El Litoral Santa Fe - ellitoral.com   Imprimir esta página
Link completo de la nota: www.ellitoral.com/index.php/id_um/251606

El equipo del “Buche” cortó los 14 años 29 -07-2020
Chabay, Gambier, el "Loco", la vuelta a la "A" y fin del calvario



Fueron un auténtico calvario esos años duros de Colón en la “B”. Y va más allá de las finales con Unión en el ‘89 o de los penales con Banfield en el Chateau Carreras del ‘93. Casi todos los años iguales: club devastado, inferiores criadas a los porrazos —como salía— y técnicos más planteles prácticamente completos que venían año tras año. Por eso es que ese 29 de julio de 1995 marcó muchas cosas más que un simple ascenso en la vida de Colón. Marcó el verdadero Punto Final de tantos años de decepciones, frustraciones, tristezas e inentendibles fidelidades de tablones.


Hoy se recuerda con un dejo de ironía y humor esos tiempos del ascenso con los 14 años en la “B”. La frase surge sola: “Hoy nos cagamos de risa, pero había que aguantar lo que aguantamos”, te dice cualquier “Negro” de 50 pirulos para arriba que nació y morirá hincha de Colón. Esa foto de la fiesta armada con paracaídas para goles de los otros. Ese día de la clasificación festejada en la cancha hasta que la radio traía una lluvia de goles de Almirante Brown de otro lado para otra vez tragar veneno. Ese estadio lleno hasta las manos y de un “Coquito” Rodríguez imparable con la camiseta de Mandiyú. Esos viajes para ir a las canchas del Deportivo Morón, Laferrere, Isidro Casanovas. De visitar y conocer Estación Quequén y Cipoletti de Río Negro en el frío sur. De ir a Salta, Jujuy y Tucumán en un norte siempre caliente donde tiraban naranjas desde las tribunas para meter miedo escénico.


Siempre lo mismo: jugadores maduros de cartel pero en la parte final de sus carreras, contrataciones de DT con chapas de “ascendedores”, fracasos deportivos, desarme anticipado de los grupos, sueldos que no se pagaban y al final los de acá. Siempre los de acá. Era irresistiblemente automático lo de Colón en esos años de la “B”. Las novelas de Colón, en la “B”, terminaban siempre igual.


Desde Juan Manuel “el viejo” Guerra hasta el “Loco” Hugo Zerr pasando por el uruguayo Ildo Maneiro. La pasión del inolvidable “Gallego” Hugo Manuel García hasta ese tipo “bonachón” que era el “Cartonero” Jorge Ginarte con la maldición de los penales. El equipo “político” de Vanrell con el “Mosquito” Harguindeguy y Marchetta de consejero espiritual. Los años del “Pelado” Carlos María Hurtado: “Mire, si se complica, allá hay una cava, péguele de punta ahí, no se complique pibe”, decía el profe.


Así, la lista va y viene como me sale. El “Patón” Oscar Aguirre, el bueno de Ramón Cabrero. El teclado apunta a Eduardo Vicente Janín, a la “Urraca” Miguel Ángel Juárez. Aparece Federico Sacchi. De la casa, por ejemplo, como ex jugadores: primero Jorge Omar Sanitá y después Orlando Medina. Sigo: Aníbal Tarabini, el “Beto” Alberto Pompeo Tardivo y el recordado Osvaldo “Chiche” Sosa. Sigo de nuevo: un señor como don Ricardo Trigili, el maestro Nito Veiga y hasta la receta de probar allá por los ‘90 con un ex Unión como fue Reynaldo Volken. Y sigo: la vuelta mágica de “Pepe” Etchegoyen que no fue, los pasos del “Bicho” Godano y Victorio Nicolás Cocco. Y en esa “picadora” de técnicos, la silla eléctrica se llevó puesto a Osvaldo Piazza en su Tomo 1 en Colón.


Todos pasaron con tantas presiones como honestidad pero sin llegar al éxito con el buzo de DT en Colón. Años amarillentos de ropa “Nanque”, túnel del tiempo total. Hasta que un día llegó un tal Nelson Pedro Chabay. Quiere el destino que hoy esté escribiendo estas líneas donde se emplaza la redacción de El Litoral, frente a la Terminal de Ómnibus, a pocos metros de lo que era una “recova” futbolera y nos juntábamos con el mismo “Buche”, el profe “Quito” Chávez y el inolvidable Tío “Dady” Bude que ponía su galpón para las peñas. Había apodos nunca “blanqueados”: el de Chabay era “Cara de Pizza”. Se hablaba del Racing de José y del Huracán del ‘73 con Menotti. Hoy, 25 años después, es obligatorio hablar de “El Colón de Chabay”, uno de los pocos uruguayos que conocí en mi vida al que no le gustaba el mate.


Ese Colón ‘95 puso punto final a la era de los fracasos, de esos 14 años en el ascenso, de conocer todas las canchas de la “B”. De sufrir al lado de la radio con el más grande todos los tiempos, Ricardo Porta, en LT9; escuchar la opinión de “Chichín” Raviolo o el “Flaco” Bergessio en LT 10; de esperar “Frente Al Arco” los lunes al mediodía para que el “Gallego” Eduardo González Riaño nos mostrara los goles en Canal 13. Y El Litoral... siempre El Litoral. Era obligación cívica comprar el diario al otro día del partido. ¡Ni qué hablar si ganaba Colón!. Si para el tango no son nada 20 años, quiero decir que 25 años es un montón. La mitad de una vida.

 

El presidente: José Vignatti. “Fideo”, “Flaco”, “Gringo”... toda la gloria para José Néstor Vignatti en esta foto histórica de El Litoral en la intimidad del festejo. Sin dudas, con aciertos (muchos) y errores (menos), el dirigente que cambió el curso de la historia de Colón de Santa Fe. Foto: El Litoral

 

Ese equipo de Chabay, ya con Vignatti obviamente, se armó como reza el dicho: “Un indio de cada tribu”. Tenía un poco de todo. Jugadores con chapa de la “B” (por ejemplo, el “Pampa” Gambier, el “Flaco” Vivaldo, el “Patón” Mainardi); chicos del club (el “Negro” Ibarra, “Chupete” Marini y el “Tuca” Risso; por un lado; la “Flaca” Vergel, René Gómez, Leo Sciacqua, el “Tucu” Molina, por el otro); jugadores más grandes del club (el “Alemán” Javier López o Jorge Comas que era hincha), jugadores que venían con cartel: el “Loco” González, Pedro Uliambre, Dante Unali, Ricardo Kuzemka. La trova rosarina: Leo Díaz, Maximiliano Cuberas, Horacio Ameli que era el “2” de Central Córdoba. “Al otro central lo traigo de Independiente”, era la pista de Vignatti: pensamos en Carlos David D Arzeno y vino el “Polaco” Marcelo Kobistyj.

 


Y las apuestas del “Buche”: el tucumano Ricardo Luis del Valle Solbes (“no puede saltar a cabecear, le desplazaron la mandíbula de un codazo”, contaba Nelson) y Fabio Giménez, un fichaje “humanitario” de Chabay. Y dos perlitas paraguayas: un sobreviviente de los penales del “Chateau” (Jorge González) y Carlos Segovia Baranda.


“Fui volante hasta que Chabay me puso de lateral en Colón. No sé si lo hizo porque me vio condiciones o porque me quería limpiar. Agarré la camiseta y no sabía cómo marcar, me costaba, pero suplía defectos con mi velocidad. Como volante, vas a buscar la pelota y no estás tan pendiente de lo que pasa. Atrás, había muchísimas cosas que no sabía y fui aprendiendo con los partidos”, contó alguna vez el “Negro” Hugo Benjamín Ibarra, clave en ese equipo del ascenso con su corridas.


Otra decisión quirúrgica fue el cambio de arquero, algo que el “Buche” masticó con responsabilidad: la frescura de “Batman” Leo Díaz por la experiencia del “Flaco” Vivaldo. Hubo pistones silenciosos: Javier López uno, el “Robot” Kuzemka otro. Y un utilitario chaqueño que llegó un año a jugar a la pelota y se quedó a vivir: Pedro Uliambre.


¿Anécdotas?: miles. El día que el “Loco” González le pegó una cachetada al “Coco” Ameli en pleno partido. Colón ganó, Gabriel se enfrió, apareció horas después en el comedor donde estaba el plantel y pidió disculpas poniendo la cara adelante de todos. A propósito del “Loco”, su pubialgia y ese “ladrillo colorado” calentado en el microondas para aliviar el dolor también quedaron en la historia.


El equipo se quedó sin nafta para pelearle el ascenso a directo Estudiantes de La Plata, pero se reinventó en el Reducido. En el “mata-mata”, primero eliminó a All Boys y después al “Tomba” (en el partido de ida, en la Bodega, hubo un “pitazo” inolvidable sobre el final contra al “Gato” Oldrá), con una sinfonía de fútbol más goles en la revancha.


Hasta que llegaron las famosas finales contra el “Santo” tucumano: primero en “La Ciudadela”, después el Brigadier. En Tucumán, como lo conocían a Chabay de sus cábalas por el paso en ese club, hubo “macumba”: tiraron sal en el vestuario y en el banco visitante para atraer malas ondas. Pero “Chupete” inventó un misil y la serie vino bien abierta al Cementerio. Siete días después lo enterró Colón al equipo de Gareca, con dos de un Gambier imparable y otro de Pedrito.


Pero no sólo enterró a San Martín de Tucumán esa tarde. En ese Cementerio lleno de vivos llorando logró enterrar la malaria. Le puso fin al calvario de 14 años en la “B”. La cena de festejo, en un lugar llamado “Balcón Español”, que estaba en la misma Peatonal, entre La Rioja y Catamarca, se llenó de anécdotas.


Y allí, el tipo que rompió el calvario, Nelson Pedro Chabay, me contó su visión de ese momento tantas veces soñado: “Siempre estuvimos bien en la revancha. Veníamos con el 1 a 0 de la Ciudadela y Gambier gritó de entrada. Sin embargo, estábamos ascendiendo y la gente no se animaba a festejar. Pensaba que le iba a pasar algo feo a Colón. Que no era verdad que estaba ganando un partido por ascender... ¡Y que estaba ascendiendo!. Como si esos 14 años en la “B” se le vinieran encima todos de golpe a la gente, como si hubiera algo que le impedía ser felices. Hasta que llegó el pitazo final y el pueblo de Colón estalló”.


Ese ascenso del ‘95 fue un mojón. Hubo un antes y un después. Porque Colón volvió a Primera y se consolidó. Y Vignatti, a su estilo, quedó en la historia. El final del calvario marcó explorar cosas desconocidas, impensadas y mágicas: cemento por tablones, octogonales en la “B” por copas continentales (Conmebol, Sudamericana, Libertadores), clásicos perdidos por clásicos ganados, canchas alquiladas al Distrito Militar por un propio e imponente predio en la Autopista.

 

El goleador: “Pampa” Gambier. Toda la estampa de un goleador de aquellos: el querido, recordado e inolvidable Miguel Ángel Gambier. Colón, que lo había sufrido con la camiseta de Lanús, decidió comprarlo para ascender. Y el “Pampa” cumplió. Fue el nombre del gol en ese equipo. Foto: El Litoral

 

Una “Pampa” de frustraciones quedó atrás y Colón se lo metió en el “Buche” al ascenso, con un “Loco” paraguayo doctorado en ídolo con pocos meses. Ese 1995 fue el año del final del calvario y el inicio de algo mucho mejor. Pasó un cuarto de siglo. Sin dudas, los mejores 25 años de la historia de Colón.

 


...Prohibido olvidar. Y prohibido volver a ese calvario.

 



 




Diario El Litoral - Copyright 2020