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Destinos en expedición

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Por Julio Anselmi

“Viaje al corazón del día”, de Armonía Somers. El Cuenco de Plata. Buenos Aires, 2011.

En el mismo año, 1986, se publican la novela cumbre, la más elaborada y compleja de Armonía Somers (Sólo los elefantes encuentran mandrágora) y su Viaje al corazón del día, que paradójicamente resulta la novela más fluida, la de más apasionada intriga, la más fuertemente amorosa de Somers; en definitiva, uno de sus títulos más eficaces para el lector que quiera ingresar en el conocimiento de esta notable autora uruguaya nacida en Pando en 1914 y fallecida en Montevideo en 1944.

Laura, la protagonista narradora de Viaje al corazón del día es una huérfana (“Mi madre y mi padre muertos en un famoso naufragio, y yo arrojada a un bote salvavidas como una botella al mar”). Adoptada y criada por su tía Encarnación, que la mantiene aislada aunque le ofrece estudios y vestidos comprados en Europa, sin dejar de lamentar el capricho de su difunta hermana en haberse ido a buscar un marido en “el lomo de un camello” (un musulmán), y consecuentemente de considerar a su sobrina una criatura salvaje, “una salvaje que nuestro buen Dios trajo al mundo puesto en un grave aprieto, ya que otro dios de quién sabrá qué mala calaña metió las manos en la masa”. Así como no deja de lamentar las inclinaciones de su bello marido, “que demostraba querer más a sus amigos que a ella, principalmente si eran franceses como él y ni decir que marinos”.

Tía Encarnación tiene una sola hija, Eulalia, ofrecida en su nacimiento para ser esposa del Señor. Pero la joven destinada a la virginidad tiene un desliz y queda encinta. Y cuando la protagonista, Laura Kadisja Hassan tiene cinco años, asiste a los matemáticos y siniestros procedimientos por los cuales su tía priva a su hija de la experiencia del sexo, de la preñez y de la maternidad. Entregada a una bruja en el campo que la hace parir intentándola broncear como si hubiera estado de vacaciones, recosiéndole la virginidad y drogándola con el fin de que olvide todo lo que ha vivido en los últimos meses. Y encerrando al recién nacido en un búnker subterráneo. Laura asiste a fragmentos de esta historia, “en la frontera entre la fantasía y la idiotez, algo que hoy mismo procuro frecuentar porque es la más emocionante zona del mundo”.

Laura crecerá investigando por su cuenta todo este misterio, y buscando comunicarse con el niño subterráneo. Ante su creciente rebeldía (la poseída, la llamará su tía), traen una maestra de piano, que debe cumplir con los requisitos de ser “alemana, soltera de nacimiento, es decir que nunca haya conocido hombre a fin de que no transmita la idea del pecado, y también exigente en cuanto al rendimiento de sus enseñanzas”. Y así entra en escena Hildegard, un personaje que adquirirá importancia en la última parte de la novela.

Los años pasan, quince años pasan desde aquel secreto nacimiento, antes de que estos dos primos enamorados uno del otro se vean por primera vez.

Tratándose de Armonía Somers, desde luego, hay mucho más, entre otras cosas las cruzadas contra los árabes y la guerra franco-prusiana de 1870, y sobre todo el despliegue inesperado y cambiante de todos los destinos humanos.



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