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Los dos ciclistas hermanaron tres países a bordo de sus rodados 01 -02-2019
Fin de la travesía: 2.500 km. en bici, 25 días y un periplo de cosas insólitas

Los dos jóvenes que iniciaron la travesía cicloturística llegaron a destino y ya regresaron. Unieron Argentina, Uruguay y Brasil. Rescatan la gran hospitalidad de la gente de los países vecinos. Y relatan una serie de peripecias increíbles. Crónica final de toda una experiencia de vida.



Luciano Andreychuk | El Litoral

 

 Fabio Abbá y Emmanuel Ferretty terminaron la “Travesía Atlántica Cicloturística”, un periplo donde se propusieron recorrer 2 mil Km. en bicicleta y unir tres países: Argentina, Uruguay y Brasil. Ya retornaron (el primero a la ciudad de Santa Fe, el segundo a Paraná), y después de casi un mes de pedaleo cuentan una bitácora de viaje llena de anécdotas graciosas y hasta insólitas, mucho esfuerzo físico contra las inclemencias del clima y una experiencia vivida que les permitió conocer otras gentes y otras culturas. 

 

Técnicamente, lograron superar la meta inicial. Recorrieron 2.480 km., en 20 días ininterrumpidos de pedaleo para llegar al punto extremo, Camboriú, aunque la travesía se “estiró” hasta Florianópolis. Fueron 25 días de duración total del cicloviaje. Pasaron por todo: lluvias torrenciales, un sol ardiente en las rutas, viento en contra, 2 cruces en ferry con sus rodados (cada uno pesaba 30 kilos), 4 pinchaduras y un corte de cadena, que fue el desperfecto técnico más grave. Uno de ellos tuvo una intoxicación con golpe de calor incluido (fiebre y vómitos). Paraban a descansar en una carpita iglú y seguían. 

 

En la ruta. Unos 30 kilos pesaban en total cada bicicleta. Los ciclistas se enfrentaron a las condiciones climáticas más extremas: desde calores agobiantes hasta lluvias torrenciales.Foto: Gentileza.

 

 

 

Nostalgia “charrúa”: ¡Vamo’ arriba!

 

Salieron el 2 de enero desde el Túnel Subfluvial. “Pasamos por lluvias, tormentas, un calor sofocante en la ruta. Pero el periplo uruguayo fue magnífico. Además de los lugares, nos sentimos muy cómodos con la hospitalidad de la gente”, le cuenta a El Litoral Fabio Abbá, uno de los ciclistas. “Desde Montevideo a Piriápolis lidiamos con una lluvia torrencial. Recorrimos Punta del Este y La Paloma. Allí debimos transitar por un camino de ripio y se alargó el recorrido”. 

 

Hubo un saludo que a Abbá y a Ferretty los conmovió, algo así como una arenga bien la uruguaya. “La gente que nos veía pasar pedaleando o con la que nos juntamos a charlar, siempre nos terminaba diciendo: “¡Vamo‘ arriba!” Así, sin la ‘ese’ final. Era una arenga para que no aflojáramos y siguiéramos nuestro viaje. Adoptamos como propio ese saludo. Nos dio mucha nostalgia dejar Uruguay. Allí no nos sentimos extranjeros”, se sincera Abbá.

 

 


Subidas “comepiernas”, adoquines “aflojadientes”

 

Desde el día 11 de la travesía los ciclistas llegaron a suelo brasilero, tras cruzar la Aduana desde Uruguay. “Sabíamos que el principio iba a ser muy duro, porque debíamos recorrer 600 kilómetros en cuatro días. Fue muy exigente a nivel físico, pues pedaleábamos viento en contra”, relata el ciclista (que también es maratonista). 

 

Llegaron a Río Grande do Sul. Cruzaron en ferry el río. “Lo más lindo fue el contacto con la gente: Pedíamos ‘água gelada’ para hidratarnos, y nos daban. ‘Muito coragem’, nos decían todo el tiempo. Hasta un motoquero en la ruta nos regaló botellas con agua helada, porque el calor era insufrible”, narra Abbá. El miedo era quedarse sin líquido, la deshidratación.

 

En Capao da Canoa fue el primer contacto con la playa. Mucho viento en contra y calor extremo. “Nos decían ‘Vai com Deus’ (ve con Dios). Ese saludo nos daba mucha fuerza. En Torres, Abbá cortó cadena en la subida de un puente. “Tuvimos un trayecto que padecimos mucho, y ya aparecieron las subidas y bajadas ‘comepiernas’”, bromea.

 

En Farol Do Santa Marta, tomaron el segundo cruce en ferry hasta Laguna. “Alcanzamos a llegar a Garopaba y nos refugiamos debajo de un techo. Seguimos viajando en la ruta, con los camiones que nos hacían ‘finitos’ peligrosos: el viento empujaba, el camión con su inercia nos arrastraba. Era como estar adentro de un lavarropas. Llegamos a Guarda do Embaú, 8 km. pedaleando en camino sobre adoquines. Lo llamamos ‘aflojadentaduras’, porque nos vibraba todo”. 

 


Tramo final

 

A medida que se acercaban a Camboriú (el destino de llegada) los muchachos se llenaban de energía. “Entramos por Av. Atlántica —que costea toda esa enorme ciudad— a la tarde. Y fue un día de playa espectacular. Toda la gente nos preguntaba de dónde veníamos, hasta nos felicitaban por la travesía. Bajamos hasta Florianópolis, y tuvimos el honor de cenar con el cónsul argentino allí”, cuanta Abbá.

 

Allí, en la isla de Florianópolis, terminó la travesía. Como cuidaron algo de recursos, uno de ellos pudo volver en avión y el otro en micro. Lo único malo de todo el viaje. “La yerba es otro gusto. ¡Horrible! En Uruguay pero peor la de Brasil, puro polvillo. Es verde fosforescente”, vuelve a bromear. Queda la experiencia vivida y el mensaje de hermanamiento. 

 

 


Agradecimientos

 

Los ciclistas quisieron agradecer por la ayuda ofrecida a Sancor Seguros (Uruguay y Brasil); al Embajador argentino en Uruguay, Mario Barletta; al Cónsul en Santa Catarina, Gustavo Coppa; a SLP y Túnel Subfluvial. A la familia Loboscco en Villaguay y a la familia Botti, en Uruguay, en especial a la “Japo” y a “Lima”.



 




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