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Relato salvaje 22 -08-2019
Una condena por un crimen absurdo

“Santi” Chávez fue asesinado hace tres años de un tiro. La bala era para un amigo que estaba detrás suyo. Todo comenzó con una pelea en un boliche. Ahora, un joven fue condenado a 13 años de prisión.



Santiago David Chávez tenía 16 años cuando fue asesinado, la madrugada del domingo 14 de agosto de 2016. La bala que lo mató iba dirigida a un amigo que estaba con él. Todo ocurrió en las calles de la ciudad de Tostado, cabecera del departamento santafesino 9 de Julio. Por su absurda muerte ahora fue condenado otro joven, que en ese momento tenía 18.


Julio Martín Tévez fue sentenciado este martes a 13 años de prisión de cumplimiento efectivo, como autor del homicidio de “Santi”. El caso fue investigado por la fiscal Sonia Bustos, que en el debate fue acompañada por su colega Favia Burella. El juicio oral fue guiado por un tribunal pluripersonal integrado por los jueces Cristina Fortunato (presidente), Alejandro Mognaschi y Juan Gabriel Peralta.


Tévez había logrado escapar de su lugar de detención durante el proceso, justo antes de los alegatos de clausura (la audiencia se realizó igual, a pesar de su ausencia), pero horas después fue recapturado por la policía -que desplegó un importante operativo de rastrillaje- en casa de un familiar.


Este muchacho fue juzgado como autor penalmente responsable de los delitos de homicidio doblemente agravado, por el uso de arma de fuego y por la participación de menores de edad, y portación indebida de arma de fuego de uso civil.


Peón


A principios de 2016 Santiago había dejado de asistir a la escuela. Vivía junto a su madre y, cuando no conseguía alguna “changa”, salía a cazar junto a su padre para ganarse unos pesos.


En busca de un “futuro mejor”, partió allá por mayo de ese año rumbo a la provincia de Buenos Aires. Lo acompañó su novia. En la ciudad de Chivilcoy consiguió trabajo en una quinta. Un productor hortícola lo alojó y lo tomó como peón.


“Santi” volvió a sus pagos el sábado 13 de agosto. Su mamá le había pedido que regrese para gestionar el nuevo DNI. En realidad era una excusa... lo extrañaba. Lo llevó su “patrón”, que tenía que viajar a la provincia de Salta. Lo dejó de paso. Esa noche cenó con su familia. Estaba muy contento, porque le estaba “yendo bien” y su empleador le había prometido una moto.


Poco después de la medianoche, el adolescente se despidió de todos y le “mangueó” la moto a su hermana para ir al boliche. Fue la última vez que ellos lo vieron con vida.


Mala puntería


Según pudo reconstruirse, en el baño del local nocturno se generó un cruce entre un amigo de Santiago y otros chicos, con los que mantenía una vieja enemistad. Todos eran menores edad. El enfrentamiento sólo fue verbal y no pasó a mayores en ese momento, pero dos de los involucrados quedaron masticando bronca y le fueron a contar lo que había pasado a un primo suyo, Tévez. Querían un arma. Sabían que él tenía varias y que las sabía usar.


Los tres abordaron una moto y fueron por su “enemigo”. Lo interceptaron a la salida del boliche. Santi lo llevaba en su moto. La bala que dispararon tenía como blanco al acompañante, pero por mala puntería impactó en la clavícula del conductor. Le provocó lesiones graves y lo dejó agonizante. Murió minutos más tarde.


Durante el juicio, la defensa de Tévez intentó demostrar -sin éxito, para los jueces- que la que apretó el gatillo fue una adolescente, menor de edad, que acompañaba a Tévez. La fiscalía explicó que el arma tenía un mecanismo defectuoso y que sólo alguien que la conociera bien pudo haberla accionado. Además, los peritajes que se hicieron en manos y ropa del imputado y la joven también lo complicaron, porque se demostró que él tenía rastros que sólo se generan al disparar un arma de fuego.


Otra prueba clave fue el testimonio del amigo de Santiago (todavía menor de edad), el verdadero “blanco” del ataque, que fue tomado por el sistema de Cámara Gesell.


Querella

 

Los familiares de la víctima se constituyeron como querellantes. Fueron representados por el abogado particular Hugo González. “Santi no tenía vicios. Era trabajador. No tenía problemas con nadie. Todos lo conocían y lo querían en Tostado. No es la pena que esperábamos. Hubiésemos preferido los 17 años que solicitó la fiscal, pero dentro de todo estamos conformes, porque va a pagar por lo que hizo”, Griselda, hermana del joven asesinado.



 




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