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EDITORIAL

El postergado viaje de Cristina a la isla de Cuba

Un cuadro de lipotimia asociado con una deshidratación fueron las causas clínicas que impidieron el viaje de la presidenta a Cuba. Según informaciones disponibles, la gira se reprogramó para el próximo 18 de enero, por lo que no hay razones para pensar que esta suspensión obedezca a motivos diferentes de los enunciados públicamente.

Las relaciones de los Kirchner con la dictadura cubana son ambiguas, pero mucho más distendidas que las que sostuvieron De la Rúa y Menem. A las pocas semanas de haber asumido el poder, Kirchner permitió que Fidel Castro hiciera un acto público en la explanada de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Buenos Aires. Más adelante, fue uno de los invitados principales a la reunión que se celebró en la ciudad de Mar del Plata para repudiar el Alca.

Sin embargo, el romance con la dictadura cubana no pudo sostenerse, entre otras cosas porque la naturaleza misma de ese régimen impide una relación normal. La buena predisposición de los Kirchner hacia la isla pronto se vio afectada por el caso de Hilda Molina, la destacada médica cubana que desde hace unos quince años brega por salir de su país para visitar a su hijo y a su nieto que residen en la Argentina.

Molina fue en su momento una de las profesionales de notas comprometidas desde el campo de la medicina con la revolución. Disidencias políticas que nunca fueron explicitadas con claridad, la apartaron de la “nomenklatura” y a partir de entonces el gobierno cubano considera que autorizar el reclamado viaje a Buenos Aires podría poner en riesgo la seguridad de ese Estado.

Se sabe que las dictaduras son paranoicas y que sus estructuras de poder son rígidas. Nadie en su sano juicio podría suponer que Hilda Molina representa un peligro para la seguridad del régimen. Sin embargo, desde hace cincuenta años los cubanos han aceptado que desde el poder se tomen decisiones fundadas en argumentos herméticos, propios, además, de todos los regímenes autoritarios.

Cuando Fidel Castro dio un paso al costado y su hermano Raúl asumió la titularidad del poder, las presiones internacionales lograron que la madre de Molina, Hilda Morejón, pudiera viajar a Buenos Aires. En ese momento quedó al desnudo la naturaleza perversa de una dictadura que luego de innumerables presiones consintió que una anciana de noventa años pudiera viajar para ver a su nieto y bisnietos.

Estos temas, y otros relacionados con el comercio bilateral, así como la inserción de Cuba en Latinoamérica, son puntos a tratar por la presidenta cuando concrete el viaje a la isla de los Castro. Sería interesante saber cuál es la valoración política de Cristina Kirchner sobre lo que allí sucede. Atendiendo a algunas de sus declaraciones es probable que no comparta el rigor de la dictadura, pero conociendo su visión del poder podría suponerse que en algún punto mirará con nostalgia un régimen que no necesita del Congreso, ni de la Justicia independiente ni de una prensa opositora para legitimarse.



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