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Ocurrió en Santa Fe 15 -12-2019
Terminó el calvario de una mujer y sus pequeños hijos

Un hombre fue condenado a 20 años de prisión por secuestrar y torturar a sus propios niños y a su ex esposa. A ella, además, la obligó a prostituirse y la violó. Años atrás, también había abusado sexualmente de uno de los chicos, cuando era un bebé.



Esta historia ocurrió en la zona noroeste de la ciudad y comenzó en 2007. Para resguardar la intimidad de las víctimas, no se mencionarán sus nombres. Ella tenía 16 años cuando conoció a Agustín Samuel Espíndola, un hombre sin documento de “veinte y pico”. La adolescente tal vez buscaba una excusa para irse del hogar de su familia cuando él le dio la oportunidad de la salida. Entonces, cayó en una trampa escalofriante de la que recién pudo librarse este viernes.


Apenas se mudó con Espíndola, fue forzada a ejercer la prostitución. Pasaron los años y tuvo dos hijos con él.


Un día de 2012, cuando ella tenía 20, alguien la fue a buscar al prostíbulo. El hombre había abusado sexualmente de uno de sus propios hijos, un bebé de un año y medio de vida.


La mujer y su madre denunciaron a Espíndola, que terminó preso a los pocos días. Esposado, el sujeto juró venganza. En 2013 fue sentenciado, increíblemente, a sólo cuatro años, pero apenas pasó un poco más de dos en prisión. Ni bien fue liberado, cumplió con su oscura promesa.


Secuestrados


El miércoles 20 de julio de 2016, Espíndola irrumpió en la casa de su ex esposa. A punta de pistola la amenazó de muerte. Así se la llevó, junto con los dos hijos que tenían en común y la pequeñita que ella había dado a luz con su nueva pareja.


Todos fueron a parar a un rancho de barrio Santo Domingo. Aterrorizada con lo que podía pasarle a sus hijos, la mujer llamó a quien era su concubino, le entregó a la beba y le pidió que no los buscara, porque había “vuelto” con Espíndola.


En la precaria casilla, la mujer y sus hijos sufrieron las torturas más crueles imaginables. Los niños eran agredidos brutalmente a diario. El hombre les pegaba, algunas veces con sus puños y otras con la culata de su arma de fuego; también los quemaba con cigarrillos, los bañaba con agua fría en pleno invierno y los “picaneaba” con cables pelados cuando todavía estaban mojados. A su madre la ataba para que vea impotente cómo se retorcían sus hijos. Abusó de ella las veces que quiso y de la forma que se le ocurrió.


El umbral


La mujer estaba aterrada, pero toda persona tiene un umbral de resistencia, un límite para lo soportable. Ella superó el suyo a fines de agosto de ese año, tras más de un mes de cautiverio, cuando se enteró de que Espíndola planeaba venderla a ella a una red de trata de personas y ofrecer a los chicos como mulas para narcos. Logró pedir auxilio a su pareja y este hombre hizo la denuncia ante el Ministerio Público de la Acusación.


La policía allanó la vivienda de Espíndola el 31 de agosto de 2016 y así liberó a la mujer y sus hijos. El hombre había huido, pero fue capturado poco después.


Ella les contó a los investigadores que estuvieron al borde de la muerte. Aparentemente, él se enteró de que los uniformados lo buscaban y había decidido matar a los tres. Los llevó hasta el río para ejecutarlos, pero luego volvieron al rancho, porque la mujer buscó una excusa. Eso les habría salvado la vida.


Condenado


Por este caso, Agustín Samuel Espíndola fue condenado el pasado viernes a 20 años de prisión. Así lo dispuso por unanimidad el tribunal pluripersonal integrado por los jueces Gustavo Urdiales (presidente), Rosana Carrara y Leandro Lazzarini en un juicio oral que se realizó en los tribunales de la ciudad de Santa Fe.


Espíndola fue condenado como autor penalmente responsable del delito de abuso sexual con acceso carnal agravado (por el uso de arma) en perjuicio de la mujer que era su pareja. Asimismo, la pena le fue impuesta por la autoría de privación ilegítima de la libertad calificada (por tratarse de persona a quien se debe respeto particular; por violencia y amenazas; y por la duración) en perjuicio de la misma mujer y de los dos hijos menores que tuvo con ella.


Además, Espíndola fue declarado reincidente a raíz de que el viernes 16 de febrero de 2012 había sido condenado a cuatro años de prisión como autor de abuso sexual agravado (por el vínculo) en concurso real con lesiones leves, en perjuicio de uno de los hijos.


La fiscal que investigó el caso fue María Gabriela Arri, quien durante el juicio oral estuvo acompañada por la fiscal de la Unidad Fiscal Especial de Violencia de Género Familiar y Sexual (GEFAS), Alejandra Del Río Ayala.


“El tribunal resolvió la condena por unanimidad, confirmó la calificación de los hechos tal como lo habíamos planteado desde la Fiscalía y conforme a los parámetros que habíamos utilizado para la determinación de la pena”, subrayaron las fiscales.


“Entendemos -agregaron- que pudimos demostrar el contexto de género en el que se concretaron los ilícitos. Y también quedó evidenciado el terror que le tenía el grupo familiar al condenado”.

 

Querellante


La mujer que fue víctima se constituyó como querellante y fue representada por las abogadas Vivian Galeano y Laura Gerard, del Centro de Asistencia Judicial (CAJ).

 

No dudar


“Ante la menor duda siempre hay que hacer la denuncia. Está la creencia de que uno tiene que acudir a la justicia con las evidencias, con las pruebas o con una denuncia construida, pero no es así. Esa se nuestra labor. para eso estamos acá, en el Ministerio Público de la Acusación. Es importantísimo hacer la denuncia por más que sea una mera sospecha, sobre todo en este tipo de casos. No es necesario que haya pruebas contundentes. Basta con la sóla persepción de que hay algo que está mal. Es crucial actuar a tiempo”, explicó la fiscal Alejandra Del Río Ayala.



 




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