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Llegan cartas



Ser municipal

MARTA SNAIDERO

 

Pocas personas tienen noción de lo que involucra estar al servicio de la Institución y por ende, del resto de la comunidad.

 

En general, vemos a la primera como la "recaudadora" de impuestos; la que no repone la farola en nuestra cuadra; tarda años en arreglar la hamaca de la plaza; intima por infracciones no cometidas; incumple el contrato con empresas de recolección de residuos; obliga a caminar hasta más de doscientos metros buscando parquímetros que funcionen (al volver vemos la boleta); a cremar o trasladar restos de seres queridos por vencimiento de nichos no derrumbados; cambiar amortiguadores por cráteres en calles mal reparadas, agudizar la vista por falta de señalética y cuánto más.

 

Alguna vez nos preguntamos ¿qué sería de esa mole de cemento sin la presencia del empleado "público" municipal?

 

Tanto como un hospital sin médicos y enfermeras.

 

¿Sabía Ud. del olor nauseabundo con el que conviven al reventar féretros en el crematorio?; ¿del dolor atroz de cintura de quien se agacha decenas de veces para recoger las bolsas con desperdicios?; ¿de quienes transpiran en verano y tiritan en invierno porque muchos no respetan lo que rindieron al solicitar el carnet de conducir?; ¿o los que arriesgan la vida reparando cables tras una tormenta y quien carga una pesada motosierra podando lo que Ud. debería mantener a baja altura?

 

Ni que hablar de quienes gastaron horas obteniendo un título, esperan por el reconocimiento.

Ud. no les paga el sueldo con su impuesto, si así fuese ¿con qué recurso se atenderían el resto de las erogaciones?

 

Es por ello que cuando todo aumenta desmedidamente y el salario queda atrás, la salida es el paro. Y es entonces cuando todo se detiene y nos damos cuenta del valor de un empleado/a municipal. No es culpa del empleado que marca tarjeta la elección que hace el pueblo en el cuarto oscuro.

 

Se ha preguntado ¿cuánto cobra la categoría más baja y cuántos años debe cumplir con un horario para sumar antigüedad?

 

Entonces, si unos días en el año, no retiran las ramas que inescrupulosamente depositan en la vereda ajena porque le "molestan" en la suya, recuerde la "felicidad" que le provoca estacionar donde no debe... porque ¿"lobo está"?.. está de paro.

 

"¡Basta de empleados públicos, y más privados!", suena por doquier.

 

¿Quién toma la batuta? ¿Ud. invertiría en fábricas? ¿Recuperaría tierras mal vendidas a capitales extranjeros para que nuestra Argentina sea nuevamente rica y ésta deje de ser una frase de perogrullo?

 

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Federación o confederación

MIGUEL ÁNGEL REGUERA

 

A fines del siglo XVIII no estaba claro en qué consistían los tipos de organización del Estado. Muchas veces se hablaba y escribía indistintamente de Federación y Confederación. La práctica y la evolución política de los nuevos Estados del siglo XIX terminó de definir la diferenciación entre ambos conceptos. En el Estado Federal o Federación, como en nuestro caso, cada Provincia o Estado miembro renuncia a la posibilidad de escindirse, carece de ejércitos si quisiera hacerlo y tampoco tiene la posibilidad de emitir moneda para armarse y sostenerse en la intención separatista. La Confederación, en cambio, le permite a los Estados miembros conservar dos derechos, el de secesión y el de nulificación (de las normas dictadas por los órganos confederativos). Está claro pues que desde lo normativo ninguna Provincia argentina puede separarse sin el consentimiento de las otras y solo siguiendo los procedimientos que establece la Constitución Nacional para una reforma constitucional en el artículo 30 podría definirse un nuevo tipo de organización que modifique el artículo 1 de nuestra Carta Magna. Las manifestaciones de algunos dirigentes o son muestra de su poca formación teórica, o son fuegos de artificio para hacernos mas llevadero el encierro durante la crisis pandémica. En este último caso se agradecen y si es por la primera razón debemos ser indulgentes y atribuir los dichos al cansancio por la cuarentena.

 



 




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