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Ave "urbana", pero no tanto 14 -09-2019
Los gorriones huyen de Buenos Aires

El auge imparable de las torres cada vez más grandes y la eliminación de varios espacios verdes está afectando la vida silvestre de Buenos Aires. La extinción del gorrión está a la vista, un pájaro que parecía perfectamente adaptado a su nicho urbano.



El Passer domesticus es una especie nativa de Eurasia y el norte de África que fue traída a las Américas a mediados del siglo 19 para combatir diversas pestes de langosta y orugas. Sarmiento fue quien lo introdujo en Argentina, él hizo una famosa suelta en Plaza de Mayo en 1871.

 

 

 

 

Según publicó Página 12, la Asociación Ornitológica del Plata, también llamada Aves Argentinas, tiene detectada una fuerte baja en el número de gorriones en las mayores ciudades de Buenos Aires. En España, donde los conteos se hacen regularmente y con rigor detectaron una baja del 21% en grandes ciudades en la década entre 2008 y 2018. Las explicaciones que encuentran al fenómeno son estrictamente de modelos de ciudad, como las que se sufren en Buenos Aires.

 

 

El gorrión porteño es un animal urbano, raro de ver a campo abierto excepto en pagos con mucha semilla disponible. Pero el pajarito necesita anidar en huequitos, de los que ofrecen las casas antiguas y bajas, y le niegan por completo los edificios en altura, especialmente los que son puro vidrio.

 

Los pichones sólo comen ciertos insectos, en particular grillitos o langostas, que en primavera comienzan a abundar entre los pastos. Sin embargo, esos pastos desaparecieron como consecuencia del auge inmobiliario. El ornitólogo, Lucas Leveau, realizó conteos de gorriones en calles de Palermo en 2004, y los repitió en 2016 y 2017. De encontrar poblaciones estables, pasó a encontrar verdaderos desiertos: en la mitad de las calles ya no había ni siquiera un gorrión.

 

Leveau se especializa en la fauna aérea urbana, y realizó estudios y conteos en otros ámbitos urbanos del país. Para comparar, explicó que en lugares como Mar del Plata o Miramar los gorriones prosperan porque encuentran todo en las calles.

 

El gorrión necesita del “césped no manejado”, natural, para poder comer. Ese pasto tiene un grado de dureza que le permite refugiar un mundo a ras de tierra de insectos, un recurso importante para el gorrión. En los últimos años de la ciudad de Buenos Aires las plazas ya no tienen este pasto y en su lugar hay cemento o césped tierno de semilla. Además, que no se abren espacios verdes en la ciudad.

 

Con información de La Arena y Página 12



 




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