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“Réquiem/Kadish” de Ángel Mahler 24 -08-2019
"El amor es más fuerte que la muerte"

La Daia Filial Santa Fe y la FCJS traerán la obra que homenajea a las víctimas del atentado a la Amia. La cita será el 18 de septiembre en el Teatro Municipal. En diálogo con El Litoral, el compositor contó sobre las alternativas de este proyecto.

 



 

Luego de su presentación en el Teatro Colón, llega a Santa Fe “Réquiem/Kadish. El amor es más fuerte que la muerte”, de Ángel Mahler. La obra se presentará el miércoles 18 de septiembre a las 21, en el Teatro Municipal 1º de Mayo, y contará con el propio compositor al frente de una orquesta conformada por 47 músicos de la Orquesta Sinfónica y 40 integrantes del Coro Polifónico de la Provincia de Santa Fe (con coordinación artística de Rodrigo Naffa), junto a las voces de Daniela Tabernig, Daniela Coria, Andrés Novero y Fabián Veloz. La letra es del rabino Marcelo Polakoff y la presentación del evento estará a cargo de Arturo Puig.

 

La Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales (FCJS) junto con la Daia Filial Santa Fe invitan a participar de este concierto homenaje a las víctimas del atentado a la AMIA de 1994. Las entradas podrán adquirirse a través de ambas instituciones: En la Daia, por teléfono, llamando a los teléfonos (0342) 4558119 o 4558128 (Maia) / (0342) 4559679 (Sebastián). En la FCJS, comunicándose con la oficina de Decanato: (0342 4571199, o vía e-mail a ceremonial@fcjs.unl.edu.ar.

 

En un alto de los ensayos previos con los artistas santafesinos, el compositor compartió con El Litoral sus vivencias y miradas.

 

 

Gestación

 

—¿Cómo surgió el proyecto de esta obra?

 

—Empezamos con Marcelo Polakoff trabajando juntos en el ’98, con una amistad que continuó: fui durante un tiempo, casi dos años, al templo Jerusalén donde él estaba (hasta que se mudó a Córdoba). Una amistad, muy linda, muy fuerte, que se fue acrecentando con el tiempo. Él me invitó a Memoria Activa, donde participaba, y empecé a conocer a varios familiares de las víctimas. La sensación cuando estás en frente de alguien que perdió un ser amado es muy difícil, porque no sabés qué decirle: una muerte natural es lógica, aunque nos duela, pero para un atentado de este tipo no había palabras.

 

Me relacioné con alguno de los familiares, y en diversas oportunidades se empezó a gestar en mí la necesidad de decirles algo, de darles algo que les hiciera bien a su alma, porque no hay consuelo posible. Empezó a surgir la idea de hacer esta obra: había que tener mucho cuidado porque había que hacerla con el criterio de reconfortar el alma de las personas y, aunque es inevitable entrar al dolor, también entrar a la esperanza de que algún día nos vamos a volver a encontrar con las personas amadas. Seas de la religión que seas, creo que eso va a pasar, estoy seguro: tuve distintas experiencias, ¿viste cuando creés en algo?

 

—Es la fe.

 

—Claro. Lo llamé a Marcelo, que ya estaba viviendo en Córdoba, y le conté la idea. Me dijo: “Qué bueno, empecemos a juntarnos”. Arrancamos hace cuatro o cinco años, y empecé a bosquejar las primeras cosas; a él se le ocurrió una idea de cómo desarrollar los textos, muy interesante. Le hice escuchar los Réquiems de Mozart, Brahms y Fauré, como para que tuviera idea del formato: coro, orquesta. Las cosas se fueron dando increíblemente; lo terminé de escribir y no sabía dónde lo iba a estrenar, si se iba a estrenar, qué iba a pasar; pero son esas cosas que uno hace desde el alma.

 

Se fue dando todo este proceso mágico: comenzaron a ubicarse las piezas del rompecabezas. Era de cuatro movimientos, era corto; tenía que ser de siete. Habla Dios, “¿Por qué hombre me has olvidado?”. Después las respuestas de las víctimas, los victimarios, en juego con Dios también. Nadie puede estar ajeno a los ojos de Dios: nos podemos esconder, pero nos ve. Cuando la humanidad hace cosas buenas la imagen de Dios se agranda (eso está en el Talmud), y se contrae cuando la humanidad hace cosas malas.

 

Todo empieza con un perdón: “Perdón Dios por haber hecho esto, porque nos diste todo”: todos sabemos que esta tierra es maravillosa, que tenemos todo (empezando por la Argentina) y vivimos las cosas que vivimos porque la vanidad, el deseo, el querer conquistar (leo mucha historia). Hablo de los emperadores, de los reyes de Israel, el ser humano tiene esa triste necesidad. Sería más fácil vivir en paz, sin prejuicios, que cada cual haga lo que quiera de su vida; pero necesitamos dominar.

 

 

Encuentros

 

—Recién hablabas de los Réquiems, y del ecumenismo entre credos. Hay un ecumenismo musical al fusionar el Réquiem (la misa de difuntos cristiana) y el Kadish (el lamento hebreo). ¿Cómo fue el desafío artístico de encontrarlo?

 

—Fue muy interesante, desde un principio tenía ganas de cantar el concepto de cada movimiento en hebreo, al comienzo, después se desarrolla lo mismo en español. Primero esto es un atentado a la Argentina, más allá de que sea un atentado a la comunidad judía. Empecé a mezclar las dos cosas, me pareció muy interesante: la gente pregunta y se va enterando. Incluso es un juego de palabras que suena muy bien.

 

Me imaginé (después de “Justicia perseguirás”, que es el sexto movimiento) que la gente que se muere en una circunstancia así no está preparada para morirse, me imaginé esa sensación del alma que continúa sin saber qué pasó y dónde está. Empecé a escribir el séptimo movimiento, que es un adagio, donde trato de mostrar esa sensación: son dos minutos de un acorde con toda la cuerda, y una soprano canta una melodía muy particular que genera en el espectador una sensación rara que rompe con lo armónico. Y de ahí abre a una armonía como una puerta, como si esa persona descubriese que por ahí es la luz. Vamos a hacia ese lado, y después viene una melodía que es el encuentro con los seres queridos.

 

 

Allá y acá

 

—¿Cómo fue el estreno en Buenos Aires?

 

—Fue el 10 de julio en el Colón. Trabajamos mucho desde enero, con gente del diario La Nación que se sumó a esta quijotada, Norberto Frigerio a la cabeza, Julio Saguier; ayudaron un montón a que esto ocurriera. Todos los procesos creativos son mágicos, increíbles, porque van pasando cosas en el medio que no las podés creer: arrancó en una marcha y terminó en el Colón. Uno hace fuerza para que las cosas sucedan, y en el país particularmente hay que generar los propios proyectos, y tirar para adelante siempre; y termina ese y empezás de cero con otro.

 

Fue un proceso muy lindo, que me unió muchísimo con mi esposa Dolores (Stabilini), con mis hijos Damián y Manuel. Y se produjo una empatía con los músicos, el coro y los solistas que fue imparable, al decir el mensaje de una manera muy bonita que impactó mucho en la gente.

 

—¿Cómo sentiste el recibimiento de la Daia Santa Fe y las otras instituciones, y cómo encontraste a los músicos santafesinos?

 

—Es mi primera experiencia, los músicos excelentes. Cuando al músico le pedís que se involucre con algo... hay obras con las que no podés no involucrarte, como cuando tocás la novena de Beethoven, qué se yo. No sé si hay muchos compositores a los que se les ocurra escribir este tipo de cosas en un país complicado; música nueva, sensaciones nuevas, la buena onda de todos.
Lo que me encontré es con gente muy profesional, con un nivel excelente, igual en Buenos Aires (si decimos que Buenos Aires es “la Meca”). Vienen dos solistas de Buenos Aires, Daniela Tabernig (santafesina pero radicada allá) y Fabián Veloz, y va a ser un placer compartir con los dos solistas santafesinos.

 

Quiero agradecer a Horacio Roitman (Daia Santa Fe): lo invité al primer ensayo en el Colón, estuvo media hora, y me dijo: “Te quiero llevar”, e hizo lo imposible para hacerlo, fabuloso. Y a Rodrigo Naffa, que se puso a coordinar todo lo artístico, reclutar a la gente, que es lo más difícil de todo.

 

 

Nuevos rumbos

 

—En el último tiempo venís abordando diferentes proyectos camarísticos, sinfónicos, obras instrumentales para solista y orquesta. Si bien todo tu trabajo anterior incluía la gran orquesta, arreglar las voces, estás apuntando hacia una búsqueda nueva. ¿Cómo es tu vivencia de esta etapa de tu carrera?

 

—Creo mucho en las señales, en cosas que pasan que uno tiene que estar atento. Esto me dio tal vez una de las satisfacciones más grandes de mi vida, haber estado en el Colón con 200 personas arriba del escenario; tres o cuatro días antes había estado Zubin Mehta, un director que admiro y conozco, porque gracias a Dios tuve la suerte de hablar un poco de música con él. El sueño del pibe: estás en el mismo lugar dirigiendo, haciendo algo de lo cual estoy seguro, y siento merece estar en el Colón, una obra de esta naturaleza. Porque había tenido la oportunidad de hacer “Drácula”, o alguna otra cosa en el Colón, pero realmente no sentía que el Colón fuera para cosas populares; no me gusta que se use de esa manera y tampoco siento que suene bien: el teatro suena bien sin amplificación, como fue pensado, apenas se amplifica suena horrible. Para eso están otros teatros preparados para eso: el Ópera, el Gran Rex, el Luna Park.

 

Esto empezó hace unos cuantos años, porque comencé a escribir obras sinfónicas. Mientras estaba haciendo comedias musicales lo comercial a veces no te deja tiempo para hacer otras cosas. Hasta que llega el momento. Me llamó el organizador del Festival de Música Clásica de Ushuaia, porque yo había escrito la “Sinfonía del fin del mundo”, inspirada en la ciudad de Ushuaia. Son cuatro movimientos y la hice este año allá, con la Sinfónica de Río Negro: fue una experiencia fantástica, con 60 músicos.

 

Evidentemente la señal es que tengo que empezar a hacer este tipo de obras, ir para otro lado. No es que no me guste el musical: me gusta, me emociona, me encanta, y voy a seguir haciendo; pero esto es paralelo. Llega y mueve otras fibras en la gente. No sé si es música clásica, tratar de encajarlo con algo creo que es una tontería; por eso hablaba de no tener prejuicios. Yo hago música: esta es la música. Me parece que sí tiene una formación clásica, pero es una manera de sonar que (estoy convencido) no se parece a nada. Y si se parece, se parece a mi pasado.

 

Se viene otra época, que es esta: ya empecé a escribir sobre los glaciares, para hacer la trilogía de glaciares, Cataratas y Ushuaia: tres maravillas que tenemos los argentinos, y que si se da de tocarlo en otras partes del mundo podés ir mostrando imágenes de lo que es la Argentina.

 



 




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