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Aulas en silencio 17 -04-2020
Un mundo sin escuelas

El coronavirus provocó el cierre masivo de establecimientos educativos. Autoridades, directivos, docentes, estudiantes y familias se agolparon a pensar propuestas para continuar las clases. En diálogo con El Litoral, especialistas de tres disciplinas diferentes abordaron la adaptación al nuevo escenario. Implicancias, riesgos y desafíos de una educación en ciernes.



Si en el planeta rige el desorden, la anarquía se apodera del mundo educativo. Al ritmo impuesto por la pandemia, los gobiernos crearon nuevas reglas en el que se dispuso el cierre de las escuelas. Pasado un mes, las instituciones educativas permanecen firmes en evitar que las clases se suspendan. Sin embargo, todos los educadores se apartan de las normas. No lo hacen por capricho, sino para mantener vivo el vínculo con sus estudiantes. Profesores de jardín, maestros de escuela y docentes del nivel superior se las ingenian para adaptarse a los modos y tiempos que definen a la virtualidad. Un mundo sin escuelas da lugar a las sospechas: ¿Qué te están enseñando?, ¿Por qué te mandan esto?, ¿Cómo vas con la tarea?. El foco de la atención está puesto sobre una educación en crisis. Mientras, las aulas esperan el regreso de sus actores en un silencio estruendoso.

 

Buscando un espacio para echar luz sobre la incertidumbre, la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Católica de Santa Fe organizó un conversatorio virtual en el que participaron algunos de sus profesionales pertenecientes a distintas disciplinas .“La realidad reclama una mirada abarcativa, exige la multiplicidad de miradas y necesita de distintos puntos de vista”, expresó la decana y doctora en Filosofía, Carmen González; que estuvo acompañada por Pablo Bongiovanni, doctor en Educación, especialista en tecnologías aplicadas a la educación y educación a distancia; y Milagros Vigil, licenciada en Comunicación Social, directora de las licenciaturas de Ciencias de la Comunicación y de Medios Digitales.

 

Según Bongiovanni, nadie estaba preparado para esto: “De repente caímos en la cuenta de que había un montón de cosas que formaban parte del mundo, pero que no sabíamos manejar. Se nos pusieron a disposición una multiplicidad de herramientas que, conjugadas con la falta de habilidades digitales, generan problemas en todo el sistema. Incluso, aquel que sí tenía el conocimiento, hoy se siente abrumado por la situación”.

 

Para Vigil, las circunstancias dificultan “pensar mientras nos toca ir haciendo”: “No es sencillo el traspaso de educación formal a educación virtual porque es el resultado de una obligación antes que una elección”. De todas formas, ve una luz en un cambio previo: “La aparición de internet modificó la comunicación masiva. En muy poco tiempo tuvimos que empezar a hacer todo de manera muy diferente. Con su uso, comenzamos a entender nuevos lenguajes, formatos y recursos”.

 

Problemas de comunicación

 

El escenario comunicacional actual tiene, según Vigil, una realidad compleja e incompleta: “Más del 75% de los usuarios argentinos utilizan redes sociales, pasamos un promedio de 8 horas diarias en internet y hay casi el doble de teléfonos celulares que personas. Sin embargo, no tenemos desarrolladas nuestras competencias digitales”.

 

Valiéndose de su experiencia como asesor en innovación educativa en el colegio Inmaculada de Santa Fe, Bongiovanni ejemplificó los malentendidos que pueden surgir en este contexto: “A los educadores nos convocó la tarea de continuar con el vínculo, y en ese afán perdimos algo que en la presencialidad surge de forma natural: los códigos. Todos sabemos cómo saludar cuando llegamos a una reunión, pero nos cuesta entender cómo es esa misma dinámica en un entorno virtual”.

 

González explicó que le resulta “paradójico” ver cómo “el contexto nos demanda estar permanentemente conectados”, pero relegando “los vínculos entre pares”. “Estamos inmersos en una crisis que en dos semanas nos empujó a pensar de un modo completamente nuevo todas nuestras prácticas habituales. Esto afectó la lógica de comunicación. Priorizamos la resolución de problemas, mientras dejamos de lado el tiempo y el espacio de contacto con el otro”.

 

Los padres de testigos

 

Los tres se expresaron en la misma línea sobre la transformación en el modo en que se relacionaban los corresponsables de la educación. “La preocupación es lógica y pone luz sobre algo que ya venía pasando: La relación escolar se resiente. Si bien los padres son los primeros educadores, los profesores tienen habilidades específicas para ello”, sostuvo la decana de la Facultad.

 

Bongiovanni se refirió al Homeschooling -personas que deliberadamente no envía a sus hijos a la escuela- como contraposición del sistema educativo que “está pensado para que las clases sean grupales”. “Cada uno en su casa, frente a una pantalla y con la supervisión de un familiar, me parece que corresponde a otro modelo educativo”. A su vez, dijo que “también es una oportunidad para trabajar codo a codo en lo más específico, participando del proceso de aprendizaje de un hijo”.

 

Por su lado, Vigil dijo que la situación “nos hace pensar cuál es el sentido de la escuela” y pidió “no mirar para otro lado”: “Debemos trabajar juntos más que nunca. Todos necesitamos ser escuchados, por lo que son necesarios nuevos canales de comunicación, y creo que en esto la tecnología juega a favor”.

 

Partes de un todo

 

“Si tengo de un día para el otro tengo que manejar un camión, no voy a saber qué hacer”, señaló la especialista en Comunicación, dando pie a “una reivindicación del saber, no solamente de quién educa, sino de cualquier oficio, trabajo o profesión”.

 

Desde la perspectiva filosófica, González encontró en el slogan “nos salvamos entre todos” un “disparador para pensar una forma colectiva de trabajo”. “Hay un riesgo respecto del rol docente, que pase a ser un mero instructor, en la medida de que ofrece contenido mientras el proceso educativo se mantiene congelado”, acertó.

 

Bongiovanni agregó que se “puso en jaque la manera en que la escuela transmite el conocimiento, donde las consignas adquieren sentido en un contexto determinado”. “Si virtualizar se reduce a un ‘paso a paso’, no creo que estemos haciendo un buen trabajo”, finalizó.

 

Crisis como oportunidad

 

Carmen González. Foto: Gentileza

 

 

”El sentido del acto educativo es ser parte de procesos de cambio. Educar es provocar cambios, de crecimiento, de desarrollo de las potencialidades, de plenitud de las personas . Pero siempre en reciprocidad: cambiamos, crecemos también los docentes al provocar cambios en nuestros alumnos. Por lo tanto, si en lugar de cambios la educación solo reprodujera estados, situaciones, realidades...sería mera instrucción o adoctrinamiento. Esta circunstancia que estamos atravesando debería tener ella misma capacidad educativa. Si la asumimos como desafío para revisar nuestras prácticas, habrá sido también educativa la pandemia. Creo que, en términos amplios, lo es, al menos como oportunidad y para la humanidad toda”.

 

Vínculos en el encierro

 

Milagros Vigil. Foto: Luis Cetraro

 

 

“La posibilidad de conectarnos está en crisis en diferentes sentidos frente al aislamiento. Al no poder vincularnos como lo veníamos haciendo, empezamos a buscar alternativas . El deseo de mantener el vínculo mediado por la tecnología y no lograrlo (por fallas tecnológicas o humanas) nos genera una gran decepción. Allí es donde surge la desconfianza con el medio (esto no anda!), la sensación de analfabetismo tecnológico (no sé usar esto, me supera!), la frustración (están todos en la videoconferencia menos yo) y hasta la inacción (no hago nada porque no sé cómo hacerlo). Encerrados o no, necesitamos de “los otros” y, en muchos casos, las tecnologías pueden ayudarnos a ponernos en contacto, aunque esto implique aprender, experimentar y acordar nuevas formas de vincularnos”.

 

Legados del aislamiento

 

Pablo Bongiovanni. Foto: Archivo

 

 

“El contexto previo a esta realidad es un gran determinante. Quienes no manejaban ningún ningún tipo proyecto institucional relacionado a la tecnología, más allá de pequeñas incursiones, tuvieron que multiplicar los esfuerzos. Esto deriva en confusiones sobre la forma de implementarlas ya que, en condiciones normales, estos cambios se realizan de forma progresiva. La experiencia dejará una marca, aunque no sé si va a marcar un antes y un después. Quedará una huella personal en los alumnos de hoy, los chicos y adolescentes que están aprendiendo en cuarentena, a través de medios digitales. De todos modos, creo que los cambios gran escala dependen mucho de las personas. El sistema, por sí solo, va a tender a acomodarse a lo conocido. Dependerá de nuestro aporte para generar políticas de innovación que deriven en una una mejor calidad educativa”. 



 




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