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Debate sobre la calidad institucional

Tres miradas sobre la necesidad de transparentar las políticas públicas

Gabriel Rossini

redaccion@ellitoral.com

La presentación del libro “En la búsqueda del bien común. Manual de Políticas Públicas” del académico y docente Emilio Graglia, editado por la Asociación Civil Estudios Populares Acep y la Fundación Konrad Adenauer, sirvió como disparador para un debate sobre la transparencia y la calidad institucional en la gestión de gobierno entre el autor del libro, la representante de fundación alemana en Argentina, Dra. Kristin Wesemann, y el ex gobernador de la provincia Jorge Obeid.

—¿Cuáles son los principales temas que aborda el libro?

Emilio Graglia: —Es una visión desde el humanismo cristiano de las políticas públicas. Plantea cómo se pueden diseñar y gestionar políticas que apunten al bien común. Tiene también una consideración sobre cuáles son los valores y sus condiciones como la libertad, la justicia y la calidad. Y después sobre las condiciones de su aplicación; esto es la capacidad de los gobiernos de resolver las problemáticas públicas y de satisfacer las necesidades, además de la importancia que tiene ganarse el apoyo de la opinión ciudadana como legitimidad de desempeño, más allá de la legitimidad de origen.

—Tomando en cuenta los estándares internacionales, ¿en qué situación estamos en la Argentina?

Emilio Graglia: —Para analizar la situación argentina hay una dificultad que tiene que ver con la credibilidad de las estadísticas. En el libro hay muchos datos tomados básicamente de dos fuentes: el índice de Desarrollo Democrático para América Latina -que publica anualmente la Fundación Konrad Adenauer- y el Latinobarómetro -que mide las cuestiones relacionadas con la opinión pública-. Se ve una evolución favorable de los indicadores económicos como empleo, pobreza, desigualdad, PBI per cápita, que son indicadores que en el libro se toman para medir la receptividad política. Claro que el punto de partida es el 2002. Pero en calidad institucional no sólo no hemos mejorado sino que hemos involucionado.

Jorge Obeid: —Es un tema difícil. En mi segunda gestión, impulsé un proyecto de acceso a la información. Durante tres años no lo trataron y cuando lo hicieron, el Senado le puso una cláusula tramposa que fue la del interés legítimo, con lo cual se perdía toda la esencia del proyecto.

G: —No es tema central del libro pero analizando los datos, lo que llama la atención es que mejoran los indicadores socioeconómicos y aumenta el apoyo a la democracia aunque la calidad institucional empeore, lo que demostraría hipotéticamente que lo que le importa a la sociedad es que se resuelvan los problemas económicos aunque se deterioren las instituciones. No hay una valoración de la ciudadanía a la calidad institucional.

—De hecho, la corrupción no aparece como uno de los temas que más preocupa a los ciudadanos.

G: —Ni en la Argentina ni en América Latina.

O: —No sólo la corrupción. No aparece ningún tema de calidad institucional. Para los que nos hemos preocupado por ella, es una cosa dolorosa. Yo prometí y cumplí con la derogación de la ley de lemas. Tuve que empujar tanto y me tuve que bancar tantos golpes y críticas de todos lados... Me decían que si servía para ganar por qué la sacaba y yo les decía que porque las leyes electorales no se hacen para que gane el partido que está en el gobierno. Tienen que estar hechas de tal manera que sean objetivamente una expresión de lo que la sociedad está pidiendo.

—¿Por qué la gente tiene tan poco interés en estos temas? ¿Porque como decía Mafalda lo urgente no deja paso a lo necesario, y antes que la calidad institucional, la gente tiene que resolver problemas de supervivencia, a diferencia de los países desarrollados donde hay un estándar de vida garantizado? ¿Tiene que ver con la propia idiosincrasia de los argentinos?

G: —En los períodos en los que mejoran los índices económicos, a la sociedad le importa poco y nada la calidad institucional. Empieza a preocuparle cuando desmejora. Las reformas electorales nunca se discuten cuando van bien. Aparecen como tema de agenda cuando empeoran porque la gente empieza a preguntarse quiénes son los que toman los decisiones, cómo los elegimos. Pasó en el 2001/2002 con el que se vayan todos. En 2003, empezó a mejorar la economía y todos se olvidaron del tema.

Kristin Wesemann: —En Alemania, estamos bien económicamente y vivimos en una democracia consolidada. Tenemos una canciller como Angela Merkel que -según la mirada de la opinión pública- trabaja, usa el mismo vestido varias veces y para ella es importante gobernar el país. Por otro lado, teníamos un presidente joven con una esposa muy joven, extravagante, que siempre aparecía en las fotos en la prensa amarilla, que debió renunciar por obtener un préstamo de un amigo. Cuando nosotros queremos explicar algo tan normal y tan humano como esto, es cuando la gente dice: tú elegiste ser político y eso significa que para ti hay otras reglas que para el resto. Sos un político, estás en un puesto público, tienes que ser un ejemplo para toda la gente y debes trabajar para el bien común, para toda la gente. Eso explica que una cosa tan pequeña para un argentino o un italiano no sea tan grave y sí lo sea para un alemán.

O: —Tenemos una deuda pendiente con la democracia. Es imposible compararla con las europeas que tienen 200 años. Uno de los problemas nuestros es que los dirigentes políticos nunca tuvieron que dar cuenta de nada porque, cuando empezaban los problemas, los militares daban un golpe y se iba a su casa. Hacían un gran zafarrancho, volvían los políticos y seguía girando la rueda. Por eso, así como se le dio una respuesta contundente a temas como los derechos humanos y el cuidado del medio ambiente, no se le dio la categoría de política de Estado a la defensa de las instituciones, es más, se las maltrató. Hace 15 años, reformamos la Constitución para que pudiera ser reelecto un presidente y ahora la queremos volver a reformar. Por estas cosas, por no darle valor a la democracia en el tiempo, la propia clase política es la culpable de caer en el descrédito. No se ha internalizado en la gente el valor que tienen las instituciones democráticas.

—¿Hay indicios de que se puede avanzar para mejorar estos temas?

G: —Pasa que para impulsar cambios que favorezcan la calidad institucional hay que tener poder político y vocación, porque los cambios terminan limitando al que tiene el poder político. Por eso son muy pocos los que tienen la voluntad de hacerlo. Todas las reformas políticas y electorales, salvo honrosas excepciones, terminan beneficiando al que los pone en marcha.

—Parece que como para la gente la transparencia y la calidad institucional están a la cola de sus preocupaciones los dirigentes políticos no la tienen demasiado en cuenta.

O: —El tema es que la fortaleza democrática se necesita cuando hay una crisis económica. Porque vuelve el que se vayan todos. La mejor manera de protegerse contra eso es crear un fuerte andamiaje institucional que sostenga el sistema cuando haya una crisis.

Tres miradas sobre la necesidad de transparentar las políticas públicas

La representante de la Fundación Konrad Adenauer en la Argentina, el ex gobernador Jorge Obeid y el académico Jorge Graglia. Foto: José Vittori



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