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La cuarentena pone a prueba las redes de asistencia humanitaria 28 -03-2020
Cómo llega la ayuda alimentaria allí donde las necesidades se multiplican

El gobierno provincial y el municipal coordinan acciones con integrantes del Comité de Crisis que reúne, a su vez, a organizaciones sociales. El objetivo es asegurar la provisión de alimentos a la población vulnerable sin aumentar los riesgos de contagio. Y paliar la merma de ingresos para quienes, antes del aislamiento obligatorio, buscaban el sustento en las calles.



La cuarentena obligatoria y el correspondiente aislamiento social, necesarios para evitar la propagación del Covid-19, se traducen en una merma importante en la actividad de quienes se ganan el peso en la calle, como cuentapropistas, changarines, vendedores ambulantes o el servicio doméstico. Sin ingresos a los que echar mano y como consecuencia directa, crece de manera exponencial la demanda de alimentos, con la limitación que impone la medida e impide que niños, niñas y personas mayores concurran a comedores escolares y comunitarios.


La alternativa es distribuir viandas pero, una vez más, no de cualquier manera, porque el objetivo es evitar que muchas personas se reúnan a preparar los alimentos y que otras tantas se desplacen a retirarlos. Todo un desafío en distintos sectores que ya vienen soportando, desde hace tiempo y por sucesivas crisis, un deterioro de su poder adquisitivo.


En este relevamiento de El Litoral, estos son algunos testimonios de referentes que trabajan en los barrios más empobrecidos de la ciudad, ahí donde la calle —que ahora no se puede transitar— representaba el sustento. Y los espacios donde viven muchas personas en contextos de vulnerabilidad que deben cumplir la cuarentena, están construidos de forma muy precaria (casitas humildes y ranchos, donde no hay chance de acopiar nada, mucho menos alimentos) y a pocos metros de aquella calle que antes daba la “moneda” necesaria para subsistir.


Albornoz: “Quedarse en casa sin comida es imposible”


María Claudia Albornoz es, desde siempre, referente de barrio Chalet. Junto a los demás integrantes de La Poderosa preparan los sábados y domingos alimentos para 47 familias, que integran unas 175 personas de todas las edades. El panorama allí es similar a otros barrios donde el peso se gana en la calle: con cuarentena no hay ingreso, y la lista de espera de otros grupos familiares que se anotan para poder retirar una ración no hace más que crecer.


“Estábamos cubiertas con una tarjeta institucional por 50 mil pesos de Desarrollo Comunitario de la provincia; eso permitió estirar enormemente la ayuda para la cantidad de gente que tenemos, considerando que en los supermercados mayoristas donde estamos autorizadas a comprar los precios suben”. Entonces, la ecuación se complica: la demanda se amplió porque más gente necesita auxilio todos los días, y el dinero alcanza para menos.


Los anuncios sobre distintos paliativos económicos ayudan: “Hoy (por el viernes) se empezó a hacer efectivo el bono de los 3.000 pesos y vimos cómo, desde las 5 de la mañana, la gente peregrinaba a los cajeros de los bancos”. Además, la Universidad Nacional del Litoral (UNL) donó mil raciones de arroz cuatro quesos de su Planta de Alimentos Nutritivos, un producto que el barrio ya había conocido en época de la inundación de 2003. Y la Sociedad de Psicoanálisis del Litoral donó dinero para comprar carne: “Así, este fin de semana habrá guisos con carne picada”, anticipó.


Todo ayuda, pero parece que nunca alcanza en los barrios donde “las organizaciones sociales tenemos que ser muy creativas para que todos puedan comer, porque si entendemos que este virus se corta cuando te quedás en tu casa, es muy difícil decirle a la gente que permanezca adentro si no tiene nada para comer”. “Es responsabilidad de los gobiernos que las vecinas y los vecinos se queden en su casa, pero no se puede decir ‘quedáte’ de cualquier manera; hay que quedarse con comida porque, si no, es imposible”.

 

Sala: “Habrá que duplicar la atención”


Desde Santa Rosa de Lima, Rubén Sala integra el Movimiento Territorial de Liberación (MTL). Conocedor del barrio, coincide con sus pares de otros puntos cardinales —casi como si estuvieran hablando todos juntos con este diario— en que “la imposibilidad de hacer changas amplía el universo de gente que necesita auxilio para comer”. Y estima que si hasta el momento se atendía a unas 3.000 personas, “esa cifra se va a duplicar”.


“Hay buena predisposición de los funcionarios para abrir nuevos espacios o reforzar lo que ya existe, pero se está demorando un poco la ayuda”, advierte, mientras anticipa que ya estaba previsto aumentar partidas oficiales con ese objetivo.


“Tenemos una gran cantidad de compañeros sin trabajo; la mayoría son ‘cirujas’, y pedimos un comedor para ellos”. El espacio está: es el Centro de Cuidado Infantil que se habilitó en Mendoza al 4400 y que estuvo fuera de funciones “desde septiembre del año pasado, cuando el gobierno anterior no renovó el contrato; ahora pudimos renovarlo y ponerlo en marcha”, cuenta Sala, confiado en que entre lunes y martes las instalaciones puedan ser utilizadas como una gran cocina.


Para coordinar acciones, el martes hubo una teleconferencia del gobernador Omar Perotti con organizaciones sociales y se definió crear un comité de crisis “amplio y resolutivo”.


Es que la comida es vital siempre y en este contexto cobra una dimensión aún mayor: “No existe cuarentena sin comida en la heladera, o sin heladera directamente”.


Arguinchona: La ayuda se organiza


En San Agustín, como en el resto de los comedores escolares y comunitarios, la asistencia alimentaria se hace a través de viandas para evitar la exposición al contagio de quienes cocinan y de quienes buscan el alimento diario. Axel Arguinchona, cura párroco del barrio, ya imagina cómo será la organización desde la semana que viene, cuando se ponga en marcha el esquema de distribución de alimentos acordado con el Ministerio de Desarrollo Social de la provincia. “Se va a establecer un punto neurálgico del barrio con voluntarios de las instituciones” declara a este medio.


Pero resta definir cada cuánto se hará este reparto, ¿cada una semana?, ¿cada dos semanas? Es que “estamos viviendo una emergencia distinta y, en este caso, hay que evitar la aglomeración de personas y que haya mucha gente trabajando en el mismo lugar, porque el contagio sería peor”. Sí hay certeza de que deberá ser “una buena cantidad de alimentos para cada familia”. Y a la comida habrá que sumar los elementos de higiene, de acuerdo a las recomendaciones sanitarias para evitar una propagación del virus.


La buena noticia del incremento en un 100% del Programa Social Nutricional (Prosonu) cayó muy bien. “Se están tratando de agilizar mucho los trámites para que el dinero llegue y podamos hacer frente a los pagos a proveedores”. El Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) dispuesto por el gobierno nacional, a través de Anses, es otra buena: ya hay una persona voluntaria de Cáritas colaborando en la preinscripción de beneficiarios, tarea que comenzó este viernes. “No es mucho dinero, pero ayuda”.


Pero con algún ingreso extra y refuerzo alimentario no terminan las angustias: como en el resto del país, el aislamiento se tiene que cumplir, sólo que en algunos lugares es menos fácil. “Las unidades habitacionales en nuestros barrios son pequeñas para las familias que viven así —advierte el sacerdote—. Acá no se busca violar la cuarentena, pero es difícil que puedan estar todos dentro de la casa”.

 

La Casa de Juan Diego, cerrada por la cuarentena, sigue trabajando a través de sus voluntarios. Ellos saldrán a relevar a quienes necesiten recibir la ayuda o a distribuir bolsones, de acuerdo a las directivas de Desarrollo Social. Foto: Archivo El Litoral. 

 

El compromiso de la Casa de Juan Diego


La licenciada Mariana Argüello, coordinadora de La Casa de Juan Diego, comentó cómo sobrelleva la institución todos los problemas que apareja la crisis sanitaria: “El trabajo que llevamos adelante desde nuestra organización se está adaptando a las circunstancias actuales. Ante esta situación, nos vimos obligados a cerrar las puertas para respetar las medidas de prevención, buscando alternativas para seguir sosteniendo el acompañamiento a los chicos y chicas que asisten diariamente a nuestra institución”. 


A su vez, destacó que los trabajadores de las organizaciones sociales “somos reconocidos por las autoridades nacionales como trabajadores de servicios esenciales, y como actores clave en este esfuerzo colectivo que se está realizando para paliar los riesgos de esta pandemia. Sabemos que los chicos y chicas a los que asistimos diariamente viven en condiciones de vulnerabilidad social y económica, sin acceso a los servicios básicos. También hemos visto lo difícil que resulta cumplir con el aislamiento obligatorio en los barrios de la periferia de nuestra ciudad”. 


En virtud de esta realidad dispar a lo que aconsejan las autoridades sanitarias, Argüello indicó: “Dentro de las acciones que estamos llevando a cabo desde La Casa de Juan Diego —en coordinación con las medidas establecidas por el Ministerio de Salud, Ministerio de Desarrollo Social y el Comité de Crisis constituido por las entidades sociales de la ciudad— es la de acercarnos a cada uno de los hogares de nuestros pibes y pibas para garantizar que todos puedan seguir recibiendo el bolsón de alimentos, elementos de higiene junto con la información sobre medidas de cuidado y —también— el acompañamiento y la contención necesarias en estas circunstancias, pero sin salir de sus casas. También se está orientando y asistiendo para que accedan al Ingreso Familiar de Emergencia (IFE)”.


Para cumplir con esta tarea, el Ministro de Desarrollo Social pidió que cada organización haga llegar un listado al Ministerio con la nómina de voluntarios que se consideren indispensables para salir a las calles, ya sea para relevar a quienes necesiten recibir la ayuda o distribuir bolsones con el fin de emitir las correspondientes autorizaciones.


“Confiamos en que la salida de esta situación parte del compromiso, la responsabilidad, la solidaridad y la empatía para atender y cuidar la vida de cada una de las personas que sufren mayor vulnerabilidad. También es necesario más que nunca fortalecer el trabajo conjunto entre el Estado y las organizaciones sociales para que ninguno quede excluido de estos beneficios”, analizó la coordinadora.

 

Ayudar. Desde la Asociación Civil Las Flores II se le da de comer a 205 personas. Se siguen todas las medidas de higiene en la cocina, y desde una puerta se entregan las viandas. Éstas deben guardar distancia entre sí, para evitar aglomeraciones. La foto es sólo ilustrativa. Foto: Facebook Asoc. Civil Las Flores II

 

 

Las Flores II: la urgencia es el dinero


Javier Rodas es el responsable de la Asociación Civil Las Flores II. Allí, se le da de comer a 205 personas siguiendo con todas las medidas de higiene que están a su alcance, y se atiende por una puerta que tiene una reja: “Ya tenemos anotado quienes son para saber las cantidades, la gente viene con su vianda, quienes trabajan están con los guantes, todo está desinfectado, guardan la distancia, siempre que se pueda, al aire libre. Y adentro van pasando de a una o dos personas. 


“Actualmente se agrega gente, y un plato de comida no lo podemos negar, por ende salimos muchas veces de presupuesto. También pedimos la colaboración a comercios amigos, pero tampoco pueden darnos siempre. Todos estamos con necesidades”.


Más allá del presente, Rodas hace énfasis en lo que puede pasarle a ellos en poco tiempo: “Tenemos un inconveniente importante con el tema del dinero. Está depositado lo de febrero e incluso una ayuda más, pero como los bancos no están trabajando, no podemos sacar la plata. Y es un trámite que sólo se hace por ventanilla. Tenemos para dar de comer hasta el lunes y martes inclusive. Pero de no contar con el dinero, ya estamos analizando la posibilidad de cerrar. Todavía no se acercó nadie para darnos una solución al respecto”.


El referente es conciente de que “no estaría bueno cerrar el comedor ahora. Tenemos gente de todas las edades que dependen netamente del comedor. Acá vienen, retiran la vianda y se vuelven a su casa. Les damos leche, comida y un postre (naranja, un flan, lo que se pueda). Además si se cierran los comedores, a toda esa gente la tenés en la calle pidiendo o buscando algo para comer. Lo que va a contramano de lo que hay que hacer, que es quedarse en la casa. Pero lo cierto es que hoy estamos limitados con el presupuesto”, concluyó Rodas. 
 
 

El Movimiento Los Sin Techo están entregando 700 raciones diarias, de lunes a viernes. Se le pide a un miembro de la familia de los chicos que concurren al jardín que vayan a retirar su porción de comida. Foto: El Litoral

 

Los Sin Techo: la higiene, vital como el alimento


Del Movimiento Los Sin Techo (MLST) dependen 18 salas de jardines de infantes. Silvana Mara es la directora, responsable y coordinadora de las actividades, dentro de las cuales se encuentra el reparto de comida para los alumnos. 


“Las 18 salas están repartidas en el cordón oeste de la ciudad, y en todos estamos cocinando tomando todas las precauciones. Aproximadamente, en estos momentos estamos con 700 raciones diarias, de lunes a viernes, y se le pide a un miembro de la familia de los chicos que concurren al jardín que vayan a retirar su porción”, describe Mara a El Litoral. Pero advierte: “Hay faltante de elementos de higiene y seguridad que no se consiguen en ningún lado, está todo agotado. Entonces estamos viendo la posibilidad de elaborar nuestros propios barbijos. Las que cocinan en los jardines son las madres de los mismos chicos de los barrios que hace años que están trabajando y colaborando con nosotros. Son unas 70 mujeres”.


También están con faltante de alimentos para poder cubrir todas las necesidades, porque los mayoristas tampoco tienen mucho. “Y algo que venimos notando es que concurren todos a buscar la comida, no hay gente que no haya ido, y nos piden raciones extras para los hermanos, porque no les alcanza la comida, y es lógico al estar encerrados. Necesitan comida”, aseguró.


Los Sin Techo también tienen a su cargo 25 copas de leche donde también hay unas 2 ó 3 mujeres por cada una. La modalidad para la copa de leche es similar al retiro de comida: va un integrante de la familia a buscar la leche en botella o jarra y se le da para el chico que concurre y para los hermanitos menores, con la ración de pan o masitas correspondiente. 


La cuestión de la higiene es todo un tema, y la Directora de los Jardines lo explica: “Lo que hacemos es que las maestras le mandan al grupo de madres todas las normas de higiene, cómo lavar los tupper y ollas para ir a buscar la comida, que dejen todo desinfectado. Pero la realidad que tenemos en los barrios, es que ellos no estaban acostumbrados a la higiene diaria, entonces es un continuo mandar tutoriales para que se laven las manos. Todos los días las maestras tienen la función de enviar, apenas se levantan, a sus alumnos que se laven las manos, dientes, las tazas donde van a tomar la leche. Todo lo relacionado a la higiene personal. Tenemos chicos que viven en ranchos todavía, con pisos de tierra, andan en la calle. Algo entendible teniendo en cuenta que viven en una casa de dos ambientes hasta 8 personas”. 

 

2.500 Raciones de copa de leche Son las que reparte el Movimiento Los Sin Techo por día. 

 

Misas suspendidas


Desde el 20 de marzo y hasta nuevo aviso —o mientras dure la cuarentena— las misas quedaron suspendidas en la Arquidiócesis de Santa Fe de la Vera Cruz. También los bautismos, matrimonios y cualquier encuentro que pueda suponer la concurrencia de muchas personas. Eso sí: “Las iglesias están cerradas pero, ante cualquier necesidad espiritual o material, están ‘al pie del cañón’”, aclaró el padre Axel Arguinchona.



 




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