al Ministerio de Defensa y el resto era privado) se usó fundamentalmente en el reflotamiento de barcos y en su primera operación seria quitó del fondo del Canal de Punta Indio, un balizador de la Armada hundido, con un esfuerzo de 1.850 t. ‘‘Lo más difícil fue el lingado, que los cables de acero tengan correctamente repartidos los esfuerzos, no se rompa el casco, etc.’’.

Mercenarios con hinchada

‘‘Los que trabajamos en este tipo de cosas, somos como mercenarios, vamos a dónde nos paguen... no nos importa mucho más. Aquí pasó algo extraordinario. El cariño de la gente de Santa Fe por el puente se nos fue transmitiendo a todos, digo a todos los que trabajamos, no sólo mi equipo. Hubo gente que nos felicitaba, nos preguntaban fechas, personas que pasaban horas mirando... Realmente, fue una obra con hinchada, y eso pesó mucho, se nos transmitió una presión muy fuerte, jamás lo viví con esta intensidad tan particular’’.

‘‘Para nosotros al principio era sólo un puente, uno más, con sus complicaciones extra... Después nos contagiamos. Los santafesinos que trabajaron con nosotros (18 personas) lo vivieron como algo histórico que enriquecía sus vidas. Y eso hace que todos pongan algo más que lo que normalmente ocurre. Con CCI Construcciones y todas las demás subcontratistas se armó un equipo realmente muy valioso’’.

Lo más difícil

‘‘Montar la antena no fue la tarea más compleja, aunque estaba todo el mundo pendiente de esto. En realidad, todo resultó perfectamente, sin ningún inconveniente’’, responde, e informa que inicialmente el proyectista había reproducido un sistema de montaje de la antena por partes, en el mismo lugar de su emplazamiento definitivo, tal como se hizo en los años ‘20, criterio que cambió por intervención del propio Page, con lo cual se recurrió a los enormes equipos flotantes.

‘‘Lo más difícil —sigue—, fue montar los cables. Ahí, una diferencia de 5 cm en un cable de 150 m es una enormidad y los materiales estaban realmente en excelentes condiciones. Debimos tener un enorme cuidado en su distancia, fue lo más engorroso, aún en diciembre de 2001 debimos seguir regulando distancias. Hay distintas resistencias, características de los cables, funciones, y cada uno debe quedar en perfecta posición. Se requiere mucha paciencia’’.

El traslado de los tableros fue también complejo pero no tanto como los cables. ‘‘Cada montaje implicó tomar medidas y hasta por centímetros hemos discutido, pero funcionó muy bien, porque hubo un muy buen montaje de los cables’’.

Solución inesperada o ‘‘saber escuchar’’

‘‘Sabíamos que si todo estaba bien armado, lo de los tableros debía funcionar y así fue, todo encajó perfecto. Salvo uno, en el que hubo un obstáculo que nadie previó’’, dice, sabedor de la pasión local por el más mínimo detalle del puente. Con tono porteño, remata tras un café, ‘‘en esto hay que saber escuchar todas las opiniones’’.

Al problema, ‘‘no lo vimos nosotros, ni los proyectistas, ni durante el trabajo. Y lo curioso es que se resolvió siguiendo la opinión de alguien que no tenía ninguna experiencia ni incumbencia en montajes: el supervisor de seguridad’’, que se llama José Luis Robert, un santafesino técnico en seguridad industrial e higiene.

‘‘Nos mirábamos buscando una solución, estaba toda la planta directiva de CCI, el ingeniero Vega, nosotros, y nos habíamos quedado sin argumentos: los cables de levantada tocaban los del puente y eso no nos permitía girar en 90 grados el tablero, como se había previsto, con la grúa El Indio’’.

El tramo problemático de los 20 que tiene el puente es exactamente el del medio, y en los papeles debía presentarse de punta y luego girar 90 grados hasta su posición, desde arriba hacia abajo.

‘‘Lo colocamos de una forma de lo más original, que sólo alguien que no tiene esta especialidad pudo imaginar, el amigo Robert: calzó a contrapelo, invertimos totalmente el proceso que seguíamos’’.

El segmento de hormigón y perfiles metálicos ‘‘entró desde abajo (los demás se colgaban desde arriba) y desfasado en 30 centímetros. Lo subimos y corrimos hasta su posición definitiva, calzó con sólo 5 milímetros de diferencia y hubo que picar antes un poco el piso de hormigón para que pasara’’.

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