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Un cómico eterno

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Imagen de archivo del cineasta. A su espalda, la residencia que acogerá el museo.

Pasados treinta años de la muerte del intérprete más conocido del cine mudo, un novedoso museo dedicado a su figura abrirá en 2012 en la casa suiza donde Charlie Chaplin pasó sus últimos veinticinco años, y en la que se podrá apreciar el arte de este londinense que innovó el concepto de humor.

TEXTO. RAFA CABALLERO. FOTOS. EFE REPORTAJES.

El distintivo andar fluctuante de Charlot -el personaje más célebre de Charlie Chaplin-, su sombrero de copa y su inconfundible bigote, así como su característica emotividad expresiva, resaltada por los límites técnicos del cine de los años veinte, llevaron al cineasta a la cumbre de la fama de su época.

Gracias a su humor universal, este intérprete nacido en Londres en 1889 -que se subió a un escenario por primera vez con cinco años, al descender de una familia de artistas- se convirtió en una de las primeras estrellas mundiales del espectáculo y en uno de los grandes genios de la historia del cine.

Tras ganar tres Óscar, uno de ellos honorífico, en 1972, lo que motivó una de las mayores ovaciones que se recuerdan en la gala de entrega, decidió abandonar Estados Unidos con 64 años, en 1953, víctima de la “caza de bruzas” de McCarthy por su presunta simpatía con el comunismo, y se instaló en Suiza. Allí, con su familia, y donde se criaron los ocho hijos de su último matrimonio, vivió hasta el día de Navidad de 1977. Una tercera edad que no tuvo la relajación común de los jubilados.

“Siempre estaba activo”, recuerdan sus vástagos, quienes han impulsado el museo que homenajeará a su padre en su residencia helvética, llamada Manoir de Ban, en el pueblo de Corsier-sur-Vevey, donde siguió haciendo películas y compuso bandas sonoras para acompañar las reediciones de sus películas mudas, además de escribir su autobiografía.

En ese refugio, una mansión del siglo XIX cuya reforma para convertirla en el museo empezará el próximo junio, el comediante encontró un enclave inspirador con una despejada panorámica del Lago Leman y los Alpes franceses. “Se trata de uno de los más bellos paisajes de la Riviera suiza según el arquitecto del proyecto, Philippe Meylan, a dos pasos de Lavaux, ciudad patrimonio mundial de la Unesco”.

El precioso entorno ayudará a cumplir la pretensión del futuro centro: recordar al hombre, su trabajo y su vínculo humanista con su entorno, según los impulsores del museo. Intentarán que el visitante se sienta como un invitado del maestro, que pueda revivir la intimidad de la familia, y percibir la presencia psíquica de Chaplin.

MÁS QUE UN MUSEO

Los promotores quieren convertirlo en “más que un museo”. Ello se logrará mediante la conjunción de la riqueza de la diversión con la sensibilidad al lenguaje infantil, gracias a las nuevas tecnologías. De este modo, acoplará la escenografía con una decoración animada, multimedia y de alta definición, teniendo en cuenta también la acústica ambiental, los efectos especiales y cinematográficos.

Con este fin, se reorganizarán los edificios del complejo y el jardín, y se construirá una sala de exposiciones, dedicada enteramente a la obra artística de Chaplin. De los nuevos espacios por crear se añadirá un recorrido de dos mil metros dedicados a la obra cinematográfica, donde, por ejemplo, el visitante podrá pasar a través de la pantalla para encontrarse dentro del mundo del cine.

La biblioteca del cineasta también podrá apreciarse intacta a como la dejó cuando falleció. Además, los promotores han incidido en que el museo estará dotado de infraestructuras energéticas renovables, y contará asimismo con una tienda, un café, una sala de teatro para doscientas personas y un aparcamiento. Todo ello para tratar de amortizar los más de treinta millones de euros que costará poner el proyecto en marcha.

Una obra que ha necesitado casi diez años para concretarse. En su recorrido se ha encontrado con oposiciones de los vecinos denuncias incluidas, quejándose de la afluencia de público que traerá al pequeño pueblo de 3.000 habitantes-, de dificultades financieras y de polémicas.

No obstante, las autoridades locales han puesto de su parte para que el museo salga adelante, y para asociar mundialmente el nombre de Chaplin a la comarca. Así, emergerá un nuevo museo unipersonal, que tratará de traducir la devoción por un artista en ingresos turísticos.

Un fenómeno que ya ocurre en otros pueblos relacionados con creadores, como en Figueras (Girona, España), con el museo Dalí; en Oak Park, en Illinois (Estados Unidos), con el museo Ernest Hemingway, o en Biot, en la costa azul francesa, con el museo nacional Fernand Léger, que rentabilizan el arraigo de un celebridad en su comunidad.

Creador multifacético

El museo, de acuerdo con sus impulsores, planea acoger a 250.000 visitantes al año, atraídos por la obra de este artista que se dedicó al cine en casi todas sus variedades: actor, director, guionista, compositor, incluso también productor.

Desde sus múltiples papeles trató de ridiculizar las pretensiones de aparentar abundancia y exquisitez de las nuevas clases medias de su época, tal y como se aprecia en su papel más universal, el de Charlot.

Además, su faceta musical de menor trascendencia caló entre el gremio, pues sus canciones las interpretaron vocalistas de la talla de Michael Jackson, quien, por cierto, llegó a dormir en el garaje de la mansión suiza que homenajeará al innovador cineasta.

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Charlot, el personaje más característico de Chaplin.



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