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Columna de Neurociencias 17 -05-2020
"ˇOtra vez sopa de incertidumbre!" para las neuronas: el menú típico de las crisis



Dr. Hugo D. Valderrama /  Médico neurólogo - Máster en Neurociencias (Mat. 5010)

 

La sopa de amenazas a las certezas y capacidad de tener algún control siempre fuera parte de nuestra dieta, pero nuevamente pasan a ser el único menú. Si como comunidad, un tren viene lenta y progresivamente derecho hacia nosotros y sólo reaccionamos yendo hacia atrás durante décadas, nunca podremos salir de la vía para lograr analizar de dónde realmente viene el tren, hacia dónde va, a qué velocidad y qué opciones hay para intentar subirnos.

 

A nivel individual, actualmente la incertidumbre frente a la economía y el contagio de Covid-19 puede producir lo que en psicología llaman “secuestro emocional”, donde la ansiedad, miedo e ira pueden hacernos tomar decisiones perjudiciales a mediano y largo plazo, que en otras circunstancias no hubiésemos tomado sin investigar y agotar todas las opciones. Hay cuatro puntos básicos a tener en cuenta para disminuir las posibilidades de que esto nos ocurra continuamente y brindar más posibilidades a nuestro cerebro:

 

Entender cómo funcionamos: el principal ingrediente de esta sopa es la adrenalina, que deja “gordo” al sector del cerebro que genera ansiedad y el pánico, útiles en las respuestas de muy corto plazo, pero muy “flaco” al jefe que intenta ser más racional, y que es el lóbulo frontal. Literalmente la amígdala, centro centinela del cerebro, aumenta de tamaño frente a lo que consideramos amenazas a nuestra supervivencia, dando respuestas generalmente extremas.

 

Habitualmente, las respuestas de supervivencia siempre van a estar guiadas por patrones establecidos: es más rápido, eficiente y ya está aprendido. Pero si el resultado de esa respuesta no logra quitarnos de la situación de estrés, se entra en un círculo vicioso donde no hay lugar para la posibilidad de conectar con todas las áreas del cerebro relacionadas al análisis, planificación y toma de decisiones. El sólo hecho de entender por qué y cómo son los mecanismos en nuestros cerebros elimina la incertidumbre acerca de nuestros propios síntomas, muchos fisiológicos y que forman parte de un proceso adaptativo. Vivimos en una montaña rusa y aprendemos a gestionar las emociones mientras nos mantenemos a salvo.

 

Realizar ejercicio físico aeróbico antes de razonar y tomar decisiones importantes: parece una hábito primitivo y lo es, porque la red neuronal que detecta amenazas también es primitiva. Al aumentar la adrenalina, el cerebro nos prepara del cuello hacia arriba y hacia abajo para huir o atacar. Si cumplimos el mandato del cerebro y consumimos esa adrenalina moviendo el cuerpo con ejercicio, simulando esa ataque o esa huida, la adrenalina va a disminuir al menos momentáneamente. Eso evitará que sólo utilicemos un “martillo” y que todas las opciones aparenten ser “clavos”.

 

Destacar lo que sí se tiene, no sólo lo que no: esto permite comprender y administrar el nivel individual real del impacto, como las posibilidades aún presentes en el “vaso poco lleno”.

 

Evaluar según el contexto y de manera evolutiva: no anclarse sólo en los hechos del día, sino analizar la información actual pero en contexto histórico. Esto implica “intentar no ver sólo la foto, sino la película”.

 

Todos nuestros sistemas sensoriales están constantemente operando bajo una dinámica predictora, lo que reduce la cantidad de información a procesar. La mayoría de las veces la predicción se cumple frente a eventos habituales y similares de la vida diaria. Pero los humanos hemos ido superando a otras especies, porque además sumamos la capacidad abstracción, dando la posibilidad de predecir a largo plazo. Esta última capacidad hoy está en tensión, porque nos es más difícil encontrar patrones ciertos de donde partir.

 

Por ello que frente a un escenario tan complejo como desconocido, un factor diferencial es la capacidad adaptativa de nuestro cerebro, y las estrategias que los individuos utilicen para a modificar su estado habitual.



 




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