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Entrevista con Mabel Busaniche 01 -08-2020
Documentos que fueron al Conicet son la semilla de los curas tercermundistas

Libros, boletines, folletos, cartillas, apuntes de puño y letra; la casa donde vivió José “Pepe” Serra alberga buena parte de los escritos en los que se cimentó esta corriente religiosa que tuvo una fuerte presencia en Argentina entre 1967 y 1976, y que hizo de la opción por los pobres su principal compromiso. El material será compilado y expuesto por el organismo de investigación.



Cuatrocientos kilos, 40 cuadernos, 4 años. Ya se verá por qué, pero el 4 aparece cual cifra bíblica en la charla con Mabel Busaniche, educadora popular, militante feminista y compañera de toda la vida de José “Pepe” Serra, sacerdote que dejó sus hábitos en 1974; y que antes cimentó, junto a sus pares de toda América Latina, el “Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo”.


El Movimiento tuvo una fuerte presencia en la región entre 1967 y 1976, cuando la dictadura, que arrasó vidas y fustigó ideales, llevó a muchos de sus integrantes -también a “Pepe” y, por supuesto a Mabel- al exilio. Pero su fuerte compromiso social y político siguió presente en la memoria de tantos y ahora podrá ser conocida por todos: investigadores del Conicet recibieron el acervo documental, bibliográfico y hemerográfico sobre el Movimiento. Se trata de material que perteneció a Serra, al padre Aguirre y al padre Domingo Bresci de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Todo está siendo clasificado y digitalizado para quedar, luego, al alcance de investigadores y de la comunidad en instalaciones del Instituto de Estudios Histórico-Sociales “Prof. Juan Carlos Grosso” de Tandil.


“Fueron 400 kilos de papeles que se entregaron al Conicet”, dice Busaniche aún sorprendida por la cantidad y el valor de los libros y documentos reunidos en tantos años y alojados, muchos, en la enorme biblioteca del estudio donde “Pepe” se sentaba a estudiar, a escribir y debatir sus ideas con pares y contrarios. Y donde ella va organizando su propio material sobre género y feminismo, uno de sus campos de estudio y de acción.


El diálogo con este diario transcurre un poco allí y otro poco alrededor de la mesa del comedor, donde están esparcidos pero ordenados algunos de los libros que dan testimonio de la acción de los curas, no solo en Santa Fe y la Argentina, sino en Latinoamérica. Y destaca, por encima de la pila, el que reúne 60 años de historia (1956-2016) de la Casa del Obrero Estudiante (COE), en la pluma de Alfredo Lovato, que lleva en la contratapa una foto de Serra, uno de sus impulsores.


- ¿Como fue la vinculación con el Conicet?


- Fue como mágico. Cuando vi la noticia publicada en El Litoral y La Capital pensé “la pucha, nunca había tomado conciencia de lo que había en mi casa”. Esto era oro en polvo. “Pepe” tenía devoción por el papel, por los documentos que plasman la historia. Y él trabajaba así, fijate: hay 40 cuadernos, ¿ves? Eran varios cuadernos por temática: Medio ambiente, Aspectos del contexto del análisis de la realidad de Argentina, de la región y del mundo. La irrupción de los barrios, entre otros. Y a partir de allí elaboraba sus documentos. Algunos textos de Teología me los quedé porque no podía desprenderme, así que los chicos sacaron fotocopias (los “chicos” son becarios del Conicet que trabajaron en varias etapas para recopilar el material). Pero prácticamente se fue todo. Fue la maravilla de ver carpeta por carpeta.


Acá -muestra al costado del estudio- había 4 bolsas de consorcio llenas de cosas que yo no tocaba; 15 días antes de morir, “Pepe” me dijo: -Mabel, traéme las bolsas que están allá atrás. Se las llevé y empezó a repasar lo que tenía. Él me decía que se iba a poner bien e iba a escribir acerca del secretariado del Tercer Mundo, tal como había sido en la realidad, sin misticismo. Una de las bolsas la tuve que tirar porque quedó abajo de una gotera. Quedaron tres y una de ellas “me miraba” siempre cuando iba a la cocina, pero yo no quería abrirla. Cuando muere alguien muy querido hay que darse un tiempo para hacer el duelo, y yo no estaba preparada. El 11 de julio hizo 4 años que murió y me llevó un año abrir esa bolsa. Me encerré a las 8 de la mañana y salí a las 11 de la noche. Ese fue el comienzo, en el sentido de haberme encontrado con tantas sorpresas, con tantas cosas firmadas por sacerdotes de todo el país y los obispos argentinos y de otros países de Latinoamérica que estaban de acuerdo con el Movimiento. Él guardaba todo, hasta los telegramas de invitación para las reuniones. Después de ese shock dije: “A esto tengo que ordenarlo”. Y lo hice de manera artesanal.


En contexto


Luego vino el encuentro con Carlos Raviolo, esposo de Stella Vallejos, la pregunta de qué iba a hacer con la biblioteca de “Pepe”, el relato de lo que había encontrado en esas bolsas, y el compromiso de hablar con Elías Musse, que había sido cura del Tercer Mundo, quien luego de ver su contenido dictaminó: “Aquí está todo, esto es pura historia”. Algunos meses después, Domingo Bresci, también otro sacerdote tercermundista, vino a Santa Fe para presentar su libro sobre los 50 años del Movimiento y ahí se produjo el nexo con el organismo de investigación.


“Hubo una confluencia impresionante”, admite Mabel, y apunta que a sugerencia de ella, el cargamento incluyó material de otras experiencias que estaban en desarrollo en la región: el Movimiento sacerdotal Onis (Perú), Cristianos para el Socialismo (Chile), el grupo Golconda (Colombia) y textos de Nicaragua, El Salvador y otros países de Latinoamérica y el Caribe.


- ¿Qué va a hacer el Conicet con este material?


- Lo que ya está haciendo es clasificarlo y describiendo para luego digitalizarlo y darlo a conocer. Algunos documentos forman parte del dinamismo y compromiso que asume la iglesia en el 67 con el arzobispo brasilero Don Hélder Cámara que lidera e impulsa el Manifiesto de 18 obispos del Tercer Mundo (América, Africa y Asia) que apoyaron la posición contra “los opresores de los pobres” cuando la bipolaridad existía en tiempos de Guerra Fría. Ellos comprendieron que el Concilio Vaticano II (1963) les permitía trabajar en lo social y con la pobreza, abrirse a la sociedad y a lo político. El Documento de Medellín, Colombia (1968) refuerza y consolida esta propuesta. También lo hace la Declaración Episcopal Argentina, conocida como el “Documento de San Miguel” (1969), firmada por 267 sacerdotes; llegando a formar parte del Movimiento del Tercer Mundo (MSPTM), 540 sacerdotes activos en todo el país.


- Y replicó en toda América Latina.


- Si, y no faltaron los problemas. En todos los documentos se ve que hay una relectura del mensaje al hoy. Y que esa relectura la hacían a partir de distintas metodologías y muy apuntada al cambio de la institución eclesial y a la opción fundamental del trabajo con los desposeidos. Ellos también fueron viendo y planteándose su vida: algunos dejaron el sacerdocio, otros siguieron luchando por los cambios en la iglesia y en la sociedad.


- ¿Pudieron cambiarla?


- Por lo que vemos hoy no lo lograron, pero abrieron surcos, sembraron semillas cuyos frutos aún se notan en algunos barrios y organizaciones. Ellos querían volver a la fuente de una Iglesia primitiva, no que fuera Estado. Lo explicitaban siempre con refuerzos bíblicos teológicos. Lo lindo del material que se llevaron de acá son los borradores, la trastienda de cada documento con una exégesis y una hermenéutica tal que nadie les podía decir que estaban fuera de la Iglesia. Era emocionante cómo trabajaban: tomaban el documento que se iba a presentar en la próxima asamblea y distribuían: “La parte de contexto, Serra; la parte pastoral, Catena; la parte bíblica o teológica Aguirre...”. Pero era una coyuntura muy dura, se murieron 27: no solo mataron a Angelelli y a los palotinos.


- ¿En qué va a terminar este trabajo?


- Si se levanta la cuarentena, el objetivo es inaugurar una muestra en la sede central (de Tandil) en octubre.


- Todo esto te interpela como mujer y compañera.


- Mucho. Es muy fuerte. Yo me imagino hoy qué estaría haciendo “Pepe”, qué estaría escribiendo. Hacía tiempo que él escribía sobre las crisis de las civilizaciones y creía que tenía que empezar una nueva. Escribía y actuaba, pero era un pensador y activista en lo social; estudió Ciencias Políticas en el Vaticano. Y también le gustaba lo partidario, por eso se metió en esa pelea.


- ¿Cómo hubiese leído “Pepe” este momento histórico, con una pandemia que puso al mundo de cabeza?


- Creo que lo hubiese leído con utopía, siempre y cuando hagamos la tarea que corresponde. Es uno de esos momentos de quiebre mundial y de gran posibilidad histórica de los seres humanos para los cambios que se necesitan. Creo que la Iglesia Católica como institución seguirá igual, tiene que dar cuenta a la sociedad de muchas conductas, como la pedofilia. Si bien el Papa Francisco muestra una gran preocupación y está diciendo lo que manifestaban los curas del Tercer Mundo hace 50 años, no se ven grandes cambios, ni replanteos profundos a partir del mensaje de Jesús; ¿será que no lo dejan?. Hay grupos y personas que están encontrando respuestas en nuevas espiritualidadesà ¿Será que los cambios vienen por ahí?

 

“Pepe” en La Loma

Del trabajo con la comunidad qom de barrio La Loma, surgió en José Serra la idea de construir un centro comunitario para que los y las jóvenes puedan estudiar y realizar otras actividades. La materialización del proyecto se encuentra en marcha, El resultado: un aula terminada donde el año pasado actuó el Caeba 212 (educación de adultos) y otra aula y baño más en construcción. Un espacio donde tienen merederos y elaboración de pan. En el barrio la llaman “La Casita de Pepe”.

 

Perfil

José “Pepe” Serra nació en la ciudad de Santa Fe en 1930 y fue sacerdote y educador popular. Como docente, fue profesor de sociología en la Universidad Católica de Santa Fe y en la Universidad Nacional de Salta, de la que fue decano de Humanidades. Ejerció el sacerdocio durante 23 años. En 1973 dejó los hábitos y se casó con Mabel Busaniche, con quien tuvo dos hijos. En 1975 marchó al exilio, donde vivió en Brasil y en Perú. Con la vuelta de la democracia formó parte del equipo fundador de Acción Educativa, dedicada a la alfabetización en barrios de la ciudad. Además fue convencional constituyente por la provincia en 1994 y diputado nacional en 2005 por el ARI. Falleció en julio de 2016.

 

Del Conicet


“La lectura del material recuperado posiciona al MSTM como un sector destacado en la resistencia a la dictadura de la Revolución Argentina que gobernó el país entre 1966 y 1973”, sostuvo oportunamente Lucas Bilbao, becario posdoctoral del Conicet.


En este sentido, menciona que “uno de los temas recurrentes en los documentos es la persecución y deslegitimación que sufrió el Movimiento por parte de los servicios de inteligencia y las fuerzas armadas de la autodenominada Revolución Argentina (...): la encarcelación de sacerdotes y laicos generó estrategias y acciones conjuntas para hacer frente a la represión dictatorial. El asesinato del cura Carlos Mugica por parte de la Triple A en mayo de 1974, inauguró el ciclo de persecución y escalada represiva que culminó con detenciones, desapariciones y exilios forzados de sacerdotes y religiosos”.

 

Movimiento de sacerdotes para el tercer mundo

 

Alberto Jorge Haquin (*)


El Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo nació por obra del Espíritu Santo como una “avanzada” de la Iglesia Católica de su tiempo. Estaba formado por un grupo de sacerdotes que tenían responsabilidades y trabajaban con un gran número de personas de distintas clases sociales pero en su gran mayoría, alejadas de la Iglesia; eran obreros, estudiantes, universitarios y jóvenes. Estos sacerdotes presintieron y estaban convencidos de que la única forma de hacerles llegar el mensaje del Evangelio era precisamente acercarles la esencia de la persona de Jesús: Amor, servicio, solidaridad.


Este mensaje humano y divino no lo podían encontrar en la Iglesia tradicional hecha de templos, ritos, principios teológicos, imposiciones. Había que hablarle a los hombres de su tiempo de sus problemas y soluciones. Así nacieron los Colegios Mayores, la Casa del Obrero Estudiante, el Movimiento de Juventudes, fundados y dirigidos por sacerdotes que vivían, comprendían y llevaban en el corazón la presencia evangélica del mensaje de Jesús.


Esto no agradó para nada a la Iglesia tradicional, que con la ayuda de las estructuras vaticanas nunca apoyó y finalmente hizo desaparecer el Movimiento. Esas mismas estructuras vaticanas son las que hicieron fracasar el Concilio Vaticano II y arrinconaron a San Juan XXIII y sus cambios fundamentales en la Iglesia (véase Hann Künng; en “La libertad conseguida”). Hay que decir que estas estructuras tradicionales que miraron hacia atrás (siglo XV Concilio Lateranense) impidieron dar un paso transformador en la Iglesia, e hicieron “tabla rasa” a todo progreso, a todo cambio.


Mientras la Iglesia siga mirando para atrás cuando debe dar una respuesta al futuro, no llegará en forma eficiente el mensaje de Jesús. Solamente las tímidas palabras de Francisco encienden como una luz de esperanza marcando el camino que trataron de hacer los Sacerdotes del Tercer Mundo.


(*) Santafesino, adhirió al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. Tiene 92 años.



 




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