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La reconversión del radicalismo

La inminencia de las elecciones habilita a los partidos políticos a definir sus candidaturas, muchas de las cuales deberán disputarse en elecciones internas. Donde este proceso se observa con más nitidez es en la UCR, el partido político más antiguo del país. Como es de público conocimiento, y como consecuencia de la crisis de 2001, el radicalismo ingresó en una etapa de fragmentación y debilitamiento cuya manifestación más evidente fue el dos por ciento de los votos obtenidos en los comicios de 2003, motivo por el cual más de un observador supuso que el partido de Alem e Yrigoyen ingresaba en su ocaso.

Sin embargo, contra todos los pronósticos, la agrupación logró reconstituirse. Y una manifestación visible de ese proceso es su afianzamiento territorial y la oferta política a la ciudadanía. Hoy, la tradicional UCR vuelve a ser uno de los partidos mayoritarios del sistema político nacional. Las precandidaturas de Julio Cobos, Ricardo Alfonsín y Ernesto Sanz dan cuenta de esa recuperación. Las internas que se avecinan permitirán seleccionar a los candidatos sin perder de vista que, como en toda elección, quedarán heridas que podrán cicatrizar rápido si predominan la sensatez, el espíritu democrático y el acatamiento a las reglas de juego.

Para muchos estudiosos de las formaciones políticas, la recuperación de la UCR comenzó con el famoso voto de Cobos que permitió ponerle un límite a las pulsiones recaudatorias del gobierno. A partir de aquella decisión, republicana y popular, no sólo Cobos creció en la consideración pública, su gesto también representó el inicio de un proceso de reconsideración del papel del radicalismo.

Las candidaturas de Alfonsín y Sanz se inscriben en esa tendencia, pero más allá de los nombres de los candidatos y de sus respectivos futuros políticos, lo relevante es la muestra de consistencia social y cultural de los partidos tradicionales y de su singular capacidad para recuperarse de las crisis mediante renovaciones o adecuaciones a los nuevos tiempos políticos.

A los debates internos que se avecinan, se suma como interrogante el rol que jugará Cobos en este proceso, ya que su condición de vicepresidente de la Nación se hace cada vez más insostenible por su condición de precandidato del principal partido opositor.

La situación de Cobos -tan irregular como todo el proceso político de los últimos diez años- da lugar a numerosas y contradictorias interpretaciones políticas. Quienes sostienen que debe renunciar a su cargo representan un porcentaje parecido al de quienes consideran que debe continuar allí para ponerle freno a los excesos del oficialismo.

En este contexto, se confunden las aspiraciones personales de Cobos con sus especulaciones respecto de lo que más conviene a su carrera política: ser el vicepresidente opositor que incrementa su prestigio cada vez que se enfrenta con los Kirchner o regresar al llano y disputar la candidatura de su partido como un afiliado más.



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