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La peste en mi pago 26 -05-2020
El sordo y la peste

La peste deja vivas las neuronas pero ningún neurólogo me lo dirá: estando quieto se apagan de a una, de a dos, pero se apagan. Músculo que no se desarrolla se atrofia. Adentro no es fuera. El contacto es crecimiento, apertura, misterios, presunciones.



Nota del autor de estas reflexiones. Desde el 20 de marzo a la fecha el encierro provoca lo suyo. Dicho esto, como advertencia digo…

 

No logro recordar el músico que le puso “fondo” a una película notable: “El bebe de Rosemary”. Polanski es cosa seria en el cine. Ya con el músico que usó para su etapa europea (Quincy Jones, en “Repulsión”) me había sorprendido. Conocía, pero seguí desde entonces a Quincy, verdadero “resolutor” de George Benson (a quien lo resuelve y lo inventa) e inventor definitivo de Michael Jackson. Ese tema mundial del negro vitíligo emblanquecido debe ese sonido y ese arreglo a Quincy. Muy importante en el jazz / pop este negro, regular soplador pero excepcional arreglador. Resuelve e inventa. Es el mismo Quincy a quien Sinatra, mientras estaba grabando con él en arreglos y dirección de orquesta (Los Ángeles es Mi Lady) lo salva de una primera muerte, lo ve descompuesto, detiene la grabación, Sinatra llama a la ambulancia y Quincy se salva de un infarto masivo, que no llegó a dejarle sin irrigación todo el corazón, que no fue tan masivo, al cabo.

 

No quiero acudir a Google, fuente de toda sinrazón e injusticia, pero no recuerdo el “articulador musical” en esa película, que sirvió para la pelea final de Sinatra y esa mujer a quien Francis Albert en un arranque de celos le “cortajea” el pelo y Polanski debe cambiar escenas e “inventar” una razón en el guion. Dura la vida de Mía Farrow. La leyenda, sólo la leyenda, cuenta que la causa contra Polanski la impulsa Sinatra y le avisa: no volverás nunca a EE.UU. Sinatra dicen que dijo. Sucedió.

 

Debo recordarlo y en cualquier momento me declaro vencido y busco al autor de la música. La culpa la tiene el coronavirus, la cuarentena, la peste en mi pago.

 

El cine en televisión, las series policiales ocupan los días de encierro. La peste deja vivas las neuronas pero ningún neurólogo me lo dirá: estando quieto se apagan de a una, de a dos, pero se apagan. Músculo que no se desarrolla se atrofia. Adentro no es fuera. El contacto es crecimiento, apertura, misterios, presunciones.

 

Habría que hacer un arqueo de neuronas útiles, de conexiones reales del cerebro, de la corteza y de las funciones reflejas también. Ahora mismo, para dar un ejemplo personal, no recuerdo el nombre de quien musicalizó “El bebé de Rosemary”. Antes lo sabía. Creo, supongo, ya no me animo a las certezas, vagamente recuerdo que lo conocía.

 

La Peste deja una certeza física. Una sola. Estamos encerrados. No somos los mismos, parecemos, pero no somos los mismos respondiendo por telefonito, video conferencia, sistema zoom o pantalla de exteriores. No somos los mismos. Hace días, ya lo conté, el bocinazo, el cornetín de “el churrero” y esa masa grasosa y tibia, azúcar por fuera, dulce de leche al medio, era una prohibición absoluta según grasas, colesteroles, diabetes y demás lindezas pero ay, qué cosa ese churrero. Débil es la carne. Igual, es una materia que debo. Un día cualquiera rompo el encierro, lo paro y pido una docena y allí me suicido de frituras misteriosas.

 

De las series policiales a películas locas. Se terminan las series policiales con lo suyo. Si yo fuese autoridad competente prohibiría Ozark. Enseña a lavar dinero negro de todas las formas posibles y ganan los malos. Mejor, no hay buenos. En un país como Argentina, que demuestren en una serie masiva cómo puede lavar cualquier monto un CPN es algo que Cristóbal, Elizabet, López y otros agradecerán. Todos somos lavadores. Serie loca.

 

Películas locas el otro rubro. Una de ellas “Bastardos sin Gloria”. Por su costado de “homenajeador” el director le pide a Ennio Morricone que haga la música a la manera de… los “western spaghetti”, que mucho le deben a ese músico (qué cosa, qué cosa el gringo con la melodía de Sacco y Vanzetti) y hace un mini robo homenaje que me bailaba en la cabeza.

 

Una vez atraído por esa neurona que baila sola busqué Tiburón, esa película donde la toma subjetiva, desde los ojos del tiburón, te saca de la butaca. La película tiene música del que se las tira de tonto y es un vivo bárbaro. Williams. El tío John Williams también hace su robo homenaje, pero cuidado. Tanto Morricone, como Williams favorecen la imagen con eso que realizan, que tan exacto, tan bien aplica Polanski, como Spielberg, como Tarantino. La música define la imagen y tus sensaciones van de la mano del paquete antipochoclo.

 

El encierro pone esas cosas a bailar, neuronas distraídas, otras con ganas de funcionar. No aconsejo el encierro como avance a la felicidad. Para descubrir igualdades donde no las había, sí, para eso sí.

 

Hace muchísimos años, como doscientos, un compositor, se dice que enamorado de una mujer, le dedicó un temita. Mano derecha melodía, mano izquierda armonía. Allá fue el tema. Anduvo, quedó, hasta Richard Clayderman se le animó. Está en todos los conservatorios. En cada piano hay una tecla latiendo al vaivén de “Para Elisa”.

 

Allá fue el tema, una “bagatela” para piano, al parecer escrita en 1810 y reconstruida sobre el 1860. Tranquilos, ya no hay derecho de autor. Ni de amor ni nada, ni siquiera discusión por si se llamaba Elisa o Theresa. En los últimos años de su vida era inútil preguntarle estas cosas a quien la escribió. Estaba dedicado a otros menesteres. Su apellido me exime: Beethoven. Si debo votar elijo la Quinta. Y Friedrich Schiller.

 

En las películas mencionadas se usan esos primeros sonidos tan puros, de esta bagatela. Misteriosos y por detrás en Polanski, casi del Diablo. Angustiantes en Tiburón. Insultantes en Bastardos. Eternos, claro está.

 

Confieso: me rendí. La peste está angostando, cada día más, mis angostas neuronas. Wikipedida dice: Krzysztof Trzcinski (Poznań, 27 de abril de 1931-Varsovia, 23 de abril de 1969) fue un compositor, arreglista y pianista de jazz polaco. Aunque inició estudios de medicina, los abandonó para dedicarse al jazz. Trabajó junto con Roman Polanski y Andrzej Wajda componiendo la música para sus primeros cortos; más tarde realizó la música de la película El cuchillo en el agua (1962) de Polanski, que le proporcionó prestigio. Fue víctima de un trágico accidente: se cayó en un barranco volviendo a casa con su amigo Marek Hłasko en la ciudad de Los Ángeles, California, sufriendo varias heridas en la cabeza, lo que le provocó la muerte pocos meses después. El cuchillo en el agua (1962) Callejón sin salida (1966) La partida (1967) El baile de los vampiros (1967) Rosemary's Baby (1968).

 

A los efectos de dejar constancia. La peste provoca estos temas. Y no hay certeza sobre el final de la maldición de Sinatra sobre Polanski. Francis Albert también maldijo a Robert Kennedy. Pero esa es otra película. Ojalá termine antes la cuarentena. Como sea: Para Elisa es inmortal, la motivó el amor, no la peste.



 




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