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Ciclo de música de cámara en Rafaela, 20a. temporada 15 -06-2019
Uriel Pascucci: un músico maduro



 

Laura Serniotti

 

Durante la tarde del domingo 2 de junio, la sala del teatro Lasserre de la ciudad de Rafaela, se cubrió con la música del talentosísimo y exitoso pianista argentino Uriel Pascucci.

 

Un numeroso público respondió a la cita y cobijó con hondo silencio la brillante interpretación del joven músico.

 

Una hora de intensa entrega con obras pertenecientes a compositores del siglo XIX y del XX, como también una de su autoría.

 

Vigor, apasionamiento, madurez y virtuosismo son algunos de los rasgos demostrados por Pascucci en su presentación.

 

El intérprete

 

Es egresado con Diploma de Honor de la Universidad Nacional de Cuyo, en Mendoza, y de la Musik Akademie der Stadt Basel, en Suiza.

 

Ha obtenido varios primeros premios como el del XVIII Concurso Nacional de Piano Ciudad de Necochea, el Premio Jóvenes mendocinos destacados 2010, otorgado por el Consejo Empresario Mendocino, Segundo premio del Concurso en la International Piano Academy Freiburg 2014 en Alemania, Segundo premio como solista en el International Music Competition “London” Grand Prize Virtuoso 2017 en Inglaterra.

 

Ofreció conciertos en el país, en Estados Unidos y en Europa. 

 

—¿Qué más se podría agregar a tan amplio currículum? -se le preguntó luego del concierto.

 

—Hace poco vi algo que me pareció interesante. Vi un reportaje a un miembro del jurado que le decía a un concursante: No me interesa tu currículum. En el fondo, en la música es un poco igual. A esto, es día cero siempre para un músico. Es decir, no importa todo lo que hiciste antes, cada vez que salís a escena sabés que tenés que hacerlo en el momento y no es que el currículum te salva -respondió-. He tenido mucha suerte de crecer mucho. También lo he buscado. Siempre he tratado de buscar lo mejor de mí que es lo que amo -continuó.

 

Programa

 

En esta velada, Uriel Pascucci comenzó interpretando la Sonata para piano Nº 30 en Mi mayor Op. 109 de Ludwing van Beethoven. Esta obra fue compuesta entre 1820 y 1822.

El pianista logró describir notablemente la rica estructura armónica, los contrapuntos, la amplia gama de matices utilizados por el autor durante los casi veinte minutos en los que se sucedieron los tres movimientos. Ellos son: 

I. Vivace man non troppo-Adagio expressivo compuesto en Mi mayor.

II. Prestìssimo: escrito en Mi menor sucede al primero sin interrupción, aunque tiene un carácter de scherzo y en su estructura abundan los pasajes contrapuntísticos.

III. Andante, molto cantábile ed espressivo. Presenta un tema con seis variaciones. En este último movimiento el pianista pudo demostrar su capacidad de virtuosismo al ejecutar con total claridad y justeza la subdivisión, cada vez mayor, de los valores rítmicos de las frases musicales.

Esta sonata pertenece a las obras tardías dedicadas a una discípula, Maximiliane Brentano, y forma parte de las últimas sonatas escritas por Beethoven. Utilizando el recurso del compositor romántico, de no hacer pausas entre los movimientos, Pascucci condujo al público a sumergirse en un ambiente extraño, poco conocido y desafiante, como lo es la música del compositor Oliver Messiaen. La obra elegida fue Primera Comunión de la Virgen XI. Pertenece a la colección de piezas Veinte miradas sobre el Niño Jesús. Es una obra compuesta durante la Segunda Guerra Mundial y estrenada en 1945 en la Sala Gaveau de París. El ciclo incluye veinte piezas cuya duración se estima de dos horas. 

Como digno exponente del siglo XX Messiaen prefiere abrirse paso del sistema tonal y utilizar modos antiguos, escalas de origen hindú y experimentó el serialismo integral.

 

—¿Por qué tomar el riesgo de incluir un repertorio que resulta poco conocido o exótico para el público?

 

—Todo el repertorio es arriesgado. Es arriesgado porque en realidad esta música es más grande que nosotros. Cualquier obra de estos maestros es más grande que nosotros. Así que siempre estamos haciendo algo que es más allá de lo que podemos y siempre hay una forma de hacerlo mejor, más profundo. En realidad, siempre me gustó hacer un repertorio variado. No busco complacer al público, halagarlo, sino que es un gusto personal. Puede gustar o no, pero ésa no es la intención del músico o del compositor. Personalmente, en el repertorio busco obras que me hagan crecer a mí, porque todavía soy joven. Entonces también es un desafío, porque estas obras requieren muchas herramientas para abordarlo. Está bueno hacerlo como músico, es meterse en un campo de batalla interesante. Busco variedad.
Con maestría, Pascucci brindó su obra Preludio, Tango y Fuga.
Esta obra fue estrenada en Argentina y consta de tres movimientos: 1- Preludio, 2- Tango y 3- Fuga.

 

—¿Cómo surgió esta obra?

 

—En realidad estoy muy involucrado como para hablar de ella. No me considero un compositor de tiempo completo. Soy pianista. Desde hace mucho tiempo, también estudié composición aquí en Argentina primero, con Dante Grela (también lo ha hecho con Aydin Esen). De vez en cuando, lo hago. Tiene que aparecer el momento justo y me gusta que evolucione cierto lenguaje.
Esta obra es altamente contrastante en sus tres movimientos. Utilicé la forma del preludio y fuga. Como los románticos, yo también incluí un tema, en este caso un tango muy informado por Piazzolla y el tango contemporáneo en tres movimientos muy distinto en cuanto al carácter.
Con plena continuidad, el pianista ofreció al final los dieciséis movimientos de la obra “Cuadros de una exposición” de Modest Mussorgsky. Esta suite fue compuesta en 1874 para piano y luego transcripta para orquesta por Maurice Ravel en 1922. Mussorgsky se inspiró en diez pinturas y dibujos del artista Viktor Hartmann. Como música programática, describe estos cuadros que incluyen gnomos, castillos de la edad media, trovadores, paisajes, animales, personajes como Samuel Goldenberg y Scmuyle, catacumbas, edificios típicos de Rusia entre otros temas.
En la obra aparecen armonizaciones diatónicas de las canciones evitando los acordes de dominante y las modulaciones, las armonías cromáticas, escalas de modos.
Fue majestuosa la interpretación de esta obra. Logró dibujar con su cuerpo y su sonido los diferentes personajes y paisajes.
Logró de esta manera expresar uno de los principios filosóficos del realismo ruso que es la conexión entre la forma y el contenido. Para los compositores del Círculo de Balakiev, la realidad empírica era la única realidad y la belleza no era una abstracción intelectual sino real y cambiante.
De esta manera pudo imitar o simular el objeto visual concreto, con sus personajes, paisajes e historias con emociones y vivencias.
La comunión entre el cuerpo, los gestos y el sonido ha sito total. La compenetración con el instrumento mantuvo a los oyentes en un constante ambiente de ensueño y cambios de climas. 
Interpretó el repertorio completo de memoria.
Los pianísimos fueron exquisitos. Los silencios expresados con gestos de su mano como si dibujara esa espera, esa pausa. Su expresión facial acompañó el relato musical.

 

Los destinatarios

 

El público, lleno de admiración, respondió con cerrados aplausos y varias exclamaciones destacando su bravura.
Tres veces salió a saludar al final. A continuación, la gente no se levantó inmediatamente, sino que permaneció unos minutos más en sus asientos. Tal vez aún presos del encantamiento en el cual Pascucci los sumergió con su arte y magia.

 



 




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