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Nuevas crónicas

Con “Descubrimientos”, Adriana Hidalgo editora completa la publicación en castellano de las crónicas de Clarice Lispector (1920-1977), maestra en ese género que concitó el interés de (y les dio el pan a) la mayoría de los mejores escritores brasileños.

Por Clarice Lispector

El erudito

El ahora es gerente de un negocio de zapatos. No porque lo eligió, sino porque fue lo que le quedó. Siempre se preguntaba: ¿dónde está mi error? El error con relación a su destino, quería decir. No hay grandes motivos para buscar en el hecho de que alguien sea gerente en un negocio de zapatos. Pero una vez que él mismo se pregunta y extiende zapatos como si no perteneciera a ese mundo, aparece el motivo de indagación. ¿Por qué realmente? Había sido, por ejemplo, el mejor alumno de Historia y hasta se interesaba por la Arqueología. Pero lo que parecía faltarle era cultura histórica o arqueológica, sólo tenía la erudición, le faltaba la comprensión íntima de que los hechos habían sucedido en este mundo y con estos mismos hombres, que en la tierra que él pisaba un día no había habido habitantes y que los peces que se habían transformado en anfibios eran ésos mismos que él comía. Y hasta hoy extiende zapatos como un erudito, como si no fuera en contacto con esta áspera tierra que se gastan las suelas.

Variación del hombre distraído

Está con los anteojos y sin embargo busca los anteojos por la casa entera. De vez en cuando le ocurre con alegría: qué suerte la mía, la de ver todo tan claro hoy, eso me ayudará a buscar y a encontrar mis anteojos. A veces, en medio de la búsqueda, llega a pensar: estoy viendo tan bien que capaz que hasta no necesito más anteojos ni para leer. Sólo se dio cuenta de que estaba con los anteojos en la cara cuando, antes de dormir, se los acomodó para leer: sintió con extrañeza un trazo fisonómico más. Y la verdad es que quedó muy decepcionado: era natural que yo pensara que ya no necesitaba anteojos.

Niño

—Mamá, vi un cachorro de huracán, pero tan cachorrito aún, tan pequeño aún, que en realidad sólo hacía rodar muy despacito tres hojitas en la esquina.

Es necesario parar

Estoy con nostalgias de mí. Ando poco recogida, atiendo demasiado el teléfono, escribo apurada, vivo apurada: ¿Dónde está yo?

Necesito hacer un retiro espiritual y encontrarme por fin —por fin, pero qué miedo— a mí misma.

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Clarice Lispector, retratada por Giorgio De Chirico.



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