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Cosquín Rock 2019 13 -02-2019
Nuevos vientos entre viejas montañas

En su 19a. edición, el festival de las sierras propuso nuevos géneros y figuras junto a las sonoridades de siempre.

 



 

Ignacio Andrés Amarillo
iamarillo@ellitoral.com

 

 

Contra todo pronóstico, la primera jornada arrancó con un sol corrosivo, y con la actuación de No Tiene la Vaca, banda skapunk de Guadalajara, venida de la edición mexicana del festival, que llegaron en doblete con Machingón, de su misma ciudad, con algo de sabor molotoviano, guitarras punks, canciones ska y máscaras de luchadores. Mientras los primeros homenajearon a Los Fabulosos Cadillacs con “Yo no me sentaría en tu mesa”, los segundos lo hicieron con The Ramones y “Blitzkrieg Bop”, y Sumo y “El ojo blindado”.

 

Eso en el norte del predio. En el Escenario Sur (el ex temático) el tempo era otro, de la mano del mando indie mendocino de Perras On the Beach: Simón Poxyran, Bruni Beguerie y sus amigos pasearon su juvenil desparpajo cancionero ante un público relajado, con chicas descalzas sobre la hierba. Mientras tanto, Harén y su sugestiva cantante Julieta Aiello sacudían el escenario Córdoba Rockea con sus sonidos alternativos: sorpresa desde Villa María.

 

A esa altura de la siesta, Lucero El Ojo Daltónico hacia bailar las primeras banderas con su perfil ricorero y barrial. Al mismo tiempo, La Pegatina de Barcelona salió en medio de una lluvia de papelitos metalizados para proponer un cóctel de ska y ritmos latinos que invitaba al bailongo en el sofocante calor. Levantaron con “Una mirada”, tema dedicado junto a Ska-P a los políticos de su país (y de otros) y “Maricarmen”, y se fueron entre papelitos.

 

Propuestas

 

La inconfundible voz de Ramiro Cerezo anunció que esa tarde tocaba Pier: los veteranos volvieron al encuentro serrano después de algunos años, con algunos cambios en su propuesta, ahora mas densa; con guitarras más depuradas, aunque sin escaparle al efecto stone que tanto resultado les dio (“Sacrificio y Rock and Roll” no podía faltar, en medio de las banderas).

 

Entre tanto, Marcia Blues se contoneaba al cantar “Suzie Q” en La Casita del Blues, al sur del predio Joaquín Levinton al frente de Turf proponía otro ritmo, con su propio aguante pero más relajado, con canciones como “Magia blanca” o “Pasos al costado” (un clásico de las canchas) o “Yo no me quiero casar, ¿y usted?2 (con la intro de “Jump” de Van Halen).

 

En una de las continuidades de la tarde, a Pier le siguió Guasones, la propuesta comandada por Facundo Soto, que recibió a la media tarde un ingreso sostenido de asistentes al predio. Repasaron canciones de su repertorio sin obviar “Reyes de la noche”.

 

Si Guasones apostó al sonido clásico, Louta renovó su propuesta con canciones nuevas, dos músicos mutiinstrumentistas en vivo y una escenografía de plaza, con banco, alumbrado público y cámaras de seguridad, y don fusiones habituales como el “Pump It Up” de Technotronic (hace un año estaba en un hangar y nadie entendía su propuesta).

 

Orientales

 

El Escenario Norte, el clásico, ofreció un dos por uno de uruguayos, poniendo a La Vela Puerca y No Te Va Gustar a sucederse en el escenario. Una vez más los Sebastianes ganaron el escenario: el “Enano” Teysera como frontman y el “Cebolla” Cebreiro (sin gorro) como su contracara, en formas complementarias de vincularse con los espectadores. “¡Buenas noches!”, dijo el primero, corregido rápidamente por el segundo.

 

Llegaron de la mano de su nuevo disco, “Destilar”, que combinaron con material clásico. Como invitado especial estuvo Raly Barrionuevo, para interpretar “Luna de Neuquén”, parte del material fresco.
Simultáneamente, Vanthra (el nuevo proyecto de Fernando Ruiz Díaz) hizo un acústico para la prensa, con temas como “Ella vendrá” de Don Cornelio y la Zona, y “Magia veneno” de Catupecu Machu.

 

De vuelta a La Vela, “Zafar” fue coreado por una multitud que sumó banderas de Uruguay y Peñarol. “Va a escampar” arrancó áspera con la voz del Enano y la guitarra de Santiago Butler, mientras que con “Por la ciudad” estalló el pogo en tiempo de chacarera. “El profeta” sumó al infaltable Panchito Chévez y su armónica. Ahí cayó el primer clásico de la banda: la oda canábica “Mi semilla”, con Teysera recortado contra el ocaso y la melodía en la trompeta de Alejandro Piccone. El final fue con “Llenos de magia”.

 

Otra orilla

 

Ahí muchos aprovecharon para darse una vuelta por La Casita del Blues para ver a Miguel “Botafogo” Vilanova (que metió una versión de “Me gustas mucho” de Viejas Locas) o por el Sur, donde estaban los Usted Señálemelo (los hermanos mayores de los Perras on the Beach).

 

La espera terminó, y salieron los otros montevideanos, con el quilmeño Emiliano Brancciari como referente (concuñado de Teysera, qué chico es el paisito), parte de las caras visibles junto con el bajista Guzmán Silvera y el trombonista Denis Ramos. “Tenés que saltar”, “Cero a la izquierda” y “Destierro” fueron parte del arranque, antes del inmortal “Al vacío”. Siguieron “Sin pena ni gloria” y “Pegame más fuerte”; “Verte reír” metió un meddley de “Mañana en el abasto”, de Sumo.

 

Después de “Y el mundo me comió a mí”, otra levantada popular fue con “Tan lejos”, en un tren que siguió con “Más mejor”, y “Los villanos” se erigió como una parábola política folk, con Guzmán en el contrabajo.

 

“El camino”, “Prendido fuego” y “Nada para ver antecedieron a “No hay dolor”, cantado por el trompetista Martín Gil. Ahí se largó la recta final, con “Te voy a llevar” (con una pasada por “Todo un palo” de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota), “Con el viento”, “Fuera de control” y “No era cierto”

 

Todos los gustos

 

Para esa altura de la noche, en la cara opuesta del Escenario Alternativo Naranja, Los Auténticos Decadentes presentaban su Unplugged con invitados, como Fer Ruiz Díaz en “Un osito de peluche de Taiwán”; encararon también versiones tangueras de “Los piratas” y “Vino triste”, con bandoneón y violín.

 

Ese horario estaba pleno de propuestas: Jimmy Rip and the Trip cerrando La Casita del Blues, Massacre en el Córdoba Rockea con temas como “La niña Dios”, Él Mató a un Policía Motorizado sacudiendo (si corresponde la expresión) el Escenario Sur, con unos cuantos saltando a la invocación de “Más o menos bien” o “Mujeres bellas y fuertes”: la cúspide de un antiheroísmo que se ha vuelto fenómeno de culto.

 

Y por supuesto, Las Pastillas del Abuelo llevaron multitudes al espacio principal, con la convocatoria del “decidor” Germán “Piti” Fernández: sus historias de perdedores queribles sobre colchón de fino reggae y rock barrial (una arquitectura cancionera más orquestada en vientos y teclas que en guitarras, con remates coreables en los estribillos) sigue siendo efectiva. En la punta de la pasarela, como un boxeador en el centro del ring, el barbado referente capitaneó a una compacta multitud. Con “¿Qué es Dios?” homenajearon a Diego Maradona, y en “Enano Enano” citaron “La parabellum del buen psicópata” de Los Redondos.

 

Flaco en acción

 

Pero ahí también las opciones volvieron a abrirse: con el vigor electrónico de Vanthra y el combo indie/hipsterstone de Los Espíritus, devenidos otros próceres imprevistos de la escena actual (si “La rueda que mueve al mundo” fuera de Pity Álvarez, muchos le pondrían otros oídos).

 

Mientras en el Córdoba Rockea explotaba La Que Faltaba (la banda del ex Piojo Micky Rodríguez) con “El balneario de los doctores crotos”, Skay Beilinson abría su show con unos minutos de anticipación. El sonido que “el Flaco” le saca a su guitarra, su toque personal y reconocible es un discurso en sí mismo, una voz tam propia como la aspereza de su garganta, en el contexto de un show poco conversado, que comenzó con “Arcano XIV” y “Aves migratorias”.

 

“Esta es una noche mágica: con ustedes: Richard Coleman”, presentó el del sombrero y las gafas; el invitado salió de galera, para no se menos, y compartió todo el show como guitarrista de Los Fakires. Con la unión de “el corazón de Patricio Rey” y “el cuarto Soda” quedó saldada una de las antinomias argentinas, seguramente la menos grave. De tal modo compartieron “Ya lo sabés” y “Equilibrista”.
“Maravilloso un año más. Y este año no llovió”, bromeó Skay, acostumbrado al agua en este festival. “El redentor secreto”, “Aplausos en el cosmos” y “Dragones” prologaron el descontrol de “Jijiji”, continuada en su primer clásico solista, “Oda a la sin nombre”.

 

Pasó por “Falenas en celo”, “Chico bomba” y “Lejos de casa”, antes de volver al pasado con “Criminal Mambo” (donde metió la melodía compuesta por Maurice Jarré para “Lawrence de Arabia” que se convirtió en “vamo’ los Redondos”, recontextualizándola fuera de “La bestia pop”). Clausuró el concierto con “Flores secas” y “El Golem de Paternal”.

 

Los de siempre

 

También diez minutos antes arrancaron los que nunca faltan en Cosquín Rock, esta vez en trasnoche. Con animaciones en pantalla salió Las Pelotas con “Basta”, en torno al eje Daffunchio-Martínez-Schachtel. 

 

Pasaron “¿Qué podés dar?”, “Desaparecido” y “Blanca Nieves + 7”. “¿Tienen sueño? ¿Están cansados de rock?”, preguntó maliciosamente Germán, antes de Ya no estás”, “Víctimas del cielo”, “Cómo se curan las heridas”, “Siempre estará, ”, “Personalmente, y la síncopa cruzada de Gustavo Jove en la batería para “Era”. Germán y Gabriela a divertirse en la pasarela en “Cuándo podrás amar”, antes de que se venga al frente el Pollo Alejandro Gómez con la trompeta para “Si supieras”.

 

Después de “Bombachitas rosas”, instó el áspero frontman: “Necesitamos que canten este tema porque estamos dormidos”: era “Capitán América”, con dedicatoria a Donald Trump. “Corderos en la noche” brilló en el solo de Tomás Sussmann, seguido de “Sin hilo”.
“A la memoria del Bochita (Sokol)” convocaron a Panchito para cerrar con “Brilla (Shine)”. En el primer bis convocaron al ex Sumo Alberto “Superman” Troglio y a Piti de Las Pastillas: fue “No tan distintos (1989)”. Ya con Jove de vuelta y el cantante invitado, encararon “El ojo blindado”.

 

Para el after, quedaba la fiesta electrónica con Chicola junto a Eli Nissan y el celebrado Nick Warren.

 

Bajo el sol

 

La segunda jornada comenzó igual de calurosa, con Científicos del Palo abriendo “un día peronista”, como decía Luis Elías Sojit, en el Escenario Norte: un power trio tan deudor de Divididos como de Arturo Jauretche. Cuando terminaron, bajo la sombra del Alternativo Naranja, Dakillah llamaba con su espeso trap y algún freestyle “para mostrar de donde vengo”.

 

El Norte sufrió una invasión vikinga, de la mano de El Plan de la Mariposa, la banda de los hermanos Andersen, capitaneados por Sebastián y la pequeña valkyria danzante Camila: conciencia y sonidos latinoamericanos en envase rubio, con bastante convocatoria.
Al Sur, La Mississippi prolongó en las sierras sus 30 años de blues y rock, que celebraron en 2018 en el Luna Park. La troupe encabezada por Ricardo Tapia (que tambien funge como segundo guitarrista) desplegó viejas y nuevas (del disco “Criollo”) canciones, en su formato actual de quinteto (que se apoya más en los elegantes solos de Gustavo Ginoi). Pasaron temas como “El 16” y “Ermitaño”, y “San Cayetano” fluyó como uno de los grandes hits de la banda. Interpretaron su versión de “Post crucifixión” de Spinetta y se fueron con “Un trago para ver mejor”.

 

Mensaje

 

En variaciones en rojo y negro (diría Rodolfo Walsh) salió Eruca Sativa: en las pantallas, en los vestuarios de Lula Bertoldi y Brenda Martin, en la batería de Gabriel Pedernera. Colores para uno de los shows más “fuera de guión” del encuentro. Abrieron con “Justo al partir” y “Confundiste”, para entrarle a “Armas gemelas”, donde Brenda arrancó la tónica del set: “Nosotras hoy estams acá gracias a la lucha de miles de mujeres que la remaron durante mucho tiempo. Por más mujeres arriba de los escenarios”.

 

Luego de “Abrepuertas” devolvieron la gentileza a La Bruja Salguero (que los invitó para Cosquín Folclore), con la que compartieron “Amor ausente”. “Vivimos tiempos difíciles en nuestro país, ¿quién va a recuperar el pueblo? ¿Nosotros?, arengó la riojana. Destacó a la “madre cantora que nos enseñó a borrar fronteras, a ser rebeldes y a estar unidos: Mercedes Sosa”. Hizo un llamado a “los señores que están a cargo de los festivales” para que “abran las tranqueras, porque vienen las mujeres con toda la fuerza de la Pachamama”.

 

En “Para que sigamos siendo” se sumó Sonia Álvarez en arpa celta. La rapera cordobesa Kris Alaniz llegó para un enganchado de “Tarará” y “Latinoamérica” (canción de Kris), antes de volver al formato trío en un cierre con “Magoo”.

 

El momento femenino de la tarde se pudo prolongar en el Hangar del Metal, donde estaban las Led Ladies y su tributo a Led Zeppelin (con la ya mítica Silvana Colagiovanni en la batería).

 

Pero ya arrancaba Carajo con “Sacate la mierda”: Marcelo “Corvata” Corvalán, Hernán “Tery” Langer y Andrés Vilanova salieron como en tantos festivales a comerse público propio y ajeno, como hicieron con “Luna herida”, “El error” y “Triste”. Presentaron una canción nueva sobre el suicidio, “Fin al dolor”. “No sé qué prefiero, la lluvia o este solazo, que se parece a la energía que nos dan ustedes”, reflexionó Corvata. Chico granada fue parte de la despedida.

 

Como antaño

 

El Escenario Sur volvió a ser temático, con una continuidad que anduvo por Los Gardelitos y Ojos Locos (teloneros de la fatídica noche de Cromañón) para desembocar en dl show de Don Osvaldo, el presente artístico de Patricio Rogelio Santos Fontanet, y La 25.
En la otra punta, Attaque 77 comenzó desde los orígenes, con “Espadas y serpientes”. A la memoria de René Favaloro interpretaron “Western”. Pero luego volvieron al pasado con “El cielo puede esperar” y “Una bomba en el colegio”. Mariano Martínez y Leonardo De Cecco ya estaban en aquel entonces, Luciano llegó después, y en esta parte le tocó cantar “El jorobadito” de Leo Maslíah. De las nuevas llegó “Como salvajes”, en un set en el que querían hablar poco para tocar mucho.

 

Hugo Bistolfi, ex tecladista de Rata Blanca se sumó para la ocasión (el tecladista regular del show fue Leo Ezquerra de Nube 9), en recuerdo de viejas giras hicieron la imperecedera “Hacelo por mí”. En algún momento se escuchó el cantito de ‘soy de Attaque‘, como en los primeros ‘90.

 

Pasaron por “San Fermín”, “Beatle”, “Setentista” y “Chance”, y llegaron a “Arrancacorazones” y “Pagar o morir”. El final fue con “Donde las águilas se atreven” y “No me arrepiento de este amor” (su lograda versión del clásico de Gilda).

 

Maestro de ceremonias

 

Un elefante inflable gigante recibió a Ciro y los Persas, para uno de los shows más extensos de la noche. “Banda de garage” abrió el programa de Andrés Martínez, de chaqueta negra y remera con dibujo japonés antiguo, rodeado de banderas, y siguió con “Desde lejos no se ve”. Después de Prometeo, Me gusta llegó con su video filmado en nuestro estadio Ángel P. Malvicino (realizado por Martín “Kuinko” Álvarez), para enganchar con “Canción de cuna”.

 

¡Juira! pasó con su video estelarizado por Griselda Siciliani; de lo más reciente pasó Dale darling, historia de violencia de género, previamente a sumar a Micky Rodríguez para “Tan solo, que comenzo con la característica línea de bajo a solas, momento álgido con chicas en corpiño a cococho. Con cambio de vestuario, abordó “Por cel”, en dúo con la virtuosa Julieta Rada (hija del eterno Rubén).

 

Antes y después hizo explotar el frente del escenario, en un arranque de fiesta que se prolongó en “Ruleta” (con los músicos en la pasarela), “Similar”, “Pistolas”, “Ciudad animal” (con rotación entre Broder Bastos en la guitarra y Juan Manuel Gigena Ábalos, el nieto de Vitillo, en el bajo) y “Como Alí”.

 

La clásica invocación onomatopéyica llamó a “El farolito”, que se fundió en un popurrí con “El balneario de los doctores crotos” y “Muévelo” (ahí la pachanga sumó pelucas de colores).

 

En el trombón se lució Santiago Castellani: los asiduos a Trombonanza lo recordarán de Cuatro Varas, el proyecto que compartió con Martino Gesualdi de Dancing Mood.

 

“Astros” cambió el clima para la despedida, con lectura de banderas, y en el final llegó la intro del Himno en la armónica (un agregado de Esnaola a la partitura de Parera, ya que estamos).

 

Una multitud salió rauda a pispear el show de Dancing Mood, mientras otros optaron por ver a Miss Bolivia en el Alternativo, con la visita de Cucho Parisi de los Decadentes. Paz Ferreyra mostró su combinación de hip hop con cumbia, de disidencia feminista con bailarinas entangadas, de crítica política con desventuras amorosas: la famosa deconstrucción es esencialmente lo nuevo en construcción permanente. Como dato: “Soy” tiene la voz de Liliana Herrero en la pista; las malas lenguas dicen que sólo grabada la rosarina canta dos veces igual...

 

Combativos

 

“Que comience la estampida”, clamó el cantante Pulpul para dar arranque al set de los españoles Ska-P: acá sumaron pañuelos verdes a sus remeras de independencias autonómicas y su explosiva combinación de ska y punk rock (que permite meter crítica en ritmo de bailongo).

 

“Estampida” justo vino despues de “Poder pa’l pueblo”. “Hay gatos buenos y malos; nosotros tenemos al bueno y ustedes al malo”, fue la broma antes de “El Gato López” (el cantito del verano anduvo por ahí).
Mestizaje abogó por la multiculturalidad contra el racismo, y “Jaque al Rey” trajo una crítica a la monarquía (con paso de comedia incluido). “Solamente por pensar” fue compuesto para el activista Carlo Giuliani (muerto en la contracumbre de Génova), pero esta vez fue dedicado a Santiago Maldonado. “Vergüenza” es el sentimiento de la banda sobre la tauromaquia.

 

Cannabis demostró que es uno de los hits del grupo, con gran reacción popular. Como no pueden dejar de tocar temas picantes, “Crimen sollicitationis” se mete con los abusos sexuales eclesiásticos (con arzobispo buitre volador incluido).

 

Fue entonces el turno de “Mis colegas”, otro clásico del grupo, sobre los excluidos del sistema. “Que bonita se puso la noche, después de la que pasamos en La Plata. Alguno aprendió a bucear”, fue el comentario de Pul antes de la combativo-festiva “Ska-Pa”.

 

Colaron allí un tema de “Game Over”, el disco más reciente: “No lo volveré a hacer más”, con Eloi Yebra (el actor que hace al rey, el torero y demás personajes) como un beodo alegre, y casi todos en la pasarela.

 

“Niño soldado” fue una proclama sobre las víctimas de las guerras tercermundistas y “Tío Sam” sobre las invasiones imperiales. Tras “El olvidado” Yebra abrió “Derecho de admisión”, pasaron Vándalo” contra el neoliberalismo, “Colores” sobre la diversidad sexual y “Kasposos” sobre los mentirosos “sobrenaturales”.

 

Los bises fueron el clásico “A la mierda” (fascismo) y “Romero el Madero” (violencia policial). “Venimos desde España a cagarnos en la colonización”, definió Pulpul para “Cruz, oro y sangre”, antes de partir con “El vals del obrero”.

 

Los últimos en querer irse se fueron a esperar el show de Nonpalidece en el otro escenario, cuando los primeros relámpagos surcaron el cielo: la lluvia coscoína no andaba lejos.

 



 




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