El Litoral Santa Fe - ellitoral.com   Imprimir esta página
Link completo de la nota: www.ellitoral.com/index.php/id_um/230727

¡Qué chistudo, el pelotoso! 18 -03-2020
El humor como relectura de la realidad

El humorista caricaturiza, rediculiza y exagera con el fin de criticar, denunciar, develar y reflexionar. Su labor no genera una mueca vacía y boba. Constituye una postura combativa.



Me detendré por empezar en “Peter Capusotto y sus videos”, programa de humor que es creación del propio Capusotto y de Saborido ¿Han visto alguna vez al personaje de Micky Vainilla? Es un cantante pop que se parece a Hitler; con gestos artificiosos y con eufemismos musicales, intenta disimular su ideología neonazi. Usa desodorante “Gestapo” que le da protección racial las 24 horas y se lo aplica con el brazo derecho alzado como en el saludo fascista. Recomienda que los chicos consuman postre “Teresito” (“¡la superioridad racial con sabor a vainilla!”). Sostiene que la pobreza es contagiosa. Sin embargo, su manera de ayudar a los pobres consiste en dejarles una botella de agua junto a la basura para que, además de comida, tengan bebida también. Sus letras dicen cosas como éstas: “La noche brilla en la disco; / bailando te doy un mordisco; / pero hay algo que me hace el bocho: / tengo al lado bailando a un morocho. /Yo nunca hago diferencia/ pero el morocho al lado me molesta. / Un morocho no es extraño/ si en la disco es el que limpia el baño...”. En el sketch, Micky siempre se está justificando ante los reclamos de una voz en off que lo interpela: “¡Mirame a los ojos! ¡Tratan de transmitirte algo! ¡Mirá! ¿Te parece que no soy lo suficientemente abierto? Yo no acuso a nadie. Trato de hacer música divertida ¡Nada más! Sin embargo, todos están dele que te dele con el tema de la discriminación; yo sólo quiero ver a los chicos bailar y divertirse. Cualquier tema mío es nada más que pop para divertirse.” 

 

¿Qué hacen Capusotto y Saborido con este personaje? ¿Son simpatizantes de esta ideología pro-nazi? ¿Se burlan del Holocausto judío? ¿Toman a la ligera el legado de un monstruo como Hitler? ¿Merecen ser censurados por desatinados y ofensivos? A mi criterio, con el humor, hacen una relectura de la realidad, una crítica de ella. Exagerar estas perspectivas y conductas discriminatorias es una manera de desnaturalizarlas y ponerlas en evidencia. Tomar al estereotipo y caricaturizarlo es el camino para señalar su peligrosidad, su amenaza latente. La risa nos descontractura y nos interpela en simultáneo: ¿Ese “enano facho” no nos resulta familiar? La sociología, la historia o el periodismo (por citar) tienen sus herramientas para abordar estos y otros temas sumamente incómodos, excesivamente polémicos. El humor también las tiene: tal vez se asemejan a las que usa la literatura y otras ramas del arte como el teatro o el cine (particularmente). 

 

Algo semejante sucede en “El Gran Dictador”, cinta estrenada el 15 de octubre de 1940. Allí, Charles Chaplin ridiculiza -especialmente- al tirano Hitler y a otros dictadores de su talla. El argumento del filme se centraba en dos historias: la de un barbero que vivía en un gueto en un país imaginario llamado Tomania; y la del ambicioso líder de ese estado, el dictador Hynkel. ¡Ambos personajes son interpretados por el actor cómico! Tomania era una alusión a Alemania; Hynkel, a Hitler; y el barbero simbolizaba la víctima de la tiranía. Chaplin hizo que Hynkel y el barbero fueran físicamente semejantes para poder intercambiar sus roles, de tal forma que una casualidad hiciera que al final de la cinta el opresor fuera arrestado por sus soldados y el oprimido ocupara su lugar en el clímax del filme. Es la cinta en la que Chaplin “¡habla!” en contra de la opresión, de los totalitarismos y de la discriminación; en realidad, el barbero disfrazado de dictador es quien hace el siguiente discurso: “Pero... yo no quiero ser emperador. Ese no es mi oficio, sino ayudar a todos si fuera posible. Blancos o negros. Judíos o gentiles. Tenemos que ayudarnos los unos a los otros; los seres humanos somos así. Queremos hacer felices a los demás, no hacernos desgraciados. No queremos odiar ni despreciar a nadie. En este mundo hay sitio para todos y la buena tierra es rica y puede alimentar a todos los seres. El camino de la vida puede ser libre y hermoso, pero lo hemos perdido. La codicia ha envenenado las armas, ha levantado barreras de odio, nos ha empujado hacia las miserias y las matanzas. Hemos progresado muy deprisa, pero nos hemos encarcelado a nosotros mismos. El maquinismo, que crea abundancia, nos deja en la necesidad. Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos. Nuestra inteligencia, duros y secos. Pensamos demasiado, sentimos muy poco.”

 

¿Qué hace Chaplin con el personaje de Hynkel? ¿Toma a la ligera el legado de un monstruo como Hitler? ¿Merece ser censurado por desatinado y ofensivo? No todos ven con buenos ojos la caricatura elaborada por Chaplin. El antifascismo que emana de “El Gran Dictador” es entendido en aquel mundo polarizado como un pro-comunismo encubierto y el actor pasa a engrosar la lista negra de artistas vetados por Hollywood. Se lo considera propagandista contrario a los intereses de EE.UU. Las autoridades estadounidenses, en 1952, le llegan a prohibir su regreso al país donde había vivido durante 40 años. Recién volvería a Norteamérica, en una última ocasión, en 1972, para recoger su Óscar honorífico. Por un lado, vemos las herramientas del humor orientadas a desnudar y denunciar la peligrosidad de los totalitarismos; y, por otro, también nos encontramos con la desconfianza y reacción de aquellos que no pudieron o no quisieron leer esa crítica humorística como tal y optaron por la censura y la proscripción de uno de los talentos mundiales del séptimo arte. Simplificando: ¡Que el payaso circunscriba sus morisquetas a la arena del circo! ¡Si mete su nariz en otros asuntos, se la pondremos roja de verdad! ¡Callate, payaso, que tus bromas me perturban!

 

¿A dónde apunto con estos dos ejemplos del mundo del humor tan distantes en el tiempo? Apunto a conocer -someramente- la dinámica del humorista que caricaturiza, rediculiza y exagera con el fin de criticar, denunciar, develar y reflexionar. Su labor no genera una mueca vacía y boba. Constituye una postura combativa: las armas con las que combate la realidad son las risas. De hecho, dicen los que saben de inteligencia emocional que poder reírse de situaciones adversas o de nosotros mismos es una forma de no caer en el pesimismo, de saltearse el determinismo, de entender que la realidad que nos rodea puede ser reconfigurada. Es más, algunos de estos sabios recomiendan mirarse al espejo cada mañana y sonreír; pensar en nuestros problemas con una sonrisa para envalentonarnos, para hallar la punta del ovillo del drama que nos aqueja. Pienso en el padre creado por Roberto Benigni en “La vida es bella.” En definitiva, sostiene Roger-Pol Droit, filósofo francés y consejero de la UNESCO: “A veces lo irrisorio conduce a lo serio y lo profundo parte de lo superficial.” 

 

Hay gente que leerá esto y pensará: “¡No, hay cosas con las que no se jode! ¡Este tipo de humor no puede salir en la TV, en el cine o en un diario! ¡No! ¿Tal vez en la web? ¡No sé!”. Tal vez sean las mismas personas que censuran cierto de tipo de chistes publicados en una revista pero que lo aplauden en una cadena de Whatsapp de amigotes del fútbol 5 o de la peña. En definitiva, coincido con lo que Perry Nodelman sostiene en un artículo cuyo título es “Todos somos censores”: “Quisiera aclarar que mi posición respecto a estos asuntos es extremadamente sencilla; algunos dirían que es simplista. No hay absolutamente nada que una persona pueda decir que amerite una prohibición (...) Pero esto no implica que los fanáticos, necios y pervertidos tengan derecho a no ser cuestionados. Al contrario: deben ser cuestionados. Si logramos evitar que lo digan, perdemos la oportunidad de cuestionarlos; y la historia nos enseña que el mal y la locura reprimidos sencillamente aumentan y se tornan más peligrosos. Se convierte en algo prohibido y tentador. Crece y empeora. No, es mejor que se diga, para que a la vez nosotros ejerzamos la libertad de señalar cuán ridículo o peligroso es, con la certidumbre de que si nuestros argumentos en contra son lógicos y bien fundamentados, algunas personas aceptarán la validez de nuestras conclusiones al respecto. Creer lo contrario sería una arrogancia sin sentido.”

 

Con el humor, hacen una relectura de la realidad, una crítica de ella. Exagerar estas perspectivas y conductas discriminatorias es una manera de desnaturalizarlas y ponerlas en evidencia. Tomar al estereotipo y caricaturizarlo es el camino para señalar su peligrosidad, su amenaza latente. 

Vemos las herramientas del humor orientadas a desnudar y denunciar la peligrosidad de los totalitarismos; pero también nos encontramos con la desconfianza y reacción de aquellos que no pudieron o no quisieron leer esa crítica humorística como tal y optaron por la censura y la proscripción.



 




Diario El Litoral - Copyright 2020