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Se celebra el Día de la Tradición 10 -11-2018
El "guacho" Martín Fierro: torbellino de ideas



Martín Duarte | martinm_duarte@hotmail.com

 

¿De dónde viene la palabra “gaucho”? La mayoría de los estudiosos coinciden en que posiblemente derive del término quechua “huachu” que significa huérfano o vagabundo. En Brasil se sospecha que tiene su origen en el término “gauderio”: denominación de los vagabundos que vivían en las inmensas extensiones de campo de Río Grande del Sur.

 

¿Qué pensaba Sarmiento de ellos? “Se nos habla de gauchos… la lucha ha dado cuenta de ellos, de toda esa chusma de haraganes. No trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre de esa chusma criolla incivil, bárbara y ruda es lo único que tienen de seres humanos” escribía a Bartolomé Mitre el 20 de septiembre de 1861. Para El Gran Maestro: el poncho, el chiripá y el rancho eran de origen salvaje y formaban una división degradante entre la ciudad culta y el pueblo…

 

Fierro es un gaucho: “guacho” de trabajo, de vivienda, de futuro, de familia, de educación, de oportunidades o de justicia… Es parte de esa “chusma de haraganes”, incivil, bárbara y ruda descripta por El Padre del Aula.

 

¿Fierro o Hierro? Si bien la historia de nuestra lengua da cuenta del cambio de la “F” por “H”: la “h” es la huella muda de un sonido que se perdió con el uso y el paso del tiempo (“Filo” por “Hilo”; “Facer” por “Hacer”; “Ferir” por “Herir”); podría decirse –también- que el apellido o apodo del gaucho presenta un error ortográfico -¿deliberado?- que cambia “H” por “F” como muestra de su rudimentaria educación. O tal vez se relacione con su modo “cuchillero” de vivir: anda “enfierrado”; “el que a hierro mata a hierro muere”. Quizá responde a un hombre de corazón frío, a un tipo duro, rígido, peligroso, filoso y mortal que por donde pasa, corta, hiere y mancha con sangre. Irónicamente: es un “hombre de hierro” inoxidable de la ficción literaria.

 

Martín Fierro tiene nombre propio en mundo donde los demás son casi anónimos marginales (reconocidos a penas por apodos) que lo rodean en su “biografía”: el hijo mayor, el hijo menor, el Moreno, Picardía o Vizcacha. Podría decirse que es una “víctima” de un sistema que – hábilmente- glorifica al gaucho cuando hay que luchar contra el enemigo realista o hacer trabajos duros del campo por pocos pesos; mientras que -casi simultáneamente- lo discrimina porque es un “estorbo” para los planes “europeizantes” de la elite dominante. Es testigo y testimonio de las injusticias sociales que llenan los bolsillos de unos pocos y vacían los de la mayoría.

 

Lo acusan de “desertor” pero: ¿Te quedarías a pelear contra los indios con pocas y vetustas armas y un uniforme harapiento? ¿Si no te pagan? ¿Si te enrolan por la fuerza y por un período incierto, incomunicado, lejos de tu familia? ¿Si el monopolio del pulpero del fortín te cobra lo que se le antoja por “la última coca del desierto”? ¿Si tu jefe te usa de “felpudo”, te estaquea si protestás y se queda con tu caballo? Yo también desertaría.

 

¿Es un “padre ausente”? Pierde contacto con sus hijos a causa del ejército y los encuentra de casualidad luego de vivir con los indios; no tiene ni un peso partido al medio, por eso, sólo les deja como herencia consejos: “un padre que da consejos más que padre es un amigo”. Al final del poema, está tan “sucio” que les recomienda a sus muchachos separarse y cambiar sus identidades. Ser “Fierro” es un estigma familiar cargado de conflictos. ¡Linda herencia: un apellido “manchado” y unos consejos con los que no se compra ni un trago en las pulperías!

 

¿Es un asesino? ¿Es hombre de “cuchillo fácil”? Se burla de un moreno y su mujer en un baile (el discriminado discriminador): está borracho y lo mata en un duelo de cuchillos. Asesina también a otro gaucho buscapleitos protegido por las autoridades en inmediaciones de una pulpería. Liquida muchos indios en la frontera. Se trenza con un pelotón que lo acecha en la oscuridad del desierto.

 

Allí conoce a su “otro yo”: Cruz. Como una moneda: uno era Cara (Fierro) y el otro, Cruz. Tienen vidas con penas “estraordinarias” casi calcadas. Por eso, Cruz no duda en pasarse de bando para pelear junto a Martín: el que va a “cazar” a un “gaucho valiente” entiende que está en el bando incorrecto, se sincera consigo mismo, enfrenta a sus propios excolegas policías y elige su manera de vivir y de morir (Borges “flasheaba” con esta conducta de converso).

 

¿Ni civilizado ni bárbaro? ¿Peor que eso o nada de eso? Perseguidos por la policía, Cruz y Fierro tienen que refugiarse en el lado más salvaje del desierto: las tolderías. Los amigos se pasan a la zona incivilizada donde son aceptados a regañadientes por los indios: son doblemente marginados (sin lugar en la civilización ni en la barbarie). Allí muere Cruz.

 

Fierro – guacho de amigo/hermano/reverso- vuelve con “el mate cambiao” del lado más salvaje de la pampa: cuando regresa al poblado –como dijimos- se toma un tiempito furtivo para hablar con sus hijos que encuentra por fortuna; reconoce sus errores; reflexiona; pone los pies sobre la tierra; sostiene un duelo de guitarras sin llegar “a las manos”. Sin embargo, su pasado homicida lo hostiga, el hermano del moreno asesinado por Fierro en la primera parte de la obra busca venganza: ¡aquel morocho se queda con las ganas! ¡Fierro ya no recurre a su fierro para resolver sus pleitos!

 

Por si no quedó claro, este es nuestro gran antihéroe nacional: habría que releerlo con ojo crítico e indagar qué deudas sociales cíclicas -por ejemplo- encarna y denuncia. Lejos de la estantería o del altar donde relucen los próceres esterilizados y maquillados de nuestro pasado “coronado de gloria”, Fierro incomoda por su desparpajo arrabalero: es “el vago y malentretenido” que tiene trabajo inestable, vivienda precaria, futuro incierto, irresponsable conducta violenta y que luce como un “costoso mantenido” para el resto de la sociedad. Si la pluma de Hernández lo reviviera o lo reescribiera en versión siglo XXI: ¿lo pondría en un ranchito de una villa miseria; lo presentaría como “desertor escolar”; lo describiría como “empleado golondrina”; lo haría limpiavidrios de semáforo; habitué de las bailantas; número fijo de la policía por “portación de cara”?



 




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