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HOY SE CUMPLEN 438 AÑOS DE LA FUNDACIÓN DE LA CIUDAD

Cómo se vivía en la Santa Fe colonial

La gente utilizaba agua del río que guardaba en tinajas. No había baños y la basura se iba enterrando en el patio. En las celebraciones públicas se hacían corridas de toros y juegos de cañas. La rutina estaba asentada en el comercio y el trabajo rural.

Cómo se vivía en la Santa Fe colonial

Recreación. La casa ambientada de Vera Muxica, en el Parque Arqueológico de Santa Fe la Vieja, reproduce las características de una vivienda de la primera mitad del siglo XVII. Foto: Archivo El Litoral

Juan Ignacio Novak

jnovak@ellitoral.com

Para imaginar la vida en la Santa Fe de los primeros años, tras la fundación a cargo de Juan de Garay (el 15 de noviembre de 1573), hay que pensar la coexistencia de grupos de distinta procedencia étnica y cultural en una traza urbana que no tiene sistema de provisión de agua, que debe traerse del río. Donde la disposición de residuos se hace en el fondo de las casas y cada vecino debe mantener limpia la parte de calle que le corresponde. Con una rutina signada por el trabajo y el movimiento portuario, sólo interrumpida por problemas bélicos o celebraciones públicas, donde las corridas de toros y los juegos de cañas convocan a todo el mundo. Y donde la atención de la salud está a cargo de médicos y “sangradores”.

Es una población demográficamente escasa (en el emplazamiento de Cayastá vivían entre 1.500 y 2.000 habitantes en su mayor consolidación) donde conviven españoles, criollos, mestizos, aborígenes y, desde el principio del siglo XVII, africanos que llegaron como esclavos. “Todos esos grupos, cada uno con fuerte identidad, conviven en un espacio reducido, con muchas relaciones interpersonales. Esto hace una convivencia que tuvo sus conflictos, pero fue muy enriquecedora”, explicó Luis María Calvo, del Departamento de Estudios Etnográficos y Coloniales.

Las costumbres alimentarias están dominadas por la tradición europea. Es que estos primeros habitantes “tratan de reproducir hábitos adquiridos en España”, sostuvo Calvo. Esto se verifica en que la carne se consume más en guisos que asada. Con los años -por la mixtura cultural- aparecen aportes de africanos, aborígenes y del intercambio con otras zonas del país. Pero básicamente la alimentación se circunscribe a la carne, el trigo y el maíz. “Santa Fe no tuvo la diversidad gastronómica de otras áreas coloniales americanas”, sostiene Calvo.

Por la cercanía al río es posible que se haya consumido mucho pescado, aun cuando las fuentes documentales no hacen muchas referencias a la pesca. “Pero sin duda debe haber formado parte de la dieta porque era muy accesible. Además, como toda ciudad colonial, Santa Fe está marcada por la vida religiosa. Hay una época del año en que se consume más pescado, y ahí sin duda se debe haber recurrido al pescado de río”, dedujo Calvo.

El día a día está regido por el trabajo rural, las tareas domésticas y el arribo de los barcos al puerto. Una calma que sólo es interrumpida por el asedio de los indios o por la llegada de los días festivos. Entre estos últimos, es muy valorado el día del Santo Patrono, San Jerónimo, cuando se hacen grandes festejos. En estos momentos de esparcimiento, las corridas de toros en la plaza (otro reflejo de las costumbres españolas), las carreras de sortijas y los juegos de cañas son frecuentes. Estos últimos, que consisten en el enfrentamiento de dos bandos montados a caballo con cañas en lugar de armas, son herederos de las antiguas fustas medievales europeas.

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Recipientes. El agua para consumo y aseo personal se traía del río y se guardaba en tinajas.

Agua, residuos y limpieza

En la joven Santa Fe no hay pozos ni aljibes (que llegan mucho después a la ciudad), ni acueductos para llevar agua a las casas, que no tienen instalaciones para aseo personal o evacuación de deyecciones. El agua debe ser trasladada desde el río con recipientes, labor que está a cargo de esclavos, aborígenes o españoles pobres.

Incluso, según consigna el libro “Santa Fe, rastros y memorias”, algunas familias que caen en desgracia realizan el traslado de noche, ya que “esta tarea pone en pública evidencia la falta de sirvientes”.

El precario proceso de potabilización consiste en dejar decantar el agua en grandes tinajas o utilizar como filtro piedras porosas de origen volcánico. “Como cosa rara, Agustín Zapata Gollán encontró en las ruinas del claustro de San Francisco, un entubamiento subterráneo, pero por un desnivel del suelo, para regular el agua de lluvia”, recordó Calvo.

La aparición de los basurales es algo todavía lejano en aquellos tiempos: el fondo de cada vivienda es el lugar donde se entierran los desechos que genera cada familia. Dado que los muros de las casas se edifican con tapia, para eso hay que extraer tierra, algo que se hace en el mismo solar. Así se conforman cavas, que se usan después para disponer los residuos domiciliarios. “Por eso, muchos de los artefactos que rescató Agustín Zapata Gollán proceden de los basureros. Desde el punto de vista arqueológico siempre los basureros son muy ricos. La forma de vida de una sociedad queda registrada en sus desechos”, explicó Calvo.

La recolección de residuos también es algo impensado en la vida diaria de los primeros pobladores. De hecho, cada vecino tiene que ocuparse de que el espacio de calle (no hay veredas) que le corresponde permanezca limpio. Y la autoridad capitular -el Cabildo- se ocupa de regular en este sentido algunas cuestiones básicas como recomendar que se haga la limpieza, impedir que circulen animales sueltos y garantizar que los vecinos arreglen, por ejemplo, los pozos provocados por la lluvia. “Cosas que hacen a la convivencia y obligaciones del vecino para contribuir al mantenimiento de la ciudad”, detalló Calvo.

Cómo se vivía en la Santa Fe colonialCómo se vivía en la Santa Fe colonial

Marcada por el puerto

Signada por su condición de ciudad portuaria, Santa Fe se dedicó al comercio desde sus orígenes. “Así que hay que imaginarse a los grupos principales, que son cabildantes o tienen alguna otra función pública, sosteniéndose económicamente por el ejercicio del comercio”, remarcó Luis María Calvo, del Departamento de Estudios Etnográficos y Coloniales.

Otra actividad económica fue la cría de mulas y las vaquerías, esta última actividad destinada al aprovechamiento de los cueros, que complementaba la actividad comercial. También fueron muy importantes las chacras, que funcionaban a pocos centenares de metros de la ciudad. En estos espacios se cultivaba el maíz y el trigo, sin objetivos de comercialización, sino más bien para abastecer a la ciudad. “Es algo que está muy vinculado a la traza urbana. Por eso cuando se traslada la ciudad también se trasladan las chacras”, sostiene Calvo.

Pulperías y carnicerías

El autoabastecimiento era lo más frecuente en la época colonial. Pero, en rigor, funcionaban algunos negocios como las pulperías que comercializaban determinados productos como vinos o aceites. También había carnicerías, para que aquellos que no tenían la chance de traer carne de sus estancias puedan adquirirla. En este sentido, cada año el Cabildo seleccionaba a través de un remate quién iba a ocuparse de abastecer de este producto a la ciudad. “Era una especie de concesión”, explicó Luis María Calvo, del Departamento de Estudios Etnográficos y Coloniales.

Vino

Durante varias décadas -entre finales del siglo XVI hasta 1630 aproximadamente- en Santa Fe La Vieja se cultivaron viñedos en las manzanas del entorno de la ciudad, para producir vinos destinados al consumo local. No obstante, en las actas capitulares de Buenos Aires existen referencias al valor del vino santafesino. “Eso implica que llegó a comercializarse”, explicó Luis María Calvo, del Departamento de Estudios Etnográficos y Coloniales. Pero hacia 1640 se abandonó, probablemente por los contactos comerciales con otras regiones que se perfilaban mejor para la producción de vinos.

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Cubiertos. En el Museo Etnográfico se pueden observar los utensilios que usaban en la mesa los primeros santafesinos.

Fotos: Archivo El Litoral

Atención en las casas

Respecto a la salud, se sabe apenas que en la vieja ciudad fundada por Garay hubo un hospital, que después desapareció. Muchas enfermedades eran atendidas en las casas y estaba arraigada la figura del “sangrador”, quien hacía sangrías para -según el conocimiento de la época- retirar la sangre contaminada. “Estaba más considerado un oficio artesanal que un conocimiento intelectual o profesional”, explicó Luis María Calvo, del Departamento de Estudios Etnográficos y Coloniales.

“Cuando hablamos de médicos en el período colonial de Santa Fe no tenemos que imaginar egresados universitarios, sino gente que había adquirido más conocimiento que los sangradores y a veces tenía un reconocimiento social un poco mayor”, sintetizó.

No perduran referencias precisas sobre las enfermedades que jaqueaban a los santafesinos de aquella época. Pero si quedan testimonios que hablan de la viruela, que diezmó a los aborígenes y de las “pestes” que asolaron a la ciudad. “Prepararse para la muerte formaba parte de la vida cotidiana, por eso era común hacer testamentos. Pero en los momentos en que había pestes, se nota la urgencia que tenían por redactarlos”, precisó Calvo.




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